Guerra de nervios

Ensayos nucleares de Corea del Norte


L’Humanité

Pyongyang efectúa nuevos lanzamientos de misiles y revisa el armisticio de 1953 tras la adhesión de su vecina del Sur al Tratado de No Proliferación. Traducido para Rebelión por Caty R.


Después del anuncio, el lunes 25 de mayo, de un segundo ensayo nuclear (el primero fue en 2006) condenado por el Consejo de Seguridad, Corea del Norte procedió, el martes y el miércoles, a nuevos disparos de misiles. Según la prensa de Corea del Sur, la del Norte, además, habría reactivado la producción de combustible nuclear en su planta de Yongbyon. La escalada verbal continuó. Pyongyang declaró que consideraba la decisión de Seúl, anunciada la víspera, de adherirse al Tratado de no Proliferación (TNP), como «una declaración de guerra», en un comunicado del ejército citado por la agencia norcoreana KCN. «Nuestro ejército ya no está obligado por el armisticio de 1953», prosigue el comunicado, que denuncia la hostilidad que reviste, concretamente, la integración de Corea del Sur en el TNP. Esto «dará lugar a una respuesta militar firme e inmediata». Hasta ahora, Seúl sólo tenía un estatuto de observador en el TNP. Promovido por Estados Unidos en 2003, el Tratado agrupa a 90 países, incluye las maniobras militares y autoriza la inspección, en alta mar, de barcos sospechosos de transportar material nuclear y otras armas de destrucción masiva.

A falta de un tratado de paz tras el armisticio de 1953, que puso fin a un conflicto de tres años que desgarró la península, oficialmente, las dos Coreas siguen en estado de guerra. Por otra parte, es en este sentido que Estados Unidos mantiene más de 28.000 militares en Corea del Sur y todos los años se despliegan maniobras conjuntas entre los ejércitos estadounidense y surcoreano. Este año, las maniobras comenzaron 9 de marzo de 2009, fueron excepcionalmente prolongadas –once días frente a los cinco del año pasado- y movilizaron a 26.000 soldados estadounidenses y 30.000 surcoreanos. Pyongyang condenó esas maniobras. Para algunos observadores, su anulación habría constituido «una firme señal dirigida a reducir las tensiones y habría marcado la apertura de una nueva era de diálogo en la península coreana».

Con Seúl, de la relajación a la tensión

Sin embargo ese diálogo, incluso antes de las provocaciones de Pyongyang, se ha ralentizado seriamente en los últimos meses después de la aproximación iniciada en el año 2000. Las relaciones entre los dos vecinos coreanos se deterioraron desde la llegada al poder en Seúl, en febrero de 2008, del conservador Lee Myung-bak, generalmente calificado de «traidor» por el Norte. Rompiendo con la tendencia conciliadora de sus predecesores, Lee propone una línea firme con respecto a Pyongyang y exige progresos tangibles en el proceso de desnuclearización. Tras el acuerdo de febrero de 2007 en el marco de las negociaciones «a seis» (China, las dos Coreas, Estados Unidos, Japón y Rusia), se realizaron progresos: desactivación e inicio del desmantelamiento de la central de Yongbyon y, por parte de Washington, supresión de la RPDC de la lista de los países que apoyan el terrorismo. Después, el proceso se estancó. Estados Unidos exige medidas de verificación del desmantelamiento que, según Pyongyang, van más allá de los términos del acuerdo. Desde su llegada al poder, Barack Obama no ha hecho ninguna propuesta nueva con respecto a Corea. Pyongyang se impacienta y denuncia la «política hostil» de la nueva administración estadounidense.

Washington y nada más que Washington

Ahí está el quid de la cuestión para Pyongyang. Detrás del ensayo nuclear hay que ver la voluntad de las autoridades norcoreanas de reanudar un diálogo directo con Washington como el que comenzó en los años ochenta con la administración Clinton. Se trata de una estrategia a largo plazo desde finales de los años ochenta: dotarse de un arma disuasoria con el fin de negociar, en una posición fuerte, con Estados Unidos un tratado de paz, las garantías de seguridad y una ayuda económica. Ya parecen dispuestos a todo para lograr sus fines.

¿Una guerra de sucesión anunciada?

También hay que tener en cuenta que en la actualidad la situación es muy delicada para Corea del Norte, que padece una grave crisis económica y una serie de penurias, pero sobre todo está viviendo el comienzo de la incierta sucesión de su actual dirigente Kim Jong-il. Este último, que al parecer sufrió un derrame cerebral en el verano de 2008, desearía acelerar el desbloqueo de las negociaciones con Estados Unidos mientras intenta establecer un dispositivo sucesorio que garantice el poder a su familia. El pasado 14 de abril, el presidente nombró a su cuñado, Jang Song-thek, al frente del Comité Nacional de Defensa, que actuará como regente para garantizar el poder al heredero designado, Kim Jong-un, el hijo menor de Kim Jong-il (1), de veinticinco años. Según la revista estadounidense Foreign Policy, el nombramiento no consiguió la unanimidad de los militares. Algunos expertos señalan que ciertas élites del país empiezan a cuestionar la legitimidad de la «tercera generación» de los Kim para dirigir el país.

Pekín y Moscú, irritadas y preocupadas

Rusia, que preside este mes el Consejo de Seguridad, ha declarado que apoyará una respuesta firme de la ONU, pero no el aislamiento del régimen de Pyongyang. China se ha declarado «resueltamente opuesta» al ensayo norcoreano y ha exhortado a Pyongyang a «detener cualquier actuación susceptible de enconar la situación» y a «respetar sus compromisos de desnuclearización». Pero Pekín tiene una preocupación esencial, la de no desestabilizar a su vecino norcoreano y, sobre todo, que no haya tropas estadounidenses en su frontera –que sería el caso si se reunificara la península-. Rusia y China comparten el mismo análisis con respecto a la adopción de nuevas sanciones contra Pyongyang. Dichas sanciones no tendrían demasiados efectos salvo el de empujar a los más extremistas del régimen al atrincheramiento y esto afectaría a la población. Para Pekín, sólo una aproximación flexible, un toma y daca, permitirá detener la espiral. En cuanto a Rusia, aunque anunció «medidas preventivas», incluso militares, hace un llamamiento para reanudar las negociaciones «a seis». La «guerra de nervios» en torno al asunto nuclear norcoreano no debería degenerar en un enfrentamiento militar, ha afirmado un responsable anónimo del ministerio de Asuntos Exteriores ruso, para quien «se impone la moderación».

Nota de la traductora:

(1) El 2 de junio aparece en la prensa el nombramiento del sucesor.

Texto original en francés:

http://www.humanite.fr/2009-05-28_International_Nucleaire-nord-coreen-la-guerre-des-nerfs

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