“La sentencia no gustará porque no será absolutoria porque no puede serlo”

- Este Código Penal tan terrible ha sido sometido a consideración y reforma varias veces y los partidos políticos que hoy están en la escena catalana estaban en el Congreso.

- El Poder Judicial no tiene armas que no sean las que le ha dado el Poder, el Código Penal lo aprueba un Parlamento y los parlamentarios han sido elegidos por los ciudadanos

Entrevista con la exalcaldesa de Mollet del Vallès (Barcelona), exconsejera de Interior en el Govern de Pasqual Maragall y de Justicia en el de José Montilla.

 

Monserrat Tura, que fue y es médica antes que política, tiene la teoría de que hay una suerte de epigenética que afecta a los políticos de los últimos tiempos para que nada de lo que hacen salga bien. Da igual de donde sean. El fracaso, dice, es generalizado. Y no intuye mejoría tras la sentencia del juicio del procès porque los dirigentes independentistas se mantienen en “absolución o nada” y “las instituciones del Estado español no paran de tomar decisiones que lo único que hacen es dar la razón a los partidos independentistas”.

Aun así, y de vuelta en su puesto en el servicio de urgencias del Hospital de Palamós, conserva parte del optimismo y toda la cercanía que alimentaron sus 16 años como alcaldesa de Mollet del Vallès(Barcelona), la localidad en la que nació en 1954. También, la visión quirúrgica con la que dirigió la compleja consejería de Interior en el Govern de Pasqual Maragall y la de Justicia en el de José Montilla. Algunos Mossos d’Esquadra aún la recuerdan como la mejor jefa que han tenido desde la creación del cuerpo.

¿Qué panorama espera tras la sentencia del juicio del procés?

Depende de la sentencia y el juicio aún está en marcha. La gente cree que ya se ha acabado, pero va hasta la sentencia y más allá porque hay posibilidad de recurrirla. O sea que el proceso judicial será muy largo.

¿Considera que ha sido un juicio con todas las de la ley?

La instrucción que hizo Llarena, que es la que después se encuentra el Supremo, no. También fue el juez instructor quien decidió la prisión provisional, que me pareció excesiva desde el primer momento. ¿Es concordante con la tipología de delito? Sí, claro, porque se buscó lo más elevado que tenemos en el Código Penal. Pero quizá no habría que haber ido a buscar el delito de rebelión. Eso, además, hace muy difícil que sea comprensible. Al contrario, ha sumido a una parte de la ciudadanía catalana en una situación de pérdida de confianza en el futuro.

¿Pero no cree que la Justicia está actuando en un problema que deberían haber resuelto los políticos?

Esto es muy divertido porque todo el mundo se queja de la judicialización de la política, pero el mismo cargo público que lo hace informa de que han decidido presentar un recurso ante un tribunal de un tema que deberían haber resuelto políticamente. Nunca se había utilizado tanto a la Justicia por incapacidad de encontrar salidas políticas a las cosas. Así, difícilmente desjudicializaremos la política. Es más, hay muchas cosas que corresponden al Poder Legislativo que el Legislativo no está haciendo, pero, en cambio, cuando el Judicial actúa y lo hace en base a las normas aprobadas por el Legislativo, nos quejamos.

La circunstancia que hace difícil entender cómo se ha radicalizado tanto el problema de Catalunya es que se ha producido en un periodo en el que las normas de convivencia se hacen en instituciones de elección democrática, el Parlament de Catalunya, las Cortes. Incluso este Código Penal tan terrible ha sido sometido a consideración y reforma varias veces y los partidos políticos que hoy están en la escena catalana estaban en el Congreso.

La semana pasada detuvieron a siete miembros de los CDR acusados de integrar supuestamente un grupo terrorista. ¿No están la Fiscalía y los jueces apuntando demasiado alto en su tipificación delictiva?

Quiero ser prudente y ver cómo evoluciona el proceso antes de juzgar. Pero también quiero saber si hay personas que piensan que hay una violencia buena y otra mala. No hay ninguna violencia buena, que quede claro.

¿Piensa, como sostienen algunos independentistas, que el Poder Judicial está utilizando sus armas con un objetivo disuasorio a las puertas de la sentencia?

El Poder Judicial no tiene armas que no sean las que le ha dado el Poder Legislativo. El Código Penal lo aprueba un Parlamento y los parlamentarios han sido elegidos por los ciudadanos. Otra cosa es si la Audiencia Nacional debería ser reestructurada una vez han desaparecido los fenómenos terroristas por los que fue creada. Pero yo quiero llamamientos a la calma por parte de los líderes políticos. La aceptación de las normas de juego de un Estado democrático pasa por la actuación cívica y pacífica.

¿Cree que será así si la sentencia es condenatoria?

Una parte del independentismo dice ‘o absolución o nada’. Pero yo tengo la sensación de que, en los alegatos finales del juicio, los abogados aceptaron el delito de desobediencia reiterada, por tanto, no habrá absolución. Empecemos a decírselo a la población. Si les decimos ‘absolución o nada’, cualquier cosa que no sea absolución dará lugar a una respuesta masiva. La malversación creo que es muy difícil de probar, pero veremos por dónde sale el Tribunal.

Y luego, este juicio tiene una importancia extraordinaria porque tiene que establecer qué se considera sedición en un Estado en el que el orden constitucional es un bien que hay que proteger, como dijo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. De ahí viene una de las cosas que digo desde hace mucho tiempo: que lo que nosotros teníamos que decir es que el Estado incumple el pacto constitucional, no que los catalanes decidimos saltarnos la Constitución. Hay un pacto constitucional que reconoce que hay nacionalidades históricas, por tanto, tenemos que recriminar al Estado que no haya actuado en consecuencia con ese pacto, cuya literalidad está, además, en el artículo 2 de la Constitución.

Pero yo no creo que hubiese ni sedición ni rebelión. Y descubriremos que entre la desobediencia reiterada y la sedición, nuestro Código Penal carece de otra figura, la conspiración para la sedición. No sé cómo acabará todo esto, pero, en cualquier caso, hace falta mucha tranquilidad; también para llamar a la movilización en contra de la sentencia, de la que, por supuesto, se puede discrepar. Pero una cosa es salir a la calle para discrepar y otra ver cómo se orienta este momento tan crítico porque los gobernantes tienen, entre otras obligaciones, la de mantener la paz social.

La Assemblea Nacional Catalana (ANC) ha pedido una respuesta unitaria a la sentencia y parece que ya prepara la suya con independencia de lo que hagan los partidos independentistas. Estos, a su vez, llaman a la unidad, pero no coinciden en cómo hacerlo y no acaban de desvelar qué harán.

Yo creo que cada vez que salen pidiendo unidad evidencian que la unidad no existe y, en el fondo, reconocen que tienen problemas de cohesión interna. Están debilitando un movimiento cuya fuerza fue atraer a más de dos millones de personas. Pero cada cual escoge su estrategia.

Para mí, cada vez que la ANC pide unidad, tendría que hablar de pluralidad, que es la base de la democracia. Es mejor saber y decir que existe esta pluralidad que no fingir una unidad que no existe y que la propia ANC ha dinamitado cuando ha querido. De candidaturas unitarias en los ayuntamientos, pasó a dar apoyo a unas candidaturas que se llamaron primarias.cat y que restaron votos a los partidos independentistas clásicos. De no haber sido así, quizá los resultados habrían sido otros en Barcelona. Pero nadie le ha pedido responsabilidades a esta entidad que, cuando le conviene, pide unidad cuando ella es la primera en romperla. Todos buscan estrategias electorales y las visten de épica y de llamamientos a la unidad. A mí eso me molesta.Pero la ANC no es un partido político.

En las municipales sí lo eran porque apoyaron a un partido. Cuando uno hace eso, se convierte en un instrumento de una candidatura. Después, ha representado lo que ha representado y ha tenido una capacidad de puesta en escena de las movilizaciones que no le discutirá nadie. Los catalanes hemos organizado las mejores manifestaciones del mundo. Podemos estar satisfechos de eso. Ahora, las manifestaciones se hacen para conseguir objetivos que hay que formular bien y que deberían ser viables porque, si no, puedes generar frustración. Por tanto, cuando pides una cosa, tienes que saber que no siempre consigues el cien por cien de lo que pides. Y entonces, deberías poder decir a la ciudadanía que has conseguido alguna parte de lo que reivindicabas. A eso se le llama hacer política, liderazgo.

La frustración la siente ya mucha gente que creyó en la prometida república catalana.

Sí, pero entonces tenemos que las instituciones del Estado español se equivocan terriblemente en la gestión del conflicto en Catalunya y dan oxígeno a las brasas para que el fuego se encienda nuevamente. Esto lo ha hecho España una, otra y otra vez. Ya he perdido la cuenta de cuántas veces se han equivocado y han tomado decisiones que lo único que han hecho es dar la razón a los partidos independentistas. La más evidente de todas es cómo se gestionó el operativo policial del 1 de octubre que, por otro lado, no tendría que haber venido nunca porque el orden público, desde la aprobación del Estatut, es competencia de la Generalitat y de los Mossos d’Esquadra. Pero han tenido tantas y tantas equivocaciones.

¿Ve alguna posibilidad de resolución en el medio y largo plazo?

Yo soy optimista y, además, creo que las personas que tenemos inquietudes por la colectividad tenemos que serlo por fuerza. Tengo que pensar que en el entorno de estos líderes alguien encontrará en algún momento algún mecanismo para hacer que se sienten a hablar. Pero la sentencia no gustará porque no será absolutoria porque no puede serlo porque el delito de desobediencia reiterada se aceptó y, además, nos agarrará en el peor momento del lenguaje de la campaña electoral española. Peor circunstancias no se podrían dar.

¿Es de quienes creen que un referéndum pactado es la solución o de quienes piensan que no resolvería nada?

Yo he apoyado esta denominación genérica del derecho a decidir y he dicho que, teniendo en cuenta que el pueblo catalán tiene la sensación de que votó un Estatut que después no se pudo aplicar en su totalidad, tendría que producirse alguna ratificación en las urnas de la solución que se aprobase. Pero cada vez se me hace más difícil ver cuál es esa solución porque, como ya decía Pasqual Maragall, si este Estatut no cabe en la Constitución, tendremos que plantearnos si la modificamos. Hasta aquí, ningún problema. El problema es cuando cierras los ojos y te imaginas una ponencia constitucional con la actual composición del Congreso. Yo siempre digo que el gran problema que tiene la Constitución española es que no la hemos cambiado 20 veces. Si en estos 40 años la hubiéramos cambiado al menos 10, estaríamos acostumbrados y nos parecería normal. Pero la han querido convertir en una cosa sagrada, encorsetada, que nos encadena más que darnos derechos y han conseguido que todo el mundo piense que la Constitución es algo malo cuando, en realidad, es la que nos garantiza las libertades, la asistencia sanitaria o el acceso a la educación.

O sea, no ve claro el referéndum.

Supongamos que queremos concretar y ampliar el pacto que reconoce las nacionalidades históricas, eso debería someterse a referéndum, pero no sé qué tipo de referéndum sería porque, mientras tanto, en el mundo siguen pasando cosas y los referéndums de sí no han empezado a verse con cierta preocupación. En Québec, donde se hizo un referéndum, la Corte Suprema dijo que se debería hacer una ley que dijese con claridad qué participación, qué porcentaje de voto favorable, y no sé cuántas cosas más… Son tantas cosas tan importantes. Y aquí, una parte de los protagonistas tienen una repuesta automática y te responden con frases hechas desde hace tiempo.

Pero la otra parte, los que se mal dicen constitucionalistas porque no han leído la Constitución, no se la han estudiado y no saben que da derechos y no los recorta, también dicen unas barbaridades… Cuando dices esto, te llaman equidistante y no. Yo mantengo mi compromiso con Catalunya, con el autogobierno, con el anhelo de libertad y con que somos capaces de hacerlo todo y de hacerlo bien porque así lo demostramos, al menos, hasta 2010. Lo que pasó de 2010 a 2012 es muy importante: es el pacto de Mas con Alicia Sánchez Camacho (PP), son los recortes, es el 15M, el cerco al Parlament, son cosas que no deberíamos olvidar porque condicionan que luego Mas decida que no puede mantener el pacto con el PP. Y era un pacto postsentencia del Estatut. Esta parte de la historia no la contamos. Pero, en fin, creo que los catalanes tenemos que acabar votando la solución política de esto, aunque no sé cuándo ni qué será. El proceso es muy complejo.

¿La tienen que votar los catalanes o todos los españoles?

De todas las maneras habrá que formular cómo se hace porque, así como la Corte Suprema de Canadá dice en su dictamen que la Constitución canadiense no prevé el derecho a la secesión de una parte de su territorio, pero que un Estado avanzado que se considere democrático y de derecho no puede negarle a una comunidad nacional que exprese su sentimiento y su unión a un Estado federal, tienen razón quienes dicen que en la Constitución española no existe el derecho a la secesión porque hay una frase que dice que el territorio es indisoluble.

Tampoco el derecho a la autodeterminación está aceptado universalmente; ni siquiera está en la Declaración de los Derechos Humanos, está en la Carta de las Naciones, que es un paso previo a la constitución de las Naciones Unidas. Por eso el abogado de Carles Puigdemont ha dicho estos días que ahora no se ampararán en el derecho a la autodeterminación sino en el derecho de las minorías. Tienen todo el derecho del mundo, pero cómo le explicas a Europa que somos una minoría maltratada si resulta que tenemos un autogobierno y los partidos independentistas lo gobiernan. Hay que ponerle ciencia porque el derecho es ciencia y hay gente que sabe mucho.

¿Hay posibilidad de reconducir las cosas por otros cauces?

Siempre hay marcha atrás, por más que algunos políticos no dejen de decir ‘ésta es la última oportunidad’. Quizás lo sea para ellos, pero un pueblo siempre tiene que tener más oportunidades. A veces, sitúan a Catalunya en un callejón sin salida. Y no. No reflexionamos lo suficiente, pero, en cambio, el discurso épico y apocalíptico nos gusta mucho.

¿Aplaude, entonces, la estrategia de Esquerra Republicana (ER) de alejarse de la vía unilateral?

Ya, pero es que la pugna en Catalunya en este período tan convulso y complicado, porque parte del Govern está en prisión provisional desde hace casi dos años y hay un expresident y varios consejeros en el exilio, ha sido  por el despacho situado en la Plaça Sant Jaume, que es un despacho muy codiciado. Todos quieren acceder a él y es legítimo, pero no es que ER o los partidos que han venido a sustituir a Convergència con las mismas personas que ya había no hayan tenido responsabilidades; han tenido muchas responsabilidades desde 2010 hasta ahora. ER no puede hacer propuestas como si lo que se ha hecho desde el Govern no fuese con ellos.

Parece que ahora todos están de acuerdo en que marcarse plazos tan cortos no ha sido una de las mejores estrategias, pero es que cambiar la estructura de un Estado es la cosa más grande que te puedes proponer en materia política y no se puede hacer ni en seis meses, ni en ocho ni en un año. A nosotros nos decían que ya lo habíamos intentado con el Estatut y no lo habíamos logrado, pero justamente lo hacíamos para evitar problemas mayores.

Foto: Montserrat Tura durante la entrevista en su casa en Mollet del Vallès (Víctor Serri)

https://www.lamarea.com/2019/10/02/montserrat-tura-la-sentencia-no-gustara-porque-no-sera-absolutoria-porque-no-puede-serlo-porque-el-delito-de-desobediencia-reiterada-se-acepto/

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