Por un Proceso Constituyente (28)

Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

 

"Hay voces que proponen una amplia reforma constitucional. Pero a nuestro entender, la reforma plantea cambios puntuales a determinados artículos de la Constitución sin cuestionar su legitimidad al día de hoy. No cabe reforma, sino la apertura de un proceso constituyente, que provenga del pueblo —del poder constituyente— a través de un proceso general, amplio, inclusivo, con el objetivo de obtener una auténtica legitimidad democrática. Mediante un proceso constituyente, es la ciudadanía la que se brinda a sí misma una nueva constitución. La actual está funcionalmente obsoleta y con escasa legitimidad, por lo que tras un proceso constituyente, se abriría paso político a una auténtica legitimidad democrática"

Víctor Arrogante

 

El tiempo del mal llamado "reformismo", por tanto, ha finalizado. Ya hemos visto en numerosas ocasiones dónde nos lleva dicha senda. Necesitamos por tanto una ruptura democrática con el régimen del 78, que se plantee de manera clara y rotunda la oposición a las políticas del IBEX-35, a los dictados de la Comisión Europea, con medidas fundamentales y giros profundos que hagan pagar la crisis-estafa a los capitalistas, tales como el repudio a la deuda pública, la expropiación de las viviendas vacías en manos de las entidades financieras, la prohibición por ley de la precariedad laboral, la implantación de los sistemas de reparto, la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía productiva, el blindaje de los derechos sociales, o una banca pública bajo control democrático de sus trabajadores y del resto de la sociedad, entre otras muchas medidas. Igualmente, el Proceso Constituyente debe abordar las transformaciones que profundicen en nuestra democracia, tales como la defensa del derecho de autodeterminación, el fin de la Corona, una nueva Ley Electoral, o la celebración de referendos vinculantes para las decisiones de alto calado que afecten a la ciudadanía. El Proceso Constituyente es una hoja de ruta para acabar definitivamente con todos los coletazos del antidemocrático régimen de la Constitución de 1978. Una hoja de ruptura frontal, de claro rechazo hacia sus instituciones, hacia su dinámica de poderes, que nos permita una verdadera regeneración. En el horizonte, deben situarse todos los valores y principios que permitan consolidar una vida digna para el conjunto de la población. 

 

Ello sólo puede conseguirse renunciando a determinadas prácticas, valores, principios y actitudes que están en la mente de la clase dominante, y que han sido inculcadas en las mentes de las clases dominadas, para proceder a su expolio, saqueo, represión y explotación. El Proceso Constituyente debe sacarlas a relucir, denunciarlas, y proponer verdaderas alternativas. Solamente así se podrán consolidar garantías para cubrir las necesidades básicas, como el acceso a una vivienda digna, unos servicios públicos de calidad, universales y gratuitos, o una renta básica universal, individual e incondicional. Unas vidas que se sitúen en un horizonte de dignidad para las nuevas generaciones, donde puedan desarrollar trabajos estables, con derechos y protección social, con salarios suficientes, que partan de un mínimo que converja con la renta básica universal, y que aglutine todas las rentas mínimas que cualquier persona debe tener garantizadas. Un Proceso Constituyente que debe abordar los contextos legales para acabar con todas las formas de precariedad, de incertidumbre vital, de realización de las personas, y de cobertura de las necesidades de la comunidad. Para ello debe recuperarse el concepto y el valor del bien público, de la cooperación, de la solidaridad, y acabar con el fomento del individualismo, del egoísmo y de la competencia. Pero el Proceso Constituyente también debe mirar al exterior, y en ese sentido, debe por un lado consolidar nuestra apuesta por la cooperación internacional y la ayuda humanitaria y al desarrollo, y por otra parte, ha de plantear nuestra salida de organizaciones peligrosas y reaccionarias, como la OTAN, la retirada de todas las tropas españolas de lugares en conflicto, y el desarrollo de una cultura pacifista y antimilitarista. 

 

La política exterior derivada del Proceso Constituyente debe igualmente preocuparse por cambiar el rumbo de nuestras políticas migratorias, denunciando la vulneración de los derechos humanos, y que se enfrente a las indecentes prácticas de la Europa fortaleza y sus políticas racistas de extranjería, promoviendo la acogida de refugiados, la apertura de fronteras, el cierre de los CIE, o la derogación de las leyes de extranjería. Una política exterior centrada en el escrupuloso respeto a los derechos humanos en todas sus dimensiones, que debe alejarse por tanto de los valores imperialistas estadounidenses y de sus aliados occidentales, apostando por el pacifismo, la integración y el respeto a la multiculturalidad. En última instancia, el Proceso Constituyente debe reafirmar los pilares de una sociedad realmente democrática, donde toda la riqueza existente y la que seamos capaces de generar sea justamente redistribuida, y donde el conjunto de la ciudadanía decida sobre todo lo que nos rodea: qué se produce, cómo y para qué. Es el conjunto de la sociedad quien debe controlar los medios de producción, para que estén al servicio de la misma. De esa forma acabaremos con todas las formas de corrupción y de explotación, al existir mecanismos de garantía y de control de toda la actividad sobre la generación de riqueza, quiénes la protagonizan y dónde se destina. Y todo ello bajo un contexto riguroso y plenamente democrático, donde todas las ideas sean difundidas por igual, donde todos los votos valgan lo mismo, y donde no existan grandes conglomerados mediáticos que puedan colonizar la mente de las personas bajo el prisma de su monopolio ideológico. Todos estos medios preconizan el dominio del bipartidismo, de la Monarquía y de la Constitución del 78, a la par que infunden la escrupulosa aceptación de los mandatos de la Troika. 

 

El Proceso Constituyente debe echar abajo todo ese andamiaje político, social y cultural, para poder elaborar nuevos contextos normativos que garanticen que ponemos fin a la involución que degrada continuamente nuestras condiciones de vida, y que nos coloca impotentes ante modelos y prácticas corruptas de empresarios y políticos a su servicio. Un Proceso Constituyente que diseñe los mecanismos para garantizar puestos de trabajo (Planes de Trabajo Garantizado) frente a la voracidad, la codicia y el salvajismo empresarial, que eviten no sólo la inactividad laboral, sino la caída en la miseria, y la falta de garantías en la consecución de los derechos y suministros básicos y fundamentales. Más concretamente, el Proceso Constituyente debe instalar los mecanismos políticos y las herramientas sociales que impidan el desmantelamiento de derechos y servicios públicos, en forma de ataque a las mayorías sociales y trabajadoras. Mecanismos que han de impedir de facto el desempleo, la precarización, la pérdida de derechos, el empobrecimiento de las masas, las privatizaciones, y en fin, toda la oleada de iniciativas, ataques y campañas del neoliberalismo. Pero para ello, es absolutamente necesario desmontar las falacias de partida donde el pensamiento neoliberal se asienta, y que han sido difundidas como mantras sagrados, como dogmas irrenunciables, y han calado hondo en las mentes de la mayoría. En lo que sigue, vamos a tomar como referencia algunos pasajes del Documento Político-Programático que difundió la Plataforma Estatal "No Hay Tiempo que Perder" en abril de 2016, y que puede consultarse libremente en Internet. 

 

Nunca antes en la Historia hubo tanta tecnología aplicada a la producción. Tampoco nunca antes el conocimiento humano estuvo tan al alcance de la mayoría de la población. Ni hubo tales masas de personas en el mundo alfabetizadas, con educación primaria e incluso superior. Educación, tecnología y conocimiento deberían estar al servicio de las sociedades, pero sin embargo no es así. El resultado de tal panorama es que, por ejemplo (y frente a las falacias que difunde el pensamiento dominante), se producen alimentos más que suficientes para toda la población mundial, a pesar del aumento de ésta. En estas condiciones, sabemos que la productividad del trabajo permitiría mantener e incluso aumentar el producto total repartiendo el trabajo disponible entre todos y todas, y disminuyendo, quizá incluso a la mitad, la duración de la jornada laboral. Sin embargo, lo que vemos en el mundo (comenzando por nuestro propio país) son sociedades estancadas, la plaga del paro avanzando a marchas forzadas, la precariedad laboral extendiéndose como una tendencia "natural", la miseria inundándolo todo, la falta de alternativas vitales, los exilios laborales forzosos, el discurso xenófobo culpando al diferente y al inmigrante de esta situación, y el empobrecimiento masivo de trabajadores y pensionistas. Vemos cómo la mayoría trabajadora va perdiendo paulatinamente cualquier conquista social arrancada al gran capital durante las últimas décadas. Vemos el mundo azotado por el hambre y las guerras, los países esquilmados, los recursos naturales saqueados, y los conflictos armados en auge, potenciados por políticas belicistas e imperialistas. El Proceso Constituyente debe reflexionar sobre estas realidades, debe tener altura de miras, para diseñar alternativas radicales a esta deriva civilizatoria. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/
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