Por la senda del Pacifismo (105)

Por la senda del Pacifismo (105)


"La Organización de las Naciones Unidas es, en la práctica, una aberración degenerada, enemiga de sus propios principios, servil al imperialismo y dedicada a justificar ocupaciones, ataques, violaciones de todo tipo para asegurar, a los poderosos, ganancias por el saqueo de materias primas, control sobre mercados o zonas estratégicas, explotación y esclavitud de la mano de obra e impunidad descarada para enajenar conciencias. Ni olvido ni perdón, para las tropelías imperialistas a las que la ONU ha servido en su historia. Ni perdón ni olvido a las injusticias cometidas contra Cuba, Yugoslavia, Venezuela, Haití, Afganistán, Iraq, Libia… la ONU toda y su ‘Consejo de Seguridad’ deben someterse de inmediato a una auditoría político-económica radical. Y a todas las sanciones que les quepa a los responsables directos"

Fernando Buen Abad Domínguez (“La ONU: impunidad y fracasos seriales”, 2011)

 

La ONU, hoy día, sobre todo, es un foro desnaturalizado y desautorizado, cuyas famosas resoluciones se convierten rápidamente en papel mojado, dejando la gobernanza mundial en manos de las despóticas potencias que imponen sus criterios y sus decisiones al resto. Pero ya en el artículo anterior de esta serie comentábamos cómo ese gobierno mundial "de facto" ha ido migrando a otras instituciones que representan a determinados países, y que se reúnen y organizan "cumbres" cada cierto tiempo, unos exclusivos foros donde plantean preguntas y respuestas a la situación internacional en sus diversos focos. Responden al acrónimo GXX (G7, G8, G20...), y a foros del estilo de Davos, Club Bildelberg, Trilateral, etc. Sus reuniones aglutinan a la flor y nata de los líderes mundiales, tanto políticos como económicos, más otros personajes "invitados" (la lista varía de una cita a otra). Para vislumbrar la naturaleza de este tipo de cumbres, vamos a seguir a continuación el fantástico artículo de Thierry Meyssan para el medio digital Voltairenet.org titulado con el sugestivo nombre: "El G7, cumbre de la hipocresía occidental", publicado en mayo de 2016. Intentaremos resumir lo más interesante de lo que cuenta este prestigioso analista en dicho artículo. Hoy día, este tipo de foros intentan convertirse en el gobierno del mundo, pero son simplemente ejercicios de comunicación entre sus líderes. Intentar hacer de un Gxx un foro de gobernanza mundial sería absolutamente absurdo e injusto, pero además de esto, en dichas reuniones los líderes sólo barren cada uno para dentro, es decir, miran a los intereses de su propio país. 

 

Estas reuniones se distinguen por su ausencia de protocolo, por su carácter simple, relajado y amistoso, pero presentan un grave inconveniente de cara al entendimiento global. Sin ir más lejos, actualmente no se invita a Rusia a las reuniones del G7, lo cual es absolutamente improcedente y temerario. Los principios de una gobernanza democrática mundial tienen que superar el estilo de una clase dirigente transnacional que se reúne para intercambiar sus puntos de vista y expresar sus conveniencias personales. El gobierno democrático del mundo tiene que ser otra cosa. Más plural, más justo, más democrático. El G7 es hoy día un simple encuentro entre vasallos, donde Estados Unidos y Alemania indican los parámetros del discurso donde los demás se mueven. En la introducción de su declaración (en la Cumbre del G7 de Ise-Shima de 2016) los miembros del G7 subrayan sus valores comunes, siendo los cuatro principales, a saber: la libertad, la democracia, el estado de derecho, y el respeto a los derechos humanos. Luego, afirman ser capaces de garantizar la paz, la seguridad y la prosperidad del mundo. Para a continuación, señalar lo que ellos fijan como su prioridad: el crecimiento económico global. En palabras de Thierry Meyssan: "Hasta un niño puede ver fácilmente que esas "personas mayores", cuando afirman que su prioridad es el crecimiento económico global, se burlan de los ideales objetivos que dicen defender". Y ello porque es una clara contradicción defender dichos sagrados principios, a la vez que se proclama un crecimiento económico global que surge de los valores que el capitalismo y el neoliberalismo inspiran a los gobernantes, y que son precisamente valores enemigos a los proclamados. En realidad, los puntos fundamentales de las declaraciones políticas que salen de las reuniones de los Gxx son un catálogo de las principales mentiras occidentales del momento. 

 

En los últimos años, las famosas Cumbres de los Gxx han estado también aderezadas con la presencia de otros invitados, como por ejemplo, el Secretario General de la ONU. Es absolutamente bochornoso que el más alto representante de la comunidad internacional se una a los indecentes postulados de este club selecto de los más potentes, anulando así la voz y los puntos de vista de todos los demás países cuyos líderes o gobernantes no piensan así, o pueden aportar otros enfoques. Y así, estos foros al más alto nivel pontifican sobre asuntos mundiales tales como el terrorismo internacional, los refugiados, los focos de conflicto, el desarme nuclear, o la mismísima reforma de la ONU. Pero también hablan de derechos humanos (cuando son los más ignorantes sobre estos temas, a la par que los más cínicos), y lo que hacen es ligar todo ello bajo un único discurso altisonante que bajo la bandera de su defensa lo que hace es destruirlos poco a poco. Modelan el derecho internacional a su antojo, y tejen secretas alianzas para proteger sus intereses, sin importarle que en este empeño se desintegren países completos, o sufran millones y millones de personas. Normalmente, los países miembros de los Gxx participan en las campañas más hostiles y en los planes más violentos para culminar sus objetivos. Se basan en su fuerza y en la defensa de sus intereses. A estos Gxx no les interesa la paz mundial ni la gobernanza democrática de las naciones. Mucho menos los derechos humanos y de la naturaleza. Así que bajo estos mimbres, y con la ONU como "invitada de honor", poco avanzaremos hacia marcos de democracia internacional. Así que cuando estos foros hablan de paz, de seguridad internacional, de derechos humanos, de integridad territorial de las naciones, de crecimiento económico, o de progresos de la sociedad, únicamente se refieren a lo que ellos entienden sobre todos estos asuntos, que dista mucho de parecerse a la verdadera defensa de los mismos. 

 

Los Grupos Gxx deberían desaparecer, o celebrarse únicamente en el marco de actuación y/o delegación de las Comisiones de la ONU. La ONU, bajo la refundación que propugnamos, debería ser el único foro mundial autorizado a definir los intereses de la comunidad internacional, y ello debiera formularse en el contexto de aportación democrática de cada una de las naciones. Cualquier otra cosa es exacerbar la potencia de unos cuantos países que se creen los dueños del mundo, y lo que es peor, quieren que el mundo funcione a los pies de sus intereses, imponiendo sus criterios. Los Gxx denuncian ante la ONU la violación de sus resoluciones sólo cuando a ellos les interesa, precisamente cuando son ellos los mayores violadores de las mismas. La prueba más palpable es el conflicto palestino-israelí, donde la inmensa mayoría de resoluciones de la ONU (por no decir todas) han sido sistemáticamente ignoradas, violadas o incumplidas durante los últimos 60 años. Ningún otro país haría de esta violación una norma, pero es que Israel se encuentra a salvo y perfectamente protegido por estas grandes potencias, que son las que dominan el mundo. En especial, Israel posee una unión inquebrantable con Estados Unidos, que desde siempre se han posicionado en su defensa, y los financian millonariamente en sus proyectos. La prueba de la influencia de las grandes potencias en la ONU es que existen varios países "apestados", a los cuales se les ataca y no se respeta su soberanía (Venezuela, Cuba o Corea del Norte, por poner los ejemplos más significativos), mientras el demonio estadounidense continúa haciendo de las suyas por todo el mundo, embarcándose en guerras sin el consentimiento de la ONU, y atacando los gobiernos legítimos de los países que no obedecen sus designios. 

 

El cinismo de los Gxx es total: hablan de paz, pero sus acciones y decisiones tienen siempre un carácter imperialista. Hablan de integridad territorial, pero son los primeros que apoyan las revoluciones y Golpes de Estado blandos que impulsen el desarrollo y la implantación de sus políticas. Hablan de desarme, pero ellos son los primeros que no están dispuestos a reducir progresivamente su arsenal. La hipocresía de Occidente sólo tiene parangón con la incapacidad de la ONU para cumplir con sus objetivos. En este artículo para el medio Publico, la prestigiosa analista Nazanin Armanian explica: "La Organización de las Naciones Unidas (ONU) nació como resultado de un acuerdo entre Roosevelt, Stalin y Churchill con el objetivo de "salvar a las generaciones venideras de la guerra" y garantizar la seguridad colectiva. Otorgar el poder del veto a cada uno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad (CS) para invalidar cualquier resolución o decisión tomada, surge de los soviéticos que de este modo impedían la formación de alianzas entre los países capitalistas que habían provocado las dos grandes guerras, garantizando la paz mundial. Medida que perdió su razón de ser al desaparecer la URSS en 1991: ninguno vetó las criminales sanciones a los civiles en Yugoslavia, Libia, Somalia, Sudán, Haití e Irán. Sólo en Iraq, dichos embargos, que prohibían la entrada de hasta leche en polvo causaron la muerte de millón y medio de civiles, casi la mitad de ellos niños. Tampoco vetaron el anunciado complot de la OTAN contra Libia". Y por cierto, la ONU también ha sido incapaz de levantar los criminales embargos y bloqueos económicos que el gigante estadounidense ha estado imponiendo a Cuba durante más de 60 años. Aún continúa haciéndolo. Tal es su naturaleza. ¿Sirve entonces la ONU para algo? ¿No necesitaría ser reformada? ¿Y qué tal si fuera refundada? Seguiremos en próximas entregas. 

 

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