Por la senda del Pacifismo (101)

Por la senda del Pacifismo (101)

 

"Las bombas atómicas que Estados Unidos usó contra Japón tenían entre 15 y 21 kilotones y generaron un hongo nuclear que no alcanzó los 10 mil metros de altura, que no es poca altura, un avión comercial de pasajeros viaja a una altura de 10 a 15 mil metros. Pero la capacidad atómica hoy ha aumentado en cien, mil y más veces, por ejemplo, la bomba atómica norteamericana B83 tiene mil kilotones y un hongo nuclear que llega a los 20 mil metros de altura y la Castle Bravo tiene 15 mil kilotones y un hongo nuclear que alcanza los 30 mil metros de altura pero la bomba atómica rusa “Bomba del Zar” es un gigante, con 50 mil kilotones y un hongo nuclear que alcanza los 40 mil metros de altura"

Nora Fernández

 

La descripción que nos da Nora Fernández en la cita de entradilla que hemos rescatado es absolutamente escalofriante. Y ante tamaño despropósito...¿qué puede hacer una sociedad mínimamente inteligente? Si tenemos un mínimo de sentido común, entenderemos que lo mejor es que, simplemente, estos dispositivos nucleares dejen de existir. Lo que ocurre es que la filosofía estadounidense de la posesión individual de armas de fuego (recogida incluso en su Constitución fundacional), teoría y argumento irracionales donde los haya, ha calado profundamente en el resto de países, que han entendido aplicando esta falaz lógica que la mejor manera de disuadir un ataque es estando "bien preparado" para dicho ataque, o si se prefiere, bien preparado para contraatacar. Y así, se razona peligrosamente del siguiente modo: si mi vecino tiene una bomba peligrosa yo tengo que fabricar una más poderosa que la suya. Los avances han ido enfocados por ese camino, que es el camino equivocado. ¿Cuál es el camino más correcto? La senda pacifista razonaría en cambio del siguiente modo: si mi vecino posee una bomba peligrosa, tengo que convencerle para que desista de poseerla. Es en este razonamiento en el que nos basamos precisamente para concluir que son los países nucleares los mayores culpables de la ausencia de un procedimiento de retirada nuclear, o si se quiere, de desarme nuclear. Porque mientras la comunidad internacional hace algunos avances (que vamos a comentar a continuación), las grandes potencias nucleares no están por la labor. Saben que son las que tienen "la sartén por el mango" y aplican una filosofía absolutamente autodestructiva. 

 

Rodolfo Bueno nos lo explicaba muy bien en su artículo de referencia que estamos siguiendo. Allí se nos cuenta que a lo largo de la reciente historia, la humanidad ha intentado definir qué guerra puede ser considerada justa (si es que esta acepción es aceptable) y qué requisitos debería cumplir para poder ser tildada de esta forma. Últimamente se han alcanzado acuerdos y convenios internacionales, jurídicamente vinculantes, que permiten definir cuándo, de acuerdo con el derecho internacional, una determinada guerra puede ser considerada "justa" (como decimos, con las limitaciones y reservas que este término pueda alojar). En este sentido, la Carta de las Naciones Unidas ha consagrado que toda acción militar debe ser emprendida como último recurso, debe basarse en la defensa propia y no debe agredir a civiles y no combatientes. También se hace énfasis en determinado grupo de armas que no pueden utilizarse, así como en la posibilidad de un arbitraje internacional, y en evitar ser el primero en usar la fuerza en la resolución de los conflictos. Nosotros, desde la plena asunción de la senda pacifista, llevamos propugnando esto desde el primero de los artículos de esta serie, porque entendemos que es precisamente este punto el que no se acaba de asumir sin fisuras por parte de nuestros gobernantes. Pero en el práctica, y pese a todo ello, el Departamento de Defensa de Estados Unidos considera usar armas atómicas para destruir los reactores nucleares de Irán (con quien Donald Trump acaba de romper el acuerdo firmado por su antecesor Barack Obama en 2015, junto a un buen número de países), y la OTAN, por su parte, se ha negado a descartar el uso de este armamento como medida preventiva. Rodolfo Bueno concluye de forma clara: "Es imposible concebir cómo el uso de armas nucleares se compagine con cualquiera de los requisitos mencionados por la ONU".

 

Durante la Guerra Fría (período que cubre aproximadamente desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta comienzos de la década de los 90 del siglo XX), la OTAN y los Estados Unidos justificaban esta actitud por la proximidad de las fuerzas soviéticas a las capitales europeas. Hoy día, y pese a que la URSS ya no existe, se niegan a revisar esta política claramente agresiva y belicista. Pero es más: nos continúan presentando a la Federación Rusa como el verdadero "malo" de la película, y por tanto continúan justificando el agresivo comportamiento que las fuerzas de la OTAN llevan a cabo, cercando y hostigando a Rusia mediante sus antiguos países satélites. No seremos nosotros quienes justifiquemos el imperialismo ruso (ya lo hemos expuesto en entregas anteriores y hemos manifestado claramente la vocación antiimperialista del pacifismo internacionalista), pero si atendemos a la historia, llegamos a la conclusión de que el imperialismo estadounidense ha hecho mucho más daño al mundo. Sin embargo, se nos continúa fomentando la idea de los "bloques" antagónicos, mostrándose para los países occidentales a Rusia como el enemigo, y a Estados Unidos como los aliados. Una inmensa falacia del mundo contemporáneo. En todos los países nuclearmente armados, con Estados Unidos a la cabeza, se fabrican regularmente nuevos artefactos nucleares, y se legitima su posesión, cuando como estamos viendo, es un peligro potencial ni siquiera imaginable en todas sus circunstancias. Se trata de una obsesión del complejo militar-industrial (hemos hablado de él a fondo en el bloque temático anterior), que desde hace décadas expone todos los argumentos posibles, por irracionales que sean, para justificar esta execrable actividad. 

 

Además, las armas nucleares no forman una categoría separada en el arsenal de Estados Unidos, sino que están integradas en el conjunto general de armas que el Presidente puede utilizar de igual manera que cualquier otro tipo, lo que complica la situación, especialmente con el actual Presidente Donald Trump, un magnate arrogante y sin escrúpulos al que le gusta jugar a ver quién es el más temerario, tanto con la clase trabajadora como con el resto de países que no se someten a sus designios. La OTAN por su parte también almacena cabezas nucleares en países europeos, hecho que ya se contempla en el tratado. Hasta el año 2005, Estados Unidos tenía almacenadas unas 180 bombas atómicas tácticas en sus bases militares de Alemania, Bélgica, Holanda, Italia y Turquía. Desconocemos cuál es el número en la actualidad. La OTAN explica esta circunstancia con el argumento de que Estados Unidos controla estas cabezas nucleares y que sólo las empleará si son atacados, pero el Movimiento de Países No Alineados reiteró su posición contraria a esta posibilidad. Es decir, que mediante las bases militares estadounidenses situadas en nuestros territorios europeos, hacemos de completos vasallos de los intereses norteamericanos, por el simple hecho de pertenecer a la Alianza Atlántica. Pero USA no solo contempla estas prácticas, sino que además, pese a las bellas palabras de algunos de sus Presidentes (no es el caso del actual, que sólo sabe insultar y provocar), incumple reiteradamente el Tratado de No Proliferación Nuclear, por ejemplo al firmar con la India el acuerdo para abastecerla de reactores y tecnología nuclear avanzada. Lo mismo puede decirse respecto a su cooperación militar con Israel y Pakistán para fortalecer y modernizar sus arsenales nucleares. Por si fuera poco, ya ha mostrado su interés en desarrollar nuevas categorías de este armamento nuclear durante la próxima década, por valor de 348 billones de dólares. 

 

Todas estas actitudes, incumplimientos y provocaciones han obligado a Rusia, basada en la justificada desconfianza que siente hacia la política militarista de Estados Unidos, a diversificar también sus armas nucleares. En esta situación, ambos países, al desarrollar ojivas nucleares tácticas de menor potencia, que pueden ser usadas sin que se produzcan grandes cantidades de radiación, ignoran y violan constantemente el TNP. Además de este tratado de No Proliferación y de los diversos foros de la ONU, existe también el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que tiene como fin impedir la extensión de las armas nucleares. Se trata de un foro intergubernamental orientado a la cooperación científica y técnica para el empleo y utilización de la energía nuclear con fines pacíficos a nivel mundial. Este OIEA se encarga, mediante inspectores internacionales, de supervisar la aplicación de las salvaguardas nucleares, y de tomar medidas para verificar que los programas nucleares para usos civiles se someten a los requisitos exigidos. Si el OIEA constata que algún Estado (de los 133 que lo componen) no ha cumplido con sus obligaciones, somete el caso al Consejo de Seguridad de la ONU, que es el único organismo habilitado para tomar medidas que remedien la infracción. Pero de nuevo, todo esto no se aplica para los cinco países nuclearmente armados, sólo para los países no poseedores de armamento nuclear. Por lo cual, como vemos, estamos otra vez ante un absurdo y un despropósito que sólo sirve a los intereses de los países que dictan a los demás lo que pueden o no pueden hacer, reservándose ellos el derecho (como si de una gracia divina se tratara) de poseer armas nucleares y de controlar su evolución, sin someterse a los dictados de ningún organismo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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