La gota que colma el vaso en la revolución egipcia

La muerte de Mohamed Morsi

La dramática muerte de Morsi puede parecer el epílogo de la Revolución del 25 de enero, pero también puede señalar el comienzo de un nuevo debate sobre el futuro de Egipto. 

 

La dramática muerte de Mohamed Morsi el pasado lunes, el único presidente egipcio electo democráticamente en la historia reciente, no fue realmente una sorpresa.

 

Es difícil imaginar un momento más irónico: tan solo dos semanas antes del sexto aniversario de su destitución y arresto tras el golpe militar que lo expulsó de su cargo un año después de llegar a la presidencia.

 

La única sorpresa es que pudiera aguantar tanto tiempo en condiciones tan deplorables.

 

Una personalidad poco conocida

 

Morsi fue profesor de Ingeniería en la Universidad Zagazig de Egipto hasta 2010. En 1982 se doctoró por la Universidad del Sur de California y fue nombrado, ese mismo año, profesor adjunto en la Universidad Estatal de California, en Northridge, un puesto que ocupó hasta 1985, año en el que regresó a Egipto.

 

Fue miembro del Parlamento durante el período 2000-2005. Al igual que todos los integrantes de la Hermandad Musulmana (HM), se presentaba como independiente porque el grupo no podía organizarse oficialmente como tal durante los treinta años de reinado de su predecesor, Hosni Mubarak, quien fue derrocado en un levantamiento popular en enero de 2011.

 

Antes de salir elegido en 2012, Morsi era un miembro poco conocido del Partido por la Libertad y la Justicia (PLJ), el ala política de la Hermandad, socialmente conservadora aunque progresista a nivel político, que había barrido en las únicas elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas de la historia celebradas en Egipto en 2011-2012.

 

El ascenso del PLJ al poder se convirtió en el blanco de los altos cargos militares, que apuntaban con sus armas de precisión láser a Morsi, quien no solo simbolizaba su afiliación islamista, también defendía la abrumadora demanda de que se instaurara un gobierno civil.

 

Falsas acusaciones

 

A principios de julio de 2013, el actual presidente de Egipto, Abdel Fatah El-Sisi, movilizó a los medios de comunicación, al poder judicial y a los servicios de inteligencia para derrocar a Morsi, encabezando un golpe de Estado contra el hombre que lo había nombrado.

 

Según un informe de 2017 de Human Rights Watch (HRW), Morsi fue arrestado e incomunicado sin cargos ni proceso judicial durante 23 días hasta que las autoridades anunciaron una investigación contra él.

 

Tuvo que enfrentarse a toda una serie de cargos falsos que incluían espionaje para Qatar y Hamas y haber salido de la cárcel, en medio del caos del levantamiento de 2011, dos días después de que fuera detenido ilegalmente.

 

Morsi apareció en el tribunal por vez primera cuatro meses después. Encerrado en una jaula a prueba de sonido, no se le permitió el acceso a su abogado, violando así los derechos del debido proceso. Durante los tres años siguientes, Morsi estuvo recluido en régimen de aislamiento, tiempo durante el cual se le mantuvo completamente incomunicado con el mundo exterior.

 

En los primeros cuatro años de su encarcelamiento, a la familia de Morsi solo se le permitió visitarlo en dos ocasiones, una primera en noviembre de 2013 y una segunda en junio de 2017, en la que pudo al fin ver a su esposa e hija durante treinta minutos. Sus cuatro hijos y otros parientes no pudieron visitarlo.

 

 

Una mujer sostiene una pancarta con la imagen del expresidente egipcio Mohamed Morsi en una protesta contra Sisi en Atenas en diciembre de 2015 (AFP)

 

El trato que recibió fue el típico que se aplica a los alrededor de 60.000 presos políticos que actualmente se encuentran en la cifra creciente de prisiones egipcias.

 

La salud de Morsi, que padecía diabetes y también una enfermedad hepática, se deterioró por lo que él creía que era una estrategia deliberada para acabar con su vida por negligencia médica.

 

El 8 de junio de 2017, el equipo de la defensa de Morsi presentó una queja al fiscal general solicitando su traslado a un establecimiento de salud privado para que le examinaran, haciéndose eco de las preocupaciones planteadas por el propio Morsi durante una comparecencia ante el tribunal en agosto de 2015 y en mayo pasado.

 

Un legado clamoroso

 

Si bien no hay duda de que Morsi fue una figura que creó división, tampoco hay duda de que cualquier presidente civil elegido en una votación libre y justa que cuestione el gobierno militar iba a crearla.

 

Siempre existirán aquellos cuyo odio visceral hacia los islamistas de todas las tendencias triunfará sobre cualquier lógica. Por otra parte, hubo también quienes no apreciaron fallo alguno en Morsi y en el PLJ.

 

Sin embargo, lo que no me esperaba era esa enorme zona gris intermedia, esa efusión de simpatía y tristeza por lo que tuvo que enfrentar e indignación por la injusticia que soportó.

 

La reacción local y global a la muerte prematura de Morsi se convertirá en su clamoroso legado. Cuando Egipto devino en un Estado de dictadura militar en toda regla, solo los verdaderamente ciegos no eran capaces de ver cuán injustamente se trataba a Morsi en comparación con el dictador durante treinta años al que reemplazó.

 

Mubarak pasó la mayor parte de su tiempo bajo custodia en un hospital militar, recibiendo un tratamiento propio de la realeza y rodeado de sus familiares. Finalmente fue absuelto de todos los cargos (incluido el de conspirar para matar a manifestantes en 2011) hasta que fue puesto en libertad en 2017.

 

Si Mubarak muere hoy, es probable que reciba un funeral de Estado en honor a su formación militar. En contraste, Morsi, que gobernó durante un polémico año en el que incluso sus enemigos jurados admitieron que era un refugio para la libertad de expresión y los derechos civiles, fue condenado a muerte y cadena perpetua por cargos inventados, se vio obligado a dormir sobre el suelo en confinamiento solitario y se le negó el acceso a una atención médica adecuada.

 

La manera repentina, abrupta y restringida en que el régimen egipcio impuso el entierro del presidente [# Morsi] plantea aún más preguntas sobre las circunstancias de su muerte e intensifica las demandas a favor de una investigación médica independiente.

 

A Morsi no se le rindieron honores de Estado. Según los informes de prensa , fue rápidamente enterrado sin una investigación adecuada sobre la causa de la muerte. A su familia se le negó la solicitud para enterrarlo en su pueblo natal, y solo se permitió a sus hijos asistir a su entierro. Su esposa fue excluida.

 

El alcance de esta injusticia es tan difícil de comprender a nivel humano que ha resultado contraproducente.

 

Epílogo a la revolución

 

Expongo a continuación lo que un amigo cristiano copto de Facebook, muy virulento contra Morsi, escribió en un mensaje en la red:

 

“Pensaba que él y su panda de la Hermandad Musulmana iban a gobernar Egipto para siempre y que nunca más iba a haber otro gobierno elegido democráticamente. Creía realmente que le había vendido el Sinaí a Hamas (o a Qatar), que violó la constitución, que fue un traidor a su país y que había perdido toda legitimidad.

 

Su presidencia duró solo un año. Hoy soy consciente de que estaba atrapado por la influencia de las redes sociales, por la incesante indignación inducida por la pantalla que exageraba cada palabra que él decía y minimizaba por completo los hechos sobre el terreno o su verdadera popularidad... Hoy lamento su muerte y me siento parcialmente responsable del torbellino que ha hecho que fallezca. Lo siento”.

 

Mi amigo no es el único que tiene esos sentimientos.

 

La muerte de Morsi puede parecer el epílogo de la revolución de Egipto, la gota que colma el vaso de un sueño amputado. Pero también puede indicar el inicio de un nuevo debate sobre nuestros valores como nación y sobre el futuro de este país.

 

Rania Al Malky fue editora-jefe del Daily News Egypt (2006-2012), socio editorial local del International Herald Tribune. En la actualidad, colabora con diversas publicaciones como periodista independiente.

Foto: Póster del expresidente egipcio Mohamed Morsi durante una manifestación organizada en su apoyo en Estambul (AFP) 

Fuente: https://www.middleeasteye.net/opinion/mohammed-morsis-death-last-nail-coffin-egypts-revolution

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=257352

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