El Fascismo y sus coartadas

 

 Tinglado llamado “Unión Europea” donde un Estado monárquico refundado a partir de Franco quiere alcanzar toda su coartada.

 

 

 

Ya se ve con claridad en qué se está convirtiendo Europa. Es un verdadero caldo de cultivo de la ultraderecha y del populismo. Nadie que esté situado realmente del lado de la lucha obrera y campesina, nadie que opte por la izquierda revolucionaria, puede sentirse muy a gusto dentro de un enorme tinglado en proceso de auto-justificación y asimilación de las antiguas soberanías, un tinglado llamado “Unión Europea”. Tinglado en el que un Estado monárquico refundado a partir de Franco quiere alcanzar toda su justificación o, mejor decir, coartada.

 

 

 

 

 

Pese a la abstención elevada del público, cuando no rechazo, pese al imperialismo evidente, pese a haber sido siempre un sacristán del Dios Bush, del Dios Obama, o del dios yanki de turno, la U.E. prosigue en su afán de acumular competencias y en dotarse de una fachada institucional que recuerde –de manera supersticiosa- a un Estado. Sin serlo, que es lo grave. Lo grave es que quieren transformar esta Unión comercial, esta entidad al servicio del imperialismo económico, en una Federación. Y la España monárquica, neoborbónica, postfranquista, que niega para sí toda posibilidad de federación, toda posibilidad de transferir soberanía a sus pueblos, la cede con gusto a esa Europa que tan gustosamente le sirve de fachada y coartada.

 

 

 

 

La crisis de 2009 recuerda un poco a la de 1929. El auge del fascismo fue una consecuencia directa del desplome económico en aquel entonces. Obreros en paro y clase media vapuleada salvajemente por las hipotecas, expedientes reguladores, por la destrucción del empleo y de las posibilidades de consumo. Entonces, estas masas pueden ser presa fácil de elites que improvisan “soluciones imaginativas” frente a los problemas: xenofobia, mano dura, deportación masiva,

 

 

 

 

Una izquierda hundida, inexistente como tal, pactista, es la clase de izquierda que permitió entonces, y permitirá ahora, que los escuadrones de la muerte patrullen por las calles. La falta de fe en los valores de una justicia universal y de una aplicación real y efectiva de los derechos humanos, entre ellos la Democracia Económica (socialismo) son consecuencia del clima perfecto para la instauración de la Barbarie. Los partidos obreros que no combatieron a Hitler, a Franco o a Mussolini con todas sus energías en la pre-guerra, allanaron el camino al fascismo. Las democracias “liberales” que quisieron tener contenta a la Bestia de camisas pardas (o azul mahón, en nuestros pagos) fueron tan cómplices del fascismo como los vaticanos, las CEDAS, los demócrata-cristianos y demás escoria que rápidamente despejaron las botas nazis y su barbarie. Hoy, como ayer, ante el fascismo, no cabe neutralidad. Y este del Fascismo es un fenómeno que retorna eternamente bajo máscaras muy diversas y retóricas novedosas. El hecho es que vuelve. Y vuelve sin que te des cuenta, especialmente cuando aprieta una crisis.

 

 

 

 

Vuelve cuando pinchan tu teléfono. Vuelve cuando ilegalizan un partido y aplican el “todos son iguales”. Vuelve cuando torturan, y en el patio interno nos dicen: “aquí no pasa nada”. Vuelve cuando los media difunden miles de veces una mentira hasta que no hay más que comer, beber y respirar que las mentiras. Señal de que Goebbels sigue vivo.

 

 

 

 

De los recién vapuleados, desideologizados y desarraigados, de todos ellos, sacarán nuevos robots programados para el odio. Con uniforme o sin él. Con armas reglamentarias o sin reglamentar. Ellos pueden abrir el Nuevo Ciclo, el Nuevo Orden. La esvástica no es imprescindible para simbolizar su mensaje de muerte e involución. Basta un trapo “nacional”, la cabra de la legión, una Constitución hecha de piedra y de muertos en la cuneta desde hace tres cuartos de siglo. Vale cualquier cosa con tal de volver a la vieja idea: hacer del hombre un esclavo.

 

 

 

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