El desliz de la ministra


No me refiero al hecho de que la ministra de Defensa Carme Chacón llevara pantalones en la celebración de la Pascua Militar en la Casa Real, en lugar de vestido largo como marca el protocolo.

En esto, fue rompedora de estereotipos y normas y por ello mi apoyo. No así en sus declaraciones sobre la permanencia y aumento de tropas en Afganistán. La excusa que puso: “Son incapaces de tomar las riendas de su propio destino por sí mismos y allí estaremos hasta que aprendan”. ¡Vaya!, que las gentes afganas no tienen capacidad de decidir por si mismas y de saber lo que quieren y por eso les suplantamos en la toma de decisiones. ¿No le parece un argumento muy manido y parecido al usado en otras muchas materias, incluida la que hace referencia a sus pantalones, o sea la desigualdad entre hombres y mujeres y la protección hacia las mismas?

Mantenernos en Afganistán y aumentar la presencia militar (hasta diciembre, 1.068 militares españoles. Más de 100.000 soldados internacionales, a la espera de que llegue el refuerzo de los 37.000 anunciados para 2010), supone seguir propiciando una guerra en la que miles de personas mueren. Ahora ha sido el soldado Christian Quishpe. Con éste, son 89 los militares españoles fallecidos. Pero sobre todo, los que mueren son población civil de Afganistán, esa a la que se supone que vamos a proteger. 1.500 personas civiles afganas, niños y niñas incluidos, murieron en los primeros ocho meses de 2009, un 23 por ciento de ellos en acciones militares de las fuerzas extranjeras.

Significa destinar dinero para propiciar la muerte: En nuestro caso 365 millones para mantener las tropas. Tampoco se controla nada sobre lo que ocurre con el dinero entregado al gobierno corrupto de Karzai para levantar el país. Como denunciaba la diputada Malalai Joya, los 15.000 millones de dólares entregados no han revertido en la población. Las mujeres están dispuestas a vender a sus recién nacidos por 10 dólares al no poderlos alimentar. La ciudad de Kabul se ha convertido en una inmensa urbe de mendigos. El 60% de la población está en paro y el 40% es pobre.

Seguir diciendo que se invade y se está en Afganistán por la democracia y los derechos humanos es una falacia. La población civil afgana no tiene libertad, sino bombardeos, hambre, pobreza y corrupción. Mucho menos para las mujeres, que siguen sin poder decidir libremente si llevan el burka o no. La democracia no puede venir con las bombas de racimo, sino con la educación y el ejercicio de ciudadanía.

Por eso, señora Ministra, le animo a seguir cometiendo deslices, dándole un corte de mangas a Obama en el tema de Afganistán, Pakistán, Yemén…, haciéndose insumisa al destino del dinero para matar y sobre todo a considerar a la población de Afganistán incapaz de decidir por ella misma. Déjenles en paz, garanticen dinero para el desarrollo social y a educación sin exclusión de las niñas. Apoyen a las personas afganas verdaderamente demócratas y verán cómo la ciudadanía afgana es adulta y apuesta por la libertad en lugar de los talibanes y/o los señores de la guerra encubiertos o no.

Y en su caso, que decidan con derecho a equivocarse como el resto del mundo, ¿no? Recuerde las palabras de Clara Campoamor, cuando en base a la democracia y la libertad, no se quería dejar votar a las mujeres: “La igualdad solamente se aprende ejerciéndola”.

Tere Sáez. Técnica de Igualdad.

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