El Baile de Máscaras, ha comenzado


Los bailes de máscaras, entretenimiento cortesano allá por el siglo XV y posteriores, puede equipararse a "mascarada", nada peyorativo al respecto. La famosa ópera que Giuseppe Verdi  escribió inspirada en el asesinato del rey Gustavo III de Suecia, y de la que viene el título del presente artículo es buena muestra de la importancia de las máscaras en aquellos tiempos. Actualmente, también es importante el enmascaramiento personal, está a la orden del día. Todos y todas, de algún modo, nos ponemos la máscara. Es así.
Uno de los campos en los que la cara, al igual que el discurso está supeditado al enmascaramiento, más o menos cínico, es el de la política. Campo abonado, siempre con medias verdades y  mentiras, también. Así, el baile de máscaras ha comenzado. Bailan solo dos, a su alrededor se mueven mascaritas menores y algún bufón. Pedro y Pablo, que tanto monta el uno como el otro, no se han quitado la máscara de hace meses, sencillamente se la han cambiado. En este no habrá asesinato, como en la de Verdi. Pero lo que es "asesinato" de la verdad, sí que lo hay. Aunque el pacto suscrito para un posible gobierno sea plausible, que lo es, no implica que esas dos máscaras den explicaciones por qué ahora sí y antes no. Tal vez, nos podamos apuntar todos y todas al baile.
Ávidos del desenlace estamos los ciudadanos y las ciudadanas, de este país. Ya está escrito parte del libreto teatral. No faltan en los anexos los análisis, las culpas, y los porcentajes de posibilidades. A este baile en el que los y las votantes de hace días pasaremos a ser meros espectadores, ya han pedido invitación  quiénes fueron  capaces de decir: "quienes no votasen a Unidas Podemos, lo harían al fascismo"; así de simple y de mendaz.
Visto el escenario de la obra con la  que gratuitamente  nos deleitarán y leído el libreto de la misma, no parece descabellado denunciar, que la derogación de la contrarreforma laboral, así como de la legislación sobre la precariedad que esa ley suscita;  el problema de las  pensiones públicas; los derechos sociales en salud y educación; la derogación de la ley Mordaza; del artº 135 de la Constitución ; como nuevos recortes sociales y privatizaciones; acuerdos sobre el Pacto contra la Violencia Machista, Cataluña, etc., serán protagonistas del escenario en el que el "apuntador", desde el proscenio, les irá diciendo cuándo y cómo y en dónde tienen que cambiar de máscara, además de la música y la letra; estas últimas son imprescindibles para  que sean atrayentes, cosa distinta de que puedan ser realidad.
No parece exagerado decir que dejar esa música a las dos máscara protagonistas ( PSOE/UP) sería un mal baile, que posiblemente su final nos podría recordar las últimas estrofas del tango Cambalache:"¡Qué falta de respeto/ Qué atropello a la razón!/ Cualquiera es un señor/Cualquiera es…" Para que esto no ocurra, se hace necesario que desde el patio de butacas,  se muestre conformidad o no, con  los actores y actrices. Ese aplauso como conformidad o esos silbidos como crítica serán determinantes en  la articulación del  posible  cambio del libreto en el que la movilización social y ciudadana  urja a abrir una profunda reflexión y debate en el escenario de la obra, para que la música y la letra sean otras.
Las máscaras caerán y el baile  se verá apoderado por quienes hasta ese momento estaban en el patio de butacas. Subirán al escenario y serán capaces de representar su propia obra. Una obra que solo será la que se quiera y no la que se imponga.
Pero bueno, por una vez que la "falsa conciencia" a la que Marx cuestionaba, no nos traicione. Respiremos, contemos hasta diez y contemplemos el baile en la plenitud del "positivismo", tan en boga.
Finalicemos con Verdi. En su ópera "Un Baile de Máscaras", lo hilos que la tejen van desde la amistad y la traición, hasta la utopía del buen gobierno. ¿ No son parecidos a los hilos que movieron y moverán, seguro, las negociaciones para un " buen gobierno"?

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