¿Por qué y para qué nuevas elecciones?

 

Desde las últimas elecciones generales cinco meses no han sido suficientes para llegar a formar gobierno. Pero lo malo, la realidad, es que con lo que hemos podido ver, con lo que han discutido y, también, con lo que se ha dejado de discutir, no es posible que puedan llegar a acuerdo alguno. Todo ha girado sobre el reparto de cargos, de sillones, y nada de contenidos. Esta es la política de los políticos que tenemos, y parece que para seguir.

Seguramente que la culpa, la grandísima culpa, es de los ciudadanos que no se han puesto de acuerdo para dar la mayoría a cualquiera de los partidos en liza, y claro, la pelea entre los concursante quedaba servida.

Pero eso sí, invariablemente nos ponían el estribillo de que se trataba de formar un gobierno progresista y de izquierdas.

¿Progresista y de izquierdas? Esto es lo que nos quieren hacer creer cuando tanto los que van de derechas como la puñetera izquierda, llámese Socialista y Obrera, votaron sí, sin pestañear, al 135 y dispuestos están para repetir un nuevo 135, corregido y aumentado ante la inminente crisis sistémica que se nos echa encima, según los indicadores económicos más básicos, cuando ni siquiera hemos salido de la anterior.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero denla por perdida cuando la otra izquierda, la que algunos denominan extrema izquierda, se muere de ganas por ser más neoliberal que los propios sociatas, que ya es decir. Véase si no la participación y la apuesta por la OTAN, por la UE de la Troika y la complicidad con los desmanes existentes en un parlamento diseñado para mantener como legal, o legalizar en su caso, las mayores tropelías neoliberales de las que todos y cada uno de los parlamentario son cómplices necesarios. Tanto es así que por ello cobran y, que se sepa, nadie se ha rasgado ni las vestiduras ni siquiera se han sentido responsable de pertenecer a semejante institución en la que comparten mesa, mantel y prerrogativas.

Mientras sigue el juego político de los políticos, continúan los desahucios, la congelación de salarios y pensiones, la corrupción, el fraude, los paraísos fiscales y tantas otras actividades mafiosas. La brecha social aumenta junto con la pobreza y la exclusión social. Solo queda constatar que España va bien, porque sin duda va como el poder político y el poder legislativo así lo han organizado.

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