No nos queda otra

Acertaba cuando escribía que no estaba muy convencido de que el maratoniano ciclo electoral hubiese acabado. Detrás del empecinamiento del PSOE a no querer un gobierno de coalición con Podemos –la proposición, después de numerosos vaivenes, de una vicepresidencia y tres carteras, no era realmente una–, está la CEOE. Ésta, deseosa de no conceder la más mínima concesión que significara para la patronal meter, por una vez, la mano en su bolsillo en lugar del nuestro, reparando así los estragos que su voracidad en el atesoramiento de beneficios ha causado a la clase trabajadora.

Hay que decir que no es de extrañar. Si de la derecha –y más aún de la extrema derecha– no esperamos nada ya que, aplastarnos para que los que realmente mandan, puedan explotarnos sin miramientos, está en su ADN, en lo que se trata del PSOE, poca cosa más podemos esperar. Testigo de ello son los 21 años de gobiernos del PSOE, que todos sin excepción, han hecho pasar en primer lugar los intereses de nuestros explotadores, sus amos del Ibex35, y solo después los nuestros, si quedaban algunas migajas.       

Unidas Podemos puede llevar en sus propuestas electorales reivindicaciones radicales, como por ejemplo una subida de impuestos consecuente a los más ricos o la derogación de la reforma laboral, necesarias para la clase trabajadora, desgraciadamente estas pierden su radicalidad convirtiéndose tan solo en una suma de palabras, puesto que su concretización Podemos la subordina únicamente a su presencia en un gobierno de coalición con el PSOE.

Estoy convencido de que la presencia de Unidas Podemos en un gobierno de coalición no hubiese permitido concretizarlas más fácilmente. Creer que la simple presencia en un gobierno, ocupando puestos ministeriales importantes, sea la herramienta para acabar con la explotación laboral es, en el mejor de los casos una quimera, un engaño en el peor. Las instituciones son lo que son, simples instituciones del Estado, Estado que depende de las leyes impuestas por el que realmente manda, el gran capital; el mismo que quita y pone gobiernos cuando estos no son santo de su devoción.     

Es verdad que  no podremos comprobarlo, hecho que lamento, porque las cosas acabaron confirmando lo que hace ya algún tiempo escribía, “ni Podemos, ni Izquierda Unida, juntos o por separado, jamás gobernarán en este país si el PSOE no quiere”. Como tampoco este último quiere, ni está en sus intenciones, la derogación de la reforma laboral del PP –a fortiori la suya, instaurada por Zapatero–, ni la ley mordaza. Es más, en cuanto a esta última, por si podía subsistir alguna duda, tres diputados de Podemos acaban de ser imputados, bajo falsas acusaciones, por haber mostrado su apoyo a los trabajadores de Alcoa durante una manifestación en Madrid, cerca del Congreso.

“Los grandes inversores y los grandes empresarios están preocupados básicamente por una cosa: su dinero, y es normal. No son filántropos, son gente que se dedica a ganar dinero y nosotros somos conscientes de que son absolutamente ineludibles para el funcionamiento de la economía”. Esto es lo que Pablo Iglesias declaraba no hace tanto tiempo y para que no pueda caber ninguna duda, remataba, “En realidad lo que nosotros estamos proponiendo es enormemente pragmático y no es tan novedoso. Lo que nosotros estamos diciendo es lo que cualquier socialdemócrata o cualquier democristiano hubiese dicho hace tiempo, estamos diciendo una obviedad”.

 

¿De qué tienen miedo CEOE y PSOE? Sea cual sea la respuesta a esta pregunta lo único que debemos tener claro, es que para que tomen en serio los intereses de la clase trabajadora, debemos contar únicamente con nuestra movilización en las calles. La correlación de fuerzas que seamos capaces de desarrollar y un partido estructurado que vaya en serio y ofrezca otras perspectivas que la de acudir a las urnas, será lo que nos permitirá defender dichos intereses.

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