En 2020 como en 2019, la prioridad sigue siendo la calle

 

La crisis del capitalismo y la agudización de la guerra social que la burguesía ha declarado a la clase obrera en particular y a las clases populares en general, predominan a nivel mundial, aunque ésta tome formas diversas según los países. Desde el estricto punto de vista económico, el mundo capitalista emprendió una carrera caótica hacia el abismo que la gran burguesía, sus portavoces económicos y sus representantes políticos son incapaces de controlar, con lo cual, la situación de las clases populares empeorará en 2020. La mejoría, si mejoría hay, será el fruto de la movilización de dichas clases, movilización más que necesaria.

Nuestro país no es una excepción, el balance para los y las trabajadoras en 2019 es demoledor, más de 70.000 de entre ellas y ellos han sufrido despidos, ya sean directos o indirectos mediante un ERE. La bajada del paro y el incremento de los afiliados a la Seguridad Social, no significa, como afirman algunos con satisfacción, que la recuperación económica ha finalizado con éxito. El 90% de los contratos registrados en 2019 son contratos temporales. Paralelamente los contratos con jornada parcial se disparan y representan el 54% de los contratos registrados.

Lo que probablemente cambiará en 2020, es la condición del actual gobierno en funciones. Por lo visto habrá un gobierno “progresista”, lo que nadie nos dice es cuanto dudará la legislatura. No cabe duda que tal perspectiva provoca un alivio y una esperanza entre una gran parte de las clases populares, a pesar de las múltiples confrontaciones llevadas a cabo por dichas clases contra los recortes, las diferentes reformas -en particular laborales- y otras medidas anti clase trabajadora llevadas a cabo por gobiernos socialistas tan supuestamente “progresistas” como el que veremos este año.

¿La diferencia entre los pasados gobiernos “progresistas” y el que está a punto de materializarse, se debería a la presencia de Unidas Podemos en el gobierno? Admitamos que eso sea así y acordémosle el beneficio de la duda, aunque leyendo el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos podamos pensar que se aparenta a una carta dirigida a los Reyes Magos. Está claro que las medidas de las que hablan en el acuerdo tienen el apoyo mayoritario del mundo del trabajo y lo tendrían aún más en caso de aplicación, lo que no nos dicen en el acuerdo qué medios cuentan emplear para aplicar, ya no digo todas, pero por lo menos una parte, las más consecuentes.

 Como tampoco nos dicen, por lo menos Unidas Podemos, que pasó con la creación de una banca o la de una compañía eléctrica públicas. Y ya no hablo de las medidas concretas como la reducción de la jornada laboral sin pérdida salarial. Muchos buenos deseos en el acuerdo -¡¡incluso el de proponer un nuevo pacto de Toledo!!- apuntalados por continuos: propondremos, aseguraremos, plantearemos, actualizaremos, impulsaremos, revisaremos…etc.

Sin embargo, subrayan que las políticas sociales y nuevos derechos serán subordinados a los acuerdos y límites presupuestarios, garantizando el equilibrio presupuestario, la reducción del déficit y de la deuda pública. Lo que significa que no podremos sentarnos y esperar. Tendremos que estar atentos y no olvidar lo de “gobierne quien gobierne, nuestros derechos y nuestras conquistas se defienden”. Una nueva desilusión debida al no cumplimiento de las promesas hechas por un nuevo gobierno “progresista”, sería abrir el camino a la derecha rancia o a la extrema derecha.

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