La red criminal de los 300.000 niños robados

España es uno de los países más desiguales de toda la UE y con mayor porcentaje de trabajadores pobres

España, el país con más personas que desconocen su identidad, ni siquiera pueden reconocer los huesos de sus progenitores.

Para la desaparición de 300.000 niños era necesario una red gigantesca muy bien coordinada.

 

El documental El silencio de los otros (Almudena Carracero y Robert Bahar), nos habla de los olvidados de este país. Es una obra que va más allá del dolor y el derrotismo de quiénes fueron sacrificados en el altar del mutismo. También es esperanza y alegría. El pundonor de mujeres y hombres que recuerdan, porque conocen el valor de la justicia. Cuando la jueza argentina María Servino admitió la querella en 2010 contra los crímenes del franquismo, soliviantó el orgullo de muchos. Pero abrió una nueva etapa.

Es una película de vidas cruzadas, donde una anciana vive obsesionada por la figura de su padre, asesinado en la tapia de un cementerio. Aún le recuerda, pese haber transcurrido casi 80 años. Lanzaron a su progenitor a una fosa común, junto a otros cuerpos. Tras la exhumación, aún se podían ver las balas en el tórax, e incluso los restos de unas botas. Habían cubierto con una lápida el gran agujero donde estaban los cuerpos apilados, para dar una apariencia de normalidad, y una dignidad impostada. Fue una solución transitoria, en un país con tantos crímenes sin resolver, que se creyó preciso comenzar de nuevo.

En este país hay una inmensidad de personas desperdigadas en fosas comunes o cunetas. Los coches procesionan sobre ellas, porque no hay mapa de carreteras que señalen las pilas de cuerpos y almas silenciadas. Desmantelar esas vías de tránsito es difícil, porque hay que respetar el libre albedrío, e incluso el derecho a la amnesia. Los hijos de los represaliados tienen el deber de guardar silencio. Incluso hay quien lo preserva. Pero los restos familiares son la memoria;  sujetos casi físicos de veneración. Hay que evitar la publicidad de cada tumba, e imaginar que toda la tierra es un inmenso sarcófago donde no se distinguen los verdugos de los violentados. Esa victoria “nacional” resultó ser una pura heterodoxia criminal. No puede existir un bando nacional cuando se humilló a un país durante décadas, y se le negó las libertades.

Son muchos los que aseguran que nos son tiempos para el rencor o revanchas, que hace mucho que pasó. Pero hay personas que aún hoy desean justicia, e incluso sueñan con ver a sus hijos robados. Pequeños que fueron vendidos a familias afines al régimen. ¿Con qué conciencia mueren aquellos/as que “adoptaron” a algunos de estos pequeños?

Pero sucedió lo  previsible. Llenar las fosas comunes de asfalto  y de surcos, no garantizaba el silencio de los oprimidos, muchos de ellos niños cuando dejaron de ver a sus parientes.

Alguien dijo que el perdón está al alcance de muy pocos. En realidad es una tarea de titanes. Uno tiene la sensación de que el perdón llega cuando te identificas con el oponente. En 1977 muchos consideraron que el único modo de seguir adelante fue promulgar una ley que sirve para anular todas las demás.

Los coches van y vienen como las rachas de viento, y sin embargo los cuerpos ultrajados permanecen enterrados. Hay lidercitos de partidos que se mofan y llaman a eso de desenterrar los huesos “pasión por la arqueología”, pero la dignidad está del lado de los que desean recuperar los restos de sus ascendentes.

Todo el que conduce un vehículo necesita espejos con los que mirar hacia atrás de vez en cuando. Es una maniobra imprescindible. El argumento de “dejar los huesos en paz”, y mirar al futuro es una trampa falaz. Quien desea esta reparación tan física como simbólica pide respeto por la memoria, frente a aquellos que niegan la Historia y la silencian. La justicia y las reparaciones son un signo de salud y fortaleza de una sociedad. Negar la memoria es mezquino, porque es como un ente independiente de cualquier consigna política. Pervive en las conciencias y conforma nuestro ADN. Los recuerdos constituyen el lenguaje universal.

Un país en tránsito o en transición perpetua deja de estarlo cuando mira a su pasado con franqueza.

Solo la mirada del iluso obvia el pasado, necesaria para interpretar la actualidad. Hay que explicarles a los herederos del franquismo sociológico que son unos completos heterodoxos, y que su actitud aún hoy humilla a una sociedad que debería volcar todas sus energías hacia el exterior. El resultado es que las malgasta dentro y estamos a merced de decisiones externas.

Pasamos de la purificación de la raza de un Vallejo Nájera, al exterminio de los que portan el gen rojo. Sin embargo, ese gen despreciado ha mutado, y ahora tiene que ver con la renta. Por suerte el  gen de la precariedad y de la falta de oportunidades no se puede purificar, ya que es necesario. España es uno de los países más desiguales, en términos de riqueza, de toda la UE. Y el país con mayor porcentaje de trabajadores pobres. El gen de la pobreza hay que mantenerlo a toda costa.

Es probable que la Ley de Amnistía de 1977 sea anti constitucional. La justicia universal no se puede perder por estos meandros y piruetas. ¿Hay que esperar al fin biológico de “Billy el  Niño” para que el símbolo de una época desaparezca definitivamente?. No es el modo de acabar con esto.

Aún hoy, muchas mujeres recuerdan con las manos temblorosas las palizas brutales que recibían. Otros tienen pesadillas, y sueñan como les abrían la cabeza golpeándola contra el suelo, o les apaleaban los genitales.

Calculan que entre los años 1940-1990 se han  robado 300.000 niños. Quince años después de la democracia, la mafia seguía actuando. La mayor parte de estos delincuentes ya han desaparecido. ¿Qué clase de piedad es esa?

Toda una sociedad estuvo a su servicio. No solo se apropiaron de una victoria infame, sino que negaron lo más esencial a los familiares, que heredaron la derrota del que nada tiene. En nuestro caso, la ley de la Amnistía parece más bien una amnesia colectiva, después de un gran trauma. Fue un teatro.

El silencio de los otros tiene múltiples interpretaciones. Callan las víctimas. Guardan silencio las innumerables madres a las que robaron sus hijos. Callan los ladrones de vidas. Multitud de personas no sospechan su verdadero origen. Les robaron la memoria, e inventaron un linaje y filiación social. Sin embargo, son los herederos de un plan nacional de usurpación de la memoria.

“España pasará a la historia como el país con más personas que desconocen su identidad”. Otros ni siquiera pueden reconocer los huesos de sus progenitores.

Para la desaparición de 300.000 niños/as, era necesario una red gigantesca muy bien coordinada.

Hay un pacto de silencio múltiple y consentido.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/19496/la-red-criminal-de-los-300-000-ninos-robados/

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