¿Esperanzador?

 

 

Este primero de julio Méjico ha visto, por primera vez desde hace mucho tiempo, la elección de un presidente de izquierda en el último escrutinio. Escrutinio al que  estaban llamados 89 millones de electores, no solo para votar por un  presidente, pero también para renovar 3600 electos a nivel federal, estatal y municipal.

Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), partido de Andrés Manuel López Obrador, llamado coloquialmente Amlo, obtuvo 53% de los votos, dejando el PRI (Partido Revolucionario Institucional), partido burgués del expresidente Enrique Peña Prieto, a 37 puntos por detrás y a la coalición del PAN (Partido Acción Nacional) – otro partido burgués – y del PRD (Partidos de la Revolución Democrática) à 31 puntos.

No es de extrañar, el PRI y PAN perdieron todo crédito entre la población mejicana y el PRD, escisión del PRI lo está igualmente, sobre todo desde el asesinato de los 43 estudiantes en Ayala, ciudad del estado de Guerrero. Los ediles locales habían solicitado la ayuda de la policía y de un cártel local de la droga para acabar con ellos y su oposición; hecho que supuso también un coste en el crédito del presidente del PRI debido a su inercia con relación al caso.

Esa pérdida de crédito ha beneficiado sin ninguna duda a López Obrador, hasta la patronal tomó distancias con el PRI su partido de predilección hasta ahora. A diferencia de elecciones anteriores, la corrupción y la compra de votos no han podido impedir la victoria de López Obrador.

Una parte del crédito del que Amlo ha beneficiado lo ganó como alcalde de la capital de 2000 a 2005, periodo que utilizó para aplicar una apreciada política social en relación con la educación y la salud pública. Claude Sheinbaum, militante de Morena, acabó arrebatando el escaño de gobernador de Mejico al PRD, escaño ocupado por dicho partido durante 20 años.

López Orado durante su campaña electoral arremetió contra la corrupción, el crimen organizado y la desigualdad. Todos ellos temas candentes en una sociedad gangrenada por la corrupción de políticos, policías y militares. Los nueve cárteles de la droga dominando el país han participado, a su manera, en dicha campaña electoral; han eliminado físicamente a 145 políticos de los cuales para ellos, 48 eran candidatos indeseados.

El éxito de López Obrador es esperanzador pero desgraciadamente también podría ser causa de desilusión. Declarándose católico y afirmando que no es “ni chavista ni trumpista”, parece difícil establecer sus intenciones en cuanto a sus tareas inmediatas y la política que llevará a cabo.

Tampoco está claro que pueda aplicar a nivel estatal una política social parecida a la que aplicó como alcalde de Méjico. Más allá de la denominada “guerra de la droga”, que en realidad es una guerra civil aunque nadie quiera llamarla así (300 000 muertos en 12 años, 25 000 el año pasado), nada asegura que la presencia de las multinacionales estadounidenses permita la aplicación de dicha política.

El nuevo presidente tendrá que esperar aún cinco meses para poder ocupar sus nuevas funciones. Habrá que esperar entonces para saber si, como sus antecesores, será o no capaz de enfrentarse a las bandas armadas que devastan el país.

Por ahora, las trabajadoras y trabajadores que esperan un cambio real, podrían imitar a los que en el estado de Guerrero cuentan con sus propias fuerzas, creando su propia policía para eludir las exacciones de la policía oficial o armándose como los campesinos productores de aguacates para poner un término al robo de sus cosechas por parte de los cárteles.

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