Colaboraciones y terroristas

El mariscal Pétain que colaboraba con la invasión alemana juzgó por “alta traición” y "terrorismo" al general Charles de Gaulle y le condenó a muerte por alentar al pueblo a la resistencia y combatir a la ocupación y a los colaboracionistas
Insurgente
 
Posiblemente el caso más conocido y paradigmático de colaboracionismo con el ocupante extranjero sea el de Phillippe Pétain. Este individuo despreciable, al que en Francia se le consideraba un héroe de la Primera Guerra Mundial contra Alemania, después de la derrota en 1940 de los ejércitos franceses y del cuerpo expedicionario británico por las tropas nazis, se convirtió en el principal colaborador del enemigo, prestándose a la maniobra hitleriana del falso Estado Francés, conocido en la Historia como la “Francia de Vichy”.

Pretendían los nazis mantener la ficción legal de la existencia de una entidad estatal francesa para controlar los extensos territorios sometidos entonces al imperialismo francés en África, Asia y América.

Pero el mariscal Pétain no se limitó a servir de coartada a los intereses de los ocupantes de su país. En el sureste francés el gobierno títere del nazismo estableció un régimen fascista que declaró a los patriotas de la Resistencia que combatían a los ocupantes alemanes en la clandestinidad de las ciudades, en los bosques y las montañas, como “bandas terroristas” que, en estrecha colaboración con la Gestapo y las tropas nazis, debían ser exterminadas.

Siguiendo esta política de colaboración con los invasores, el gobierno de Vichy encabezado por Pétain llegó a juzgar por “alta traición” al general patriota Charles de Gaulle, dictando sentencia de muerte contra él. De Gaulle, a través de emisiones radiofónicas desde Londres, alentaba al pueblo francés a resistir la ocupación y a combatir tanto a los alemanes como a los franceses traidores colaboracionistas, por lo que fue considerado por el gobierno de Vichy como un dirigente del “terrorismo”.

Por supuesto, cuando los nazis cometían atrocidades contra la población francesa empleando el método criminal del castigo colectivo por las acciones de la Resistencia, Pétain y sus secuaces culpaban a los patriotas guerrilleros pues, afirmaban, sus “actividades terroristas” provocaban las represalias de los ocupantes alemanes.

Es fácil ver el paralelismo de aquella situación histórica con el papel que hoy juega, en el conflicto de Oriente Próximo, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

Mahmud Abbas y su camarilla dirigente de Al Fatah, que “gobierna” un territorio cada vez más reducido de la Cisjordania ocupada donde los sionistas construyen a toda velocidad miles de viviendas para sus colonos, siguiendo su inveterada práctica de robar tierras “por razones de seguridad”, disponen de una fuerza de policía colaboracionista entrenada, equipada y armada por el Estado de Israel, como valiosos ayudantes en su represión de los patriotas de la Resistencia armada palestina.

Y -¿cómo no?- el colaboracionista Abbas califica a los combatientes por la libertad de Palestina, remedando servilmente a los sionistas y a los imperialistas euronorteamericanos, de “bandas terroristas”.

Y, al igual que el traidor Pétain en la Francia ocupada por los nazis en los años cuarenta, culpa a los patriotas de la Resistencia por las atrocidades y los crímenes de los sionistas contra los civiles palestinos indefensos.

Pretende el vendido Abbas que los combatientes de la Resistencia son responsables de la ruptura del alto el fuego o tregua pactada, con la intermediación de Egipto, durante los últimos seis meses entre Israel y Hamás y, por lo tanto, los culpa de las consecuencias de los criminales ataques aéreos y artilleros contra la población civil de Gaza que llevan a cabo los israelíes con la complicidad del imperialismo norteamericano y la pasividad de los gobiernos europeos.

Sin embargo, toda la responsabilidad por la no renovación de la tregua recae en los sionistas que no respetaron ni un solo día sus compromisos relativos a la extensión del alto el fuego también a Cisjordania, y a la completa apertura sin restricciones de los pasos fronterizos.

Violando flagrantemente los acuerdo de la tregua, el gobierno de Israel, con la eficaz colaboración de la policía de Abbas, se dedicó a perseguir, detener y asesinar a los activistas de la Resistencia en Cisjordania, y abría y cerraba a su antojo los pasos fronterizos, permitiendo sólo a cuentagotas la llegada de suministros para la población de Gaza.

En estas circunstancias, Hamás no tenía otra salida que la no renovación automática del acuerdo, y la exigencia de una nueva negociación para garantizar el cumplimiento de los compromisos por parte de los tramposos israelíes.

El cinismo del resentido presidente de la ANP, que no le perdona a Hamás el que haya ganado ampliamente las elecciones parlamentarias, parece no tener límites. Siguiendo el ejemplo de los gobiernos europeos, que tanto presumen de demócratas cuando les conviene, renegó de los resultados y de la decisión libre y democrática del pueblo palestino, sumándose al sabotaje del Gobierno legítimo encabezado por Hamás, que goza de una amplia mayoría absoluta en el Parlamento.

Y ahora, cuando se desarrolla la decisiva batalla de Gaza y la heroica Resistencia palestina se enfrenta a las hordas sionistas invasoras y genocidas, y los valerosos combatientes de Hamás, de la Yihad y de otros grupos de patriotas derraman su sangre y entregan sus vidas por la libertad de su tierra, el despreciable traidor colaboracionista Mahmud Abbas, el mismo arribista corrupto que los israelíes y los norteamericanos le impusieron a Yasser Arafat como primer ministro, después de prohibir a la población palestina de Cisjordania las manifestaciones de apoyo a los combatientes de Gaza se pasea, como un títere de feria movido por los hilos controlados desde Tel Aviv, por Europa y los Estados Unidos, reuniéndose con los gobiernos que sostienen económica, política y militarmente al sionismo, y ofreciéndose para un acuerdo de alto el fuego en las condiciones más favorables para Israel.

Sueña el traidor con la derrota de Hamás y con su vuelta triunfal a Gaza, para perpetuarse como el perrillo faldero de los sionistas y los imperialistas.

Pero como sucedió en Francia, el Pétain palestino sólo conseguirá el más profundo desprecio de su pueblo que, llegado el momento de la liberación de la patria y de hacer balance del comportamiento y la contribución de cada uno a la lucha de liberación nacional, le hará pagar su oprobioso crimen de colaboracionismo con el enemigo.


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