El nuevo “derecho” interamericano

Fin al derecho internacional actual para “crear” un nuevo “derecho interamericano” que no es otra que la vieja Doctrina Monroe que hoy como ha dicho John Bolton en Miami

 

Este sábado 27 de abril, Venezuela, por decisión propia, ha dejado de pertenecer a la Organización de Estados Americanos (OEA). Nicolás Maduro, luego de denunciar la política injerencista de EEUU, anunció esta decisión formal hace dos años. Sin embargo, este hecho que es inédito en el sistema interamericano, ya que es el primer país que renuncia voluntariamente a seguir siendo miembro de este organismo, ha pasado totalmente desapercibido para la mayoría de medios de comunicación e ignorado olímpicamente por este gobierno.

Las razones de este “silencio” se encuentran en la sesión del nueve de abril del Consejo Permanente de la OEA donde se decidió por 18 votos a favor (uno de ellos el de Perú) y 14 en contra y/o abstenciones (entre ellos México y Uruguay), “designar” a Gustavo Tarre Briceño, enviado de Juan Guaidó como el “representante formal” de Venezuela ante dicho organismo interamericano. La idea era adelantarse al ya anunciado retiro de Venezuela, sin importar que ello significara consolidar lo que algunos han llamado una verdadera demolición del derecho internacional.

 

Porque “reconocer” a un representante de un “presidente autonombrado” y rechazado por el Estado miembro al que dice representar es, también, un hecho inédito. No se dio cuando Cuba fue expulsada de la OEA. Nadie propuso reconocer a un “gobierno cubano en el exilio”, como tampoco que ese “gobierno” nombrara a su “representante” ante la OEA. La solución fue una guerra de baja intensidad (incluido el bloqueo y el aislamiento internacional) de EEUU contra Cuba que dura hasta ahora y que hoy se agrava.

 

De forma paralela a esta sesión, como informó el colectivo “Misión Verdad” (09/04/19), Trump recibió las “credenciales" de Carlos Vecchio, como "embajador" del gobierno de Guaidó ante EEUU, mientras que el Secretario de Estado, Mike Pompeo, visitó varios países de América del Sur (entre ellos el Perú); y “Elliott Abrams se desplazó a España y Portugal para arrastrar a la Unión Europea (y al secretario general de la ONU, António Guterres) a un accionar más belicoso”. 

 

Y si bien, como dice “Misión Verdad” esta decisión de “reconocer” al representante de Guaidó ante la OEA es una respuesta norteamericana a la alianza de Venezuela con Rusia y China, ya que la presencia de estos países representa, según EEUU, una amenaza para América Latina, es también un hecho que demuestra que la administración norteamericana no acepta ni aceptará una solución negociada a la crisis venezolana como tampoco una mayor presencia política de China y Rusia en la región.  No son de extrañar por ello las recientes amenazas del almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de EEUU, respecto a que las fuerzas armadas de ese país están listas para “cumplir órdenes de intervención (contra Venezuela) si así lo decide el presidente Donald Trump” y que Venezuela “puede precipitarse por la pendiente de un país en estado de guerra, comparándolo con Siria, antes de final de año” (ABC:11/04/19). O es una invasión o es el modelo sirio. Tampoco extraña por eso las propuestas de un bloqueo naval contra Venezuela.

 

Estas amenazas, algunas de las cuales se discutieron en una reunión en Washington desarrollada bajo el título “Evaluación del uso de la fuerza militar en Venezuela” y donde estuvieron representantes del Departamento de Estado, del Consejo Nacional de Inteligencia y del Consejo de Seguridad Nacional, tienen que ver, como dice el diario La Vanguardia (24/04/19), con el evidente fracaso de la estrategia norteamericana y del Grupo de Lima que buscaba un “cambio de régimen instantáneo” con la autoproclamación de Juan Guaidó como “presidente” de Venezuela y una fractura de las FFAA de ese país. Ni Guaidó controla hoy un metro cuadrado de Venezuela ni las FFAA se han dividido. Por eso no es extraño, como dice este mismo diario, que la Unión Europea apoye el diálogo que lidera México. Asimismo, que la mayoría de los países del llamado Grupo de Lima hayan desistido del uso de la fuerza para resolver la crisis venezolana y que hasta el propio Elliot Abrams diga ahora que “el chavismo debe tener espacio en la transición venezolana”      

 

Y si bien se puede pensar que estamos en un momento de transición respecto al papel de EEUU, lo que importa decir es que la disolución del derecho internacional que hoy proponen este país y sus aliados para derrocar al gobierno de Maduro, es también una estrategia a futuro de los sectores neoconservadores norteamericanos para enfrentar a los gobiernos progresistas en la región. Por ello, lo que está en juego no es necesariamente una invasión militar a Venezuela, que el propio Guaidó y el Grupo de Lima en su última reunión del 15 de abril en Chile, han descartado, sino más bien la consolidación de una política que busca crear tanto un grupo de países leales a los intereses norteamericanos como un nuevo modelo de intervención (o de “solución”), que hoy se aplica en Venezuela y mañana se podría aplicar en otros “países rebeldes” de la región:  una guerra de baja intensidad y de desgaste para provocar una fractura de las FFAA, un golpe militar y un levantamiento popular que legitime dicho golpe. Es decir, combinar la promoción de golpes militares como en los años setenta, con una guerra de desgaste como en la Nicaragua de mediados de los ochenta. Estos “países rebeldes”, más allá de la opinión que se tenga sobre ellos. son actualmente Cuba, Venezuela y Nicaragua, que el asesor John Bolton ha llamado la “troika de la tiranía” y que “Estados Unidos espera ver caer cada esquina de este sórdido triángulo: en La Habana, en Caracas y en Managua”. 

 

Es por ello que se busca poner fin al derecho internacional actual y “crear” un nuevo “derecho interamericano” que no es otra que la vieja Doctrina Monroe que hoy, como ha dicho John Bolton en Miami, el mismo día en que se recordaba la fracasada invasión a Bahía Cochinos (Cuba) el 17 de abril de 1961, está “vivita y coleando”. Por eso y por muchas cosas más podemos afirmar que la política exterior del gobierno del presidente Vizcarra no solo es de derecha sino también que está equivocada y que hoy ha fracasado. Se requiere, por tanto, un cambio urgente. 

 

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