Los misterios teologales de los ministerios burgueses

- ¿En qué soporte de movilizaciones sociales se sustenta la reiterada y exigente reclamación petitoria ministerial de Pablo Iglesias?

- Quien no ha sido capaz de administrar el capital político que le entregaron cinco millones de personas en 2015 no puede esgrimir ese argumento con solvencia ni crédito.

 

Nos enfrentamos ante uno de esos y frecuentes grandes misterios teologales de la política. En el último año la máxima dirigencia de Podemos ha descubierto que la trascendencia transformadora y revolucionaria se produce por el solo hecho de ocupar un ministerio que gestiona un sistema económico de libre mercado, ese tan insoportable, capitalista y horroroso. Parece ser que ahora, en un quíteme un 15-M de tirón, las transformaciones sociales profundas, los cambios estructurales y los objetivos de las grandes movilizaciones de la sociedad civil se consiguen exclusiva y principalmente estando unos pocos ministros metidos con calzador en un gobierno socialista, hasta hace bien poco un vestigio socialdemócrata despreciable de un pasado sorpassable. ¿Qué libros de Marx, Engels o Gramsci, por hablar de algunos de los clásicos de la izquierda comunista, habrá leído el ilustre profesor, politólogo y geo estratega, Pablo Iglesias? Porque eso no viene. 

Será tal vez por aquello de la toma del poder de Lenin y otros autores en las históricas luchas entre los mencheviques y los bolcheviques... Pero al parecer era condición necesaria que se justificase a través de la revolución social y política de una nueva clase emergente llamada proletariado junto a grandes sectores sociales que sustituirían al viejo orden social (léase régimen del 78 en la versión española post 15-M en la nomenclatura de Podemos).

¿En qué soporte de movilizaciones sociales se sustenta la reiterada y exigente reclamación petitoria ministerial de Pablo Iglesias?

¿En qué soporte de movilizaciones sociales se sustenta la reiterada y exigente reclamación petitoria ministerial de Pablo Iglesias? Su mera presencia no es garantía de nada por mucho que se empeñe en esa virtud. Quien no ha sido capaz de administrar adecuadamente el capital político que le entregaron más de cinco millones de personas en 2015 no puede esgrimir ese argumento con solvencia ni crédito. 

Un gobierno de coalición es solo eso. Gobernar en base a unas premisas políticas que han obtenido mayoría suficiente en las urnas y gestionarlas. Por pura necesidad de la aritmética parlamentaria se configuran mayorías de gobierno en torno a eso. Nada más. Hubo gobiernos de izquierda coaligada en España hace cuarenta años y también en el último cuatrienio en ayuntamientos y Comunidades Autónomas. No es ninguna novedad ni parece un imposible rechazable por el electorado. Pero si se presenta como si fuese la subida al Everest y como la madre de todas las batallas, corre el riesgo de despeñarse al igual que ahora que hay mucho tráfico por esas montañas. Y también por las cordilleras políticas españolas. 

De manera que este cambio revolucionario postmoderno que nos anuncian como un mantra cada día y noche de guardar, ¿se consigue a través de una delegación de funciones, de las antiguas masas, hoy llamadas gente, en una o dos personas, que se instalan en la tan demonizada democracia burguesa y capitalista vía Consejo de Ministros? Claro, que nunca se sabe lo que puede pasar porque siempre queda el beneficio de la duda. Pero hasta la fecha si sabemos lo que ha sucedido en estos casos y no parece que el guion previsible sea otro. También es posible que todas las soluciones a los problemas de los españoles estén en la aplicación de la antiguamente tan aborrecida Constitución del 78 (como pasan los días y a veces las horas en ciertas estrategias), que se nos glosó tan extraordinariamente en un debate reciente. Otro gran misterio de transmutación política por resolver. Parece que, con la entrega de la cartera negra, esa tan bonita con letras doradas grabadas sobre la marcha como si fuese la orejona de la Champions, se produce la apoteosis del asalto a los cielos. ¿Era esto? ¿Era para esto? 

Y, por último, algo tan importante como la decisión de entrar en un gobierno de coalición sin discutir ni un solo programa, programa, programa, (claro, eso viene siempre después del cargo y a veces nunca), ¿no ha de ser sometidas previamente a referéndum, o una asamblea ciudadana por lo menos? ¿Ni siquiera una consultilla en redes sociales? Como cambia todo y que rápido. Lo que son los misterios teologales cuando un ministerio anda por medio. Vaya tela.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/carlos-sotos/misterios-teologales-ministerios-burgueses/20190610094552163494.html

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