Reñidas elecciones fuera del mundo

  IU, II, IA y PCPE, al presentarse a las elecciones daban   por perdidos los 20 millones de votos potenciales dirigidos al PP-PSOE y aceptando disputarse los tres millones que flotan a la deriva

 

 
Diagonal

El cine nos permite percibir, como escribía hace unos días Asor Rosa en Il Manifesto, todo el ridículo trágico de los discursos de Mussolini desde el balcón del Palacio Venecia en la Roma de los ‘20. “¿Cómo es posible que, ante un espectáculo así, la muchedumbre, en lugar de aclamarlo, no lo despachara con una carcajada?”, se pregunta el periodista italiano.

Es que entonces Mussolini estaba ‘en el mismo mundo’ que los que lo aclamaban; juntos, de hecho, formaban el mundo, consolidaban una realidad evidente e incontestable. El mundo real, aunque no sea ni bueno ni verdadero, tiene siempre la ventaja de que es real: su realidad es el campo gravitatorio que nos atrae de manera irresistible y hacia el que nos lanzamos con entusiasmo. Mussolini estaba en el mundo y nadie se reía de él. Fuera del agua, ni las verdades ni los peces sobreviven.

¿Cuál es el ‘mundo’ europeo del año 2009? Digamos que la intersección estadística entre el PP y el PSOE: ese 70% de leyes votadas de común acuerdo en el parlamento de la UE en la última legislatura; ese 70% de afinidad refrendado en votación el pasado 7 de junio por los electores. Fuera de ese mundo, ¿qué hay? ¿La sensatez, la ética, la lucha? ¿O el no-mundo? ¿O las dos cosas juntas?

El problema de la izquierda europea es que no tiene mundo. Una de las consecuencias de su ausencia es que, una vez sin él, el ‘acosmismo’ escoge y acelera su propia ingravidez, también porque, en estas circunstancias, sólo puede ‘pesarse’, como lo demuestra la deriva de IU, del lado malo. Eso ha pasado en España en las recientes elecciones europeas. Al menos cuatro fuerzas de izquierdas decidieron presentar su candidatura. Pero este acto, que podría interpretarse como un abandono del acosmismo, en realidad ha sido todo lo contrario. IU, II, IA y el PCPE, al presentarse a las elecciones aceptaban en mayor o menor medida renunciar a la ‘realidad’ del balcón mussoliniano; lo hacían dando por perdidos, como no podía ser de otro modo, los 20 millones de votos potenciales dirigidos a la intersección cósmica PP-PSOE. Lo hacían aceptando también -y esto quizás sí podía ser de otro mododisputarse entre ellos los tres millones residuales, que flotan a la deriva, lejos del mundo. Presentarse a las elecciones, fuese o no una buena idea, significaba renunciar públicamente al mundo; resignarse a hacer campaña en intersticios cerrados y habitaciones mal ventiladas. Presentarse por separado, significaba remedar fuera del mundo, sin poder intervenir en él, a pequeña escala y entre aliados potenciales, la campaña electoral que los grandes partidos capitalistas han escenificado.

Hemos tenido dos campañas paralelas, en el espejo, muy reñidas ambas; sólo que una real (una realidad abierta muy mala) y la otra irreal. En una, PP y PSOE se disputaban con electoralismo y mezquindad los votos reales de la mayoría; en otra, IU, IA, II y PCPE se disputaban, con electoralismo y a veces con mezquindad, los votos irreales de la minoría.

La diferencia entre realidad e irrealidad no tiene nada que ver con la verdad o la ética; es que la realidad siempre parece seria y la irrealidad da siempre un poco de vergüenza. Como dice Belén Gopegui, el pesimismo puede ser de izquierdas, pero el desánimo nunca. Pesimismo: no cabe una realidad fuera del mundo. Pero sin desánimo: una realidad debe desplazar a otra, a codazos, por debajo de la línea de flotación. Conviene que todos empujemos en la misma dirección.


Santiago Alba Rico
, arabista y escritor
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