Obligatorio fumar



En el año 2006 entró en vigor una ley que prohibía fumar en determinados lugares. Los establecimientos más en debate, entonces y ahora, son los de la hostelería: cafeterías, bares y restaurantes. Para los locales de menos de cien metros cuadrados, quedaba a criterio del propietario y, para los de más de cien, la prohibición era terminante, sólo se podía fumar en zonas especialmente habilitadas. La ley, y los que la han de hacer cumplir, se situaron mal desde el principio y, si ya estas cosas son conflictivas, con estos prolegómenos mucho más.


Después de cinco años de "prohibición" sólo cumplen la ley el 1%, unos 3.500 locales, de los 350.000 afectados en todo el país, de modo que podríamos decir que la “ley” es no cumplirla.  No parece que algo tan simple se deba complicar tanto, cuando los países vecinos ya han pasado por esto hace tiempo sin mayor problema. Mientras, en en España 50.000 personas mueren cada año a causa del tabaco, de los que una parte son fumadores pasivos.


Es complicado pronunciarse a favor o en contra, porque en ambos bandos hay obstinados y, desde luego, nadie va a convencer a nadie de lo contrario. Es una batalla perdida, pero lo es por cómo se ha planteado. En esta sociedad hay bastante arbitrariedad para determinadas cosas de la convivencia y, también, barra libre e impunidad para las grandes como la evasión fiscal, el fraude y la corrupción. En cambio, por ejemplo, sobran recursos para reprimir los movimientos sociales. Nada de todo esto es serio.


La cuestión no está en tener "derecho" a fumar, sino que nadie puede "obligar" a fumar al de al lado, a hacer oír la música de la radio o a tantas otras cosas que los demás no tienen porque compartir; el gallinero sería insoportable. Pero es más, obligados a fumar están hasta los propios fumadores cuando han de "fumar" el humo de los de al lado o el rescoldo de los cigarrillos mal apagados de un cenicero.


Más allá de la propia ley y de la irregular situación, un problema añadido está en los propios locales absolutamente inadecuados, incluso aunque no se fumara, porque pocos cumplen con la normativa de tener una ventilación suficiente. No se entiende bien cómo se otorgan licencias de apertura a establecimientos que no tienen, de hecho, más ventilación que el abanico que hace la puerta cuando alguien entra o sale del local, porque todo está en aras de la "moda" absurda, y sin duda ilegal, de acristalarlo todo, sin dejar el más mínimo resquicio para la ventilación. Así humos, olores y cualquier otra cosa que sea volátil queda en el ambiente.


En general se ha optado por la ventilación forzada que, con frecuencia, está mal instalada o calculada, si es que no está averiada, olvidándose del ahorro energético, de Kioto y del cambio climático, cuando es más barato y eficiente disponer de una adecuada ventilación natural, aunque para ello se ha de tener oficio y conocer algunas elementales leyes de la Termotecnia, pero falta lo esencial: tener voluntad y oficio. Estamos en tiempo de crisis, todo escasea, hasta lo ya dicho, aunque sea más barato y eficiente.


Lo correcto es que el humo no se eche a los que comparten mesa o barra, sino directamente hacia la mesa de al lado, lo mismo que tampoco se coloca el cigarro en el medio o hacia los contertulios sino hacia los vecinos. Tan es así, que incluso los fumadores apartan su cigarrillo para que el humo no les moleste, porque hasta el propio humo o un cigarrillo mal apagado no es agradable. Pero lo que sucede a los vecinos, a los de al lado, no merece consideración alguna porque sí es obligatorio fumar. Así las cosas, no se trata de prohibir fumar, sino de no "obligar" a fumar a nadie.


Solemos ser condescendientes con nuestras propias "costumbres" y no tanto con la de los demás. El fumador y al que le guste escuchar música en alto, sí tolerará a sus afines pero no tanto a los que no lo son e incluso se mostrará intolerante. El de la música con el fumador y éste con aquél. 


Dice Carlos Fdez. Liria en su libro Educación para la Ciudadanía, que cada uno ha de tener el derecho a hacer lo que le dé la gana, lo que quiera, pero a condición de que los demás también tengan ese mismo derecho. No nos queda más remedio que ser respetuosos.
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