El Valle de los Caídos: Una herida en la sierra de Madrid

Madrid Sindical 


Es una obra que nunca se asociará a la reconciliación sino a la exaltación de la dictadura, tal como argumenta el periodista Fernando Olmeda en su libro recientemente editado, El Valle de los Caídos

Hace setenta años que Franco decidió construir el Valle de los Caídos, una obra que, por mucho que quisieron hacer creer, nunca se asociará a la reconciliación, sino a la exaltación de la dictadura, tal como argumenta el periodista Fernando Olmeda en su libro recientemente editado, El Valle de los Caídos. Una memoria de España. El Valle de los Caídos fue construido fundamentalmente por mano de obra esclava, por los perdedores de la trágica guerra civil. Allí reposan los restos del dictador con cargo a las cuentas del Estado. Algo impensable en cualquier democracia.
 

Mauricio R. Panadero

 

«Había allí una señora jefa, o sea, mujer del jefe del destacamento, que para señalarnos, para ver quiénes eran los que habían sido malos, o sea, quién había tenido pena de muerte y quién no la había tenido, que a los que estábamos sentenciados con 30 años de reclusión nos puso un botón blanco, de chapa, en sitio visible, había que llevarlo en el traslapo del mono, o en la chaqueta, o en la gorra, o en la camisa; un botón blanco del tamaño de los que usaban entonces en las guerreras

los soldados, pero liso. Y los que habían tenido pena de muerte, esos tenían que llevarlo dorado; igual en sitio visible.

 

O sea que si venías y te quitabas el mono, tenías que prendértelo con el alfiler en la camisa». Así narraba Teodoro García Cañas, un prisionero republicano, un episodio sobre lo vejatorio de la vestimenta. La cita está tomada del libro Los esclavos de Franco, de Rafael Torres. Torres cita también a Daniel Sueiro, autor de La verdadera historia delValle de los Caídos, hasta ahora la referencia mejor documentada de la que denomina «obsesión» de Franco. El periodista Fernando Olmeda ha retomado la investigación sobre elValle de los Caídos y ha publicado un nuevo libro con documentación inédita hasta el momento.

 

 

CUELGAMUROS

Franco tenía clara su idea desde 1939: «Nuestro monumento a la victoria no será un mausoleo más de piedra, ni un grupo escultórico, cosa de tiempos pasados, tendrá más grande dimensión, tendrá basílica, monasterio y cuartel». Será el propio dictador quien busque el lugar idóneo. Ese lugar estará a diez kilómetros de El Escorial, en la Sierra de Guadarrama, sobre el paraje del Valle de Cuelgamuros. Olmeda relata cómo a un puñado de kilómetros del lugar elegido por Franco, en la prisión situada en el convento de las carmelitas de San Lorenzo de El Escorial, en el cementerio parroquial y en un barranco próximo, decenas de personas son pasadas por las armas en cumplimiento de sentencias de pena de muerte impuestas en juicios sumarísimos.

 

La obra será adjudicada a tres empresas: San Román, Estudios y Construcciones Molan y Banús. Franco previó que la obra estuviera terminada en abril de 1941, pero los trabajos se alargaron hasta 1958. España se encontraba desolada por la guerra y emprender una construcción de esas características era poco menos que imposible, por ello la mano de obra será fundamentalmente esclava, batallones disciplinarios de presos republicanos. Tal es el caso, mencionado por Olmeda en su libro, de Trinitario Rubio: «Rubio suele ver pasar camiones con reclusos que se dirigen monte arriba, donde suenan explosiones a diario. En varias ocasiones orina sobre la dinamita que se usa en los barrenos para inutilizarla. Por la noche duerme sobre sacos de paja envuelto en mantas y apretado junto a sus compañeros para protegerse del frío.Trabajan incluso los domingos».

 

TRÁGICAS VIVENCIAS

El propio recluso lo narra: «Picábamos un metro cúbico de piedra, cargábamos vagonetasy empujábamos entre varios. Trabajábamos en condiciones difíciles, nos trataban de hijos de puta y rojos, cosa peor que los malos tratos». Segundo Fernández, tras pasar por campos de concentración, ingresa en el Batallón Disciplinario que terminará en el Valle de los Caídos. De aquellos principios de los años cuarenta tiene grabado, fundamentalmente, la escasez de alimentos: «Raro era el día que no morían uno o dos, y hasta tres, más por el hambre que por accidentes, porque la construcción del túnel casi no había empezado».

 

Son multitud las vivencias que Olmeda narra en su libro. Vivencias de las que el Valle es testigo, después incluso de su apertura al público. Por ejemplo, el caso del falangista Alonso Urdiales, el único español condenado por llamar traidor a Franco en su propia cara, que lo hizo durante la celebración de una misa en la basílica. Urdiales será condenado a doce años de prisión mayor. Pasará por Carabanchel, por Alcalá de Henares, por un batallón disciplinario en el desierto del Sahara…, al recobrar la libertad tuvo que ser ingresado durante un tiempo en un centro psiquiátrico.

 

Con la llegada de la democracia a nuestro país, «una nueva España se abre camino de modo imparable, aunque en elValle comienza a detenerse el reloj de la historia», explica Fernando Olmeda en su libro. ElValle de los Caídos será símbolo y lugar de encuentro de los ultras que seguirán durante años rindiendo homenaje al militar que traicionó a la democracia y asestó un golpe de estado.

 

Y no deja de ser curiosa la magnífica impresión que el lugar causó en julio de 1989 al cardenal Ratzinger, actual papa Benedicto XVI, cuando visitó el lugar siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 


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