Tres cabalgan juntos

Casado, Rivera y Abascal cabalgan juntos hacia La Moncloa, haciendo parada en la Plaza de Colón, sin importarles las consecuencias de su sectaria y atolondrada acción política

 

El próximo domingo, la Plaza de Colón en Madrid va a estar repleta de banderas españolas, de gente y de odio contra Sánchez, contra Catalunya y el independentismo catalán, contra el feminismo que cuestiona la violencia y los privilegios machistas y contra la España progresista y de izquierdas. El rechazo de los concentrados se centrará en el presidente Sánchez, al que las tres derechas acusan de indigno, proindependentista, alta traición, filogolpista y otras muchas sandeces. Y menudearán los insultos al independentismo catalán y a sus líderes, a los que quieren rendidos, no sólo encarcelados y amenazados con exageradas e injustas penas.

Los tres simpáticos jóvenes reaccionarios que convocan la concentración en Colón conducen una estrategia de tensión política y polarización social, ése es el negocio en el que se han especializado, que creen que les puede permitir acortar la legislatura, desalojar a Sánchez de la Moncloa, dividir y dar la puntilla al PSOE y asentar en las próximas décadas un nacionalismo españolista excluyente, intolerante, catolicón y machista que considera antiespañola a media España. Su apuesta por una moción de censura callejera trata también de evitar la fatigosa tarea de hacer propuestas políticas que puedan someterse al escrutinio público para calibrar la calidad de las respuestas que ofrecen a los problemas reales que traban el funcionamiento de la economía, la sociedad y las instituciones en nuestro país.

Casado, Rivera y Abascal cabalgan juntos hacia La Moncloa, haciendo parada en la Plaza de Colón, sin importarles las consecuencias de su sectaria y atolondrada acción política. Creen haber encontrado la palanca para hacer retroceder a España a la premodernidad y que la ciudadanía olvide el saqueo del dinero público, la corrupción, los recortes, la privatización de bienes públicos, la limitación de derechos y libertades, las bolsas de pobreza y exclusión social o la falta de futuro para la mayoría de la juventud. Problemas en cuya creación han participado directamente (casos de Casado y Abascal) o no consideran de suficiente entidad como para cuestionarse las consecuencias de unir fuerzas y compartir objetivos con la extrema derecha (caso de Rivera).

La enrarecida situación muestra la gravedad de la crisis política que vive nuestro país y la amenaza que supone el avance de la derecha para nuestra convivencia y para la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que deben ser afrontados. Aún con el pesimismo que inunda a la ciudadanía progresista tras los resultados de las elecciones en Andalucía del pasado 2 de diciembre, todas las encuestas indican que las tres derechas no tienen el apoyo de la mayoría social y que la remontada electoral de las fuerzas progresistas es posible, siempre que las izquierdas cooperen entre sí y dejen de dar traspiés y cometer errores. Se mire por donde se mire, las derechas españolas no tienen soluciones para la crisis catalana, alentar la modernización de estructuras y especializaciones productivas de la economía española, combatir la pobreza, impulsar la cohesión social o promover las reformas institucionales y el cambio de políticas que requiere la eurozona.

La ciudadanía que observa cómo juegan con su futuro quiere saber si hay una alternativa progresista capaz de evitar el aumento la polarización social que promueven las derechas

Pero no basta con conocer y desvelar las contraproducentes políticas que defienden las tres derechas, los partidos de izquierdas tienen que repensarse y repensar su acción política. Algunos comentarios al respecto:

1º. Las tres derechas han hecho presa en Sánchez y no van a soltar el bocado hasta que convoque elecciones. Sánchez ha fracasado en su estrategia de navegar en solitario en aguas tan procelosas sin plantearse en serio la cooperación estable con el conjunto de fuerzas progresistas y democráticas que defienden una idea inclusiva, solidaria y plural de la sociedad realmente existente, una actitud respetuosa con las diferentes identidades nacionales que conforman el Estado español y un rescate efectivo de los sectores sociales más golpeados por la crisis y las políticas de austeridad. A estas alturas, con unas derechas tan crecidas, ni siquiera la improbable aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2019 daría una tregua o supondría un obstáculo decisivo en el avance de las tres derechas. Sin clarificar lo que pretenden y pueden hacer las fuerzas de izquierdas, sin promover unas más sólidas relaciones de cooperación a medio plazo y sin reanimar al electorado progresista, las próximas elecciones de mayo confirmarán las peores hipótesis y reforzarán las posiciones y alianzas de las derechas.

2º. Parte del PSOE y muchos de los denominados barones socialistas siguen obstaculizando la acción política del Gobierno de Sánchez y la aproximación entre las fuerzas progresistas y de izquierdas que es imprescindible para sanear las instituciones y aprobar las medidas económicas que necesita la mayoría social. Gran parte de esos barones no han dudado ni un minuto en poner a Sánchez a los cascos de los caballos de Casado, Rivera y Abascal al precisar que los socialistas no pueden sacrificar sus principios al objetivo de mantenerse en el Gobierno a toda costa. Tras lo sucedido, Sánchez no puede seguir soñando con una victoria electoral sustentada en la única idea de resistir en el Gobierno y confiar en que el miedo que provocan los excesos verbales de estos tres jóvenes reaccionarios le excuse de la tarea de colaborar en la construcción de una amplia alternativa de cambio progresista creíble y posible.

3º. Las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE se han embarcado en disputas estériles que les llevan camino de ese temible rincón de pensar que es un agujero negro del que no emana ninguna luz, iniciativa o influencia. La proximidad de las elecciones y la confección de las listas electorales han desarbolado las diferentes hipótesis que manejaban y han puesto en evidencia la fragilidad de la nueva política, su dificultad para mantener agrupada a la ciudadanía que desea aportar ideas y trabajo a favor del cambio político y la inadecuación de las estructuras organizativas puestas en pie a lo largo de los últimos cinco años para debatir las diferencias, apreciar la pluralidad y seleccionar democráticamente las mejores ideas, propuestas de acción política y representantes. Irresponsablemente, han tirado por la borda buena parte de las simpatías y expectativas que recogieron del 15-M y lograron convertir en fuerza institucional a favor del cambio político. Los clubs de fans de las diferentes corrientes políticas, cada día más reducidos, los hiperliderazgos, cada vez más cuestionados, y el cutre patriotismo partidista que alienta oscuras disputas no ayudan en nada a superar la situación.

Las izquierdas tienen que repensarse y repensar urgentemente su acción política si quieren remover los grandes obstáculos que se oponen al cambio político y volver a poner en el centro de sus preocupaciones el objetivo de representar, interesar, movilizar y unir a la mayoría social. La ciudadanía que observa cómo juegan con su futuro quiere saber si hay una alternativa progresista capaz de evitar el aumento la polarización social que promueven las derechas entre la parte abducida por un españolismo excluyente, que cree que todo se va a resolver enarbolando la bandera española, y la parte crecientemente asustada a la que el corazón se le hiela al escuchar lo que dicen los tres deslenguados jóvenes reaccionarios que convocan el domingo en Colón para allanar el camino que les lleve a La Moncloa.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/gabriel-flores/tres-cabalgan-juntos/20190208101330159920.html

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