Por un Proceso Constituyente (37)

Por un Proceso Constituyente (37)

 

"El Proceso Constituyente es tan importante -o quizá hasta más- que el producto final. Pero todo depende de cómo se entiende una Constitución. Ésta no es solo la ley más importante, o la pomposa 'carta magna'. La Constitución es un proyecto de vida en común y, por lo tanto, debe construirse con una amplia participación de la sociedad. Sin embargo, la sociedad debe erigir mecanismos para que los gobernantes respeten ese acuerdo, lo cual incluye mecanismos de desconcentración del poder"

Alberto Acosta

 

Y en esa desconcentración del poder a la que se refiere Alberto Acosta en la cita de entradilla, es fundamental el nivel de radicalidad democrática alcanzado. Por eso, en estos últimos artículos de la serie, nos estamos centrando, de nuevo (ya lo hicimos al principio de la misma), en la necesidad de abolir la Monarquía, es decir, de alcanzar la Tercera República. Porque la Corona representa la anti-democracia en esencia, ya que es el propio Jefe del Estado, la mayor representación del mismo, el que no se elige democráticamente. En la última entrega nos quedamos comentando los aspectos fundamentales que Esteban Rosador planteaba en su artículo "Monarquía española: historia reciente y sondeos actuales", publicado para el medio digital Meneame. En la sociedad actual, sería lógica una profusión de encuentras y sondeos de todo tipo relativos a tan fundamental asunto, pero sin embargo, el hecho es el CIS no pregunta por la Monarquía desde hace casi tres años, como nos cuenta Julia González Úbeda en este artículo para el medio Publico. De hecho, desde inicios de 2015 no incluye ninguna pregunta sobre la Corona como institución en sus famosos estudios de opinión. Por tanto, uno de los métodos que usa el Estado para proteger a la Monarquía en España es precisamente no preguntar a los españoles qué opinan sobre esta institución. Deben pensar que antes que mostrar datos que dañen a la Familia Real, mejor ocultarlos. Hemos de basarnos en otros estudios de opinión alternativos, pues, para poder conocer el estado de la opinión popular al respecto. Esteban Rosador cita datos de la encuesta realizada por la empresa Ipsos Global Advisor, que difundimos a continuación. 

 

Se trata de un estudio internacional, llevado a cabo en 28 países, y en el que se han entrevistado a más de 20.000 personas. Según este estudio, un 37% de la ciudadanía española opina que abolir la Monarquía sería lo mejor para el futuro del país, frente a un 23% que cree que cambiar de régimen sería negativo. Estos datos son los peores de todas las Monarquías europeas (la encuesta citada ofrece datos comparativos con el resto de países de nuestro entorno que conservan la Monarquía). A ello se añade que el 52% de la población se muestra a favor de celebrar un referéndum para elegir entre Monarquía o República, que como sabemos, es una reivindicación que nunca fue atendida como se merece en un contexto que se autodenomina democrático en nuestro país. Y este porcentaje aumenta significativamente entre los más jóvenes, y entre la población que se considera más de izquierdas en sus opiniones políticas. Como Esteban Rosador hace notar, se echa en falta en dicho estudio una pregunta directa que haga "mojarse" más a los/as encuestados/as, eligiendo directamente entre Monarquía o República. El Proceso Constituyente debe definir entonces los mecanismos para la celebración de un Referéndum popular y vinculante donde se elija expresamente entre estas dos posiciones: o la continuidad de la Corona o el fin de la misma y la instauración de la III República. No podemos seguir hurtando a la ciudadanía por más tiempo la elección entre estas dos opciones, y apostamos porque la opción republicana sea inmensamente mayoritaria. Y ello porque, como ya hemos explicado también en otros muchos artículos de nuestro Blog, la esencia de la Monarquía es antidemocrática en sí misma. Es una institución superada, que únicamente refleja el anacronismo de los Imperios coloniales que constituían en el pasado los países que aún la mantienen. 

 

De los resultados de este estudio de opinión también se ha hecho eco eldiario.es a través de este artículo. Es evidente que la base de la pirámide democrática se sitúa en que la propia Jefatura del Estado sea elegida por el pueblo. Respetamos mucho, como no podía ser de otra manera, que las monarquías británica o japonesa (por poner los dos referentes más respetados por su población) sean mayoritariamente apoyadas por sus respectivos pueblos, pero ello no es óbice ni razón para no cuestionar la nuestra. El convencimiento es pleno y absoluto, en el sentido de entender que no es posible un contexto democrático desde una base antidemocrática. Y eso es exactamente la Corona. Pero es que además, en nuestro país, la Monarquía es garante de un sistema injusto, excluyente, bipartidista, capitalista, patriarcal y desigual, que nos infunde y delimita una visión de nuestro país que no queremos seguir manteniendo. La Corona es garantía de continuidad de todos esos valores, con los que pretendemos acabar. Vamos a basarnos a continuación en un magnífico artículo de Francisco Javier Mena para el medio digital Mientras Tanto, que plantea la sobreprotección de la Corona en nuestro país y los límites a la libertad de expresión. Si esto ocurre, es decir, si una determinada institución del Estado ha de estar especialmente protegida por un conjunto de leyes a su servicio, y por el resto de instituciones, es que algo no funciona. Un contexto plenamente democrático, donde se respete la libertad de expresión, no puede actuar de la forma represiva como está actuando. Recientemente, determinados artistas (músicos, raperos, cantantes, actores, humoristas, escritores, artistas gráficos, titiriteros...) han sido condenados a penas de cárcel (o la han visitado preventivamente) por ejercer su libre derecho a expresarse sobre estos asuntos. Igualmente, determinadas obras literarias han sido perseguidas o retiradas del dominio público, una práctica de clara censura política, como en los peores tiempos del franquismo. 

 

Todas estas condenas han tenido la réplica clara del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo, que se ha manifestado contrario a las mismas. Aún así, la Tríada "constitucionalista" que nos gobierna (PP+PSOE+C's) continúa apoyando que las injurias a la Corona sigan siendo delito en nuestro país. Y evidentemente, son los tres partidos que ofrecen un apoyo sin fisuras a la continuidad de la Monarquía, y que se muestran contrarios al Proceso Constituyente. Pero además, como decimos, es que el propio Código Penal refuerza la carga punitiva de los delitos (calumnias o injurias) contra la Corona, recibiendo un mayor castigo que aquéllas realizadas contra otras instituciones del Estado. Vestigios del pasado, cuando los Reyes eran monarcas absolutos, que exigían la plena sumisión de sus vasallos. Porque en una sociedad plenamente democrática, ninguna institución del Estado debería estar especialmente protegida ante la crítica de la ciudadanía. Los defensores de la Monarquía aducen que las funciones constitucionales del Rey (figura que "no está sujeta a responsabilidad" y que simboliza "la unidad y permanencia del Estado") justifican esta protección sobre el resto de las instituciones, pero es que esas mismas funciones constitucionales nosotros las consideramos aberrantes. No entendemos cómo en pleno siglo XXI la máxima representación de un país es una figura "inviolable" (que precisamente por su función debería serlo más que cualquier otra figura pública), y tampoco entendemos lo de la "unidad y permanencia" del Estado, porque éstas son cuestiones que decide la ciudadanía. No tiene sentido una Monarquía, basada en criterios de sangre y dinastía, para que "cuide" de nuestra unidad, como si necesitáramos ser tutelados para ello, ni que simbolice la permanencia de nada, porque es el conjunto de la ciudadanía el que debe decidir sobre la permanencia de nuestro Estado, sobre nuestra forma política, y sobre todo lo demás. 

 

Los argumentos son infantiles, rebuscados e inútiles, o se basan como una coraza en lo que redactaron los "padres" de la Constitución, redacción que (no hay que perder de vista el contexto político en que ocurre) fue llevada a cabo en situación de transición política y bajo ruido de sables y amenazas de vuelta de la dictadura. La Monarquía debe acabar. No queremos por más tiempo a un Rey que únicamente sirve para dar grandilocuentes discursos, o a una Reina que sólo es referencia para la moda femenina. Sin hablar del enorme presupuesto que la Casa Real se lleva de las arcas públicas. No necesitamos que nadie sea Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas (unas FAS que también han de ser radicalmente democratizadas), ni nos represente ante los más altos foros mundiales, ni sea amigo fraternal del resto de monarquías extranjeras. No necesitamos nada de eso. Rosa María Artal lo ha explicado en los siguientes términos: "Llevamos camino, como los EE.UU. de Trump, de un Hagamos grande España otra vez, la de la pandereta y el autoritarismo que tantas veces ha acabado mal. Cuando podríamos hacer una España habitable y próspera de la que sentirse orgulloso de verdad. La que, desde la Justicia a menudo obstaculizada, ya obtiene logros en su lucha contra la corrupción. La que se vuelque por la ciencia en lugar de frenarla. Por la cultura, que tanto nos ha dado a pesar de las trabas. Por la educación que es el auténtico punto de apoyo de toda sociedad civilizada. Por los ciudadanos libres y conscientes. Una España que ría, cante y escriba sin miedo. Que respete a las personas en lugar de intentar embrutecerlas para usarlas. Que no se empecine en tomarnos por idiotas. Que apueste de una vez por la decencia y erradique a tanto miserable que pudre hasta las entrañas del Estado. Por la cooperación. Por el entendimiento. Que no frene el progreso apenas lo ve despuntar. Que se quite la caspa y la gomina, o al menos, no la imponga como modelo. Que aviente la envidia y el odio". Finalizaremos esta serie de artículos con nuestra próxima y última entrega, la número 38. Hasta entonces.

 

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