Obama, olvídate de las “negociaciones”, la situación exige justicia y ley

 

 

Uruknet.info

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Siempre que los líderes occidentales se ponen a sermonearnos acerca de una solución al problema israelo-palestino, acuden a esas cómodas e imprecisas palabras: “negociación” y “proceso de paz”…, una especie de muletillas que sirven para todo.

Denle una patada esas muletillas para que tengan finalmente que coger el toro de la justicia por los cuernos, algo que han tratado de evitar siempre.

La justicia está apuntalada por el derecho, pero en Tierra Santa el derecho brilla notablemente por su ausencia. Los árabes, es lo que yo creo, quieren simple y meramente justicia. ¿Por qué esto le supone tanto problema a una alianza occidental que se autoproclama como gran autoridad moral?

El Presidente Obama, al ser entrevistado el otro día en la BBC declaró que creía que EEUU “iba a poder implicarse otra vez en negociaciones serias” entre Israel y los palestinos. Preguntado acerca del desafío israelí a su llamamiento para que suspendiera la construcción de asentamientos judíos ilegales en Cisjordania, Obama instó a tener paciencia, diciendo que estaban iniciándose las conversaciones. “La diplomacia implica siempre un duro y largo camino. No es una vía que propicie resultados rápidos”.

La diplomacia no ha conseguido ni un solo logro en 61 años y Obama no hizo ni la menor alusión al cumplimiento del derecho internacional y al respeto a las Resoluciones de Naciones Unidas. Al igual que otros muchos, prefiere la suave y sedosa opción de las negociaciones que no van a ninguna parte y un “proceso” que está condenado a fracasar y que posibilita que Israel prosiga indefinidamente con sus infames planes. En sus mentes, y por alguna inexplicable razón, Israel está exento de las leyes, las convenciones, los códigos de conducta y el respeto por los derechos humanos que se espera que otras naciones del mundo civilizado observen, permitiéndose que el brutal agresor actúe con impunidad.

Las “negociaciones” que no respetan la ley son inmorales

Desde luego, hay varias objeciones a la idea de las “negociaciones” en el contexto Israel-Palestina. Es especialmente inmoral poner a una parte débil y a una parte fuerte juntas y esperar un resultado justo cuando la parte fuerte está ocupando de forma permanente y tiene su bota militar aplastando la garganta de la parte débil.

Es inmoral esperar que una parte débil negocie con una parte fuerte que está incumpliendo a diario el derecho internacional, que comete crímenes de guerra y actos de piratería y que continúa robando la tierra y desposeyendo a los ciudadanos de la parte débil para expandir ilegalmente sus fronteras.

Es inmoral que los patrocinadores de las negociaciones sean partidistas, no paren de vilipendiar a los representantes democráticamente elegidos de la parte débil y se nieguen a reconocer el derecho de la parte débil a la autodeterminación política y a la integridad territorial.

Es inmoral forzar negociaciones sin establecer primero un nivel de actuación en términos de conformidad con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas. La comunidad internacional ha eludido esta responsabilidad durante décadas, no porque los pueblos de las naciones que la integran se muestren reacios a ello sino porque sus dirigentes son corruptos.

El Sr. Obama dice que hay gran necesidad de ser “muy sinceros” si se quiere que empiecen a cicatrizar las heridas entre EEUU y el mundo musulmán. ¿A qué penosas verdades se refiere? Como David Ben-Gurion, el primer primer ministro de Israel comentó: “Si yo fuera un dirigente árabe, nunca podría llevarme bien con Israel. Nos hemos apropiado de su país. Sí, es verdad que Dios nos lo prometió, pero eso, ¿qué les importa a ellos? Nuestro Dios no es el suyo. Es verdad que salimos de Israel, pero de eso hace ya 2.000 años, ¿qué significa eso para ellos? Ha habido antisemitismo, nazis, Hitler, Auschwitz, pero, ¿qué culpa tienen ellos? Sólo ven una cosa: que estamos aquí y que les hemos robado su país”.

Hay que decir la verdad: ¿Cuál es la versión de Obama acerca de la verdad?

Todos estos noventa años de podridos mentiras y traiciones tienen que ser aireados y comprendidos en Occidente…, todas las artimañas que llevaron a que Naciones Unidas partiera Palestina en 1947, dándole a los judíos el 57% de la tierra cuando sólo tenían el 30% de la población; también de cómo el plan estableció que Jerusalén, con sus importantes lugares religiosos, sería una ciudad administrada internacionalmente.

Airear cómo los judíos aceptaron aparentemente el plan, declararon la estatalidad en mayo de 1948, pero no se conformaron con eso y quisieron más. Cómo el nuevo Israel procedió de inmediato a desarraigar a 750.000 palestinos árabes de sus hogares y sus tierras, arrasando a casi 400 pueblos y ciudades palestinos, perpetrando unas 34 masacres en busca de sus ambiciones territoriales.

De cómo Israel demolió 125.000 hogares palestinos, y después de 1967 destruyó 18.000 más. De cómo se sigue utilizando actualmente la demolición de casas como arma estratégica para romper la voluntad de los palestinos, conseguir el traslado étnico y facilitar que el control israelí sobre la Palestina ocupada sea permanente.

Y de cómo, en el proceso, Israel ha violado de forma flagrante todas las leyes, convenciones y declaraciones de conducta civilizada de gobierno.

La Resolución 194 de Naciones Unidas, que desde 1948 se ha aprobado una y otra vez, exige que Israel permita que los refugiados palestinos retornen a sus hogares y se compense a aquéllos que decidan no hacerlo. Israel se ha negado a cumplirla. Mientras tanto, cualquier judío de cualquier lugar del mundo, que nunca antes ha vivido en Israel y cuyos ancestros nunca vivieron en Israel, puede llegar y vivir allí mientras que los palestinos, que pueden probar la propiedad de sus antiguos hogares, no tienen esa posibilidad.

En 1967, bajo el pretexto de la Guerra de los Seis Días, Israel se apropió de lo que quedaba de Palestina: Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza. La Resolución 242 ordenó a Israel que retirara sus fuerzas armadas, pero de nuevo desafió a la comunidad internacional y al derecho internacional. Como consecuencia, los palestinos siguen conformando hoy en día la mayor población de refugiados del mundo y han soportado la más larga y brutal ocupación de los tiempos modernos.

Obama debería recordarse a sí mismo las innumerables resoluciones de Naciones Unidas que Israel ha desafiado.

Israel dice que se “retiró completamente” de Gaza en 2005. No es verdad. Todavía ocupa el espacio aéreo de Gaza, sus ondas y aguas costeras, y el ejército la invade con sus tanques, bulldozer y aviación, disparando cuando y cuanto le place. Israel sigue controlando todos los cruces de frontera excepto el de Egipto, aunque de diversas maneras también se abroga ese control.

Los tres mil pescadores con licencia para pescar de Gaza no pueden salir a la mar para ganarse su sustento por temor a que les disparen desde los buques patrulleros israelíes.

A nosotros, en Occidente, se nos pide que creamos que el bloqueo de Gaza se debe a que los cohetes “llueven” sobre Sderot, una ciudad israelí construida sobre tierra robada palestina. Y dice Israel: Que paren de lanzar cohetes desde Gaza y todo irá bien. Pero los palestinos de Cisjordania no disparan cohetes y los israelíes continúan ocupándoles después de 41 años. Se han apropiado de la tierra agrícola y de los recursos acuíferos palestinos para su propio uso. Mientras los israelíes llenan sus piscinas y lavan sus coches, los palestinos tienen que sobrevivir con tan sólo 10 ó 15 litros al día. Más del 38% de su territorio está ahora fuera de sus fronteras. En la Franja de Gaza, Naciones Unidas informa de una “zona de exclusión” fronteriza creada por los mordiscos israelíes que le llegan a arrancar hasta kilómetro y medio de tierra al estrecho enclave y que hace que el 30% del terreno agrícola de Gaza no pueda utilizarse.

Gaza se desborda en desagradables verdades. Hamas ha invitado a Obama a visitar y ver la realidad por él mismo. Debería demostrar sus buenas intenciones aceptando.

La “hoja de ruta” endosada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas obliga a Israel a desmantelar de inmediato los puestos de avanzada levantados desde 2001, a congelar cualquier actividad de ocupación ilegal y a no hacer nada que pueda socavar la confianza, incluyendo las confiscaciones y demoliciones de casas y propiedades palestinas. Israel pasa olímpicamente de todas y cada una de estas obligaciones.

“Debido a que Israel no reconoce los hechos de la era otomana o británica, considera el 72% de Cisjordania como “tierra estatal” israelí. Se han construido más de 200 asentamientos en los Territorios Ocupados, y 450.000 israelíes se han trasladado a ellos desde las fronteras de 1967”, según informa el Comité Israelí Contra las Demoliciones de Casas. El objetivo principal del proyecto de ocupación, junto con la proclama de país exclusivo para judíos, es impedir el establecimiento de un estado viable palestino. “Los asentamientos, la infraestructura de que se sirven y el sistema de seguridad necesario para protegerles han desgarrado los Territorios Ocupados en docenas de enclaves aislados y empobrecidos. Los palestinos tienen prohibido viajar entre esos enclaves sin permiso del ejército, convirtiéndose así en prisiones sus pueblos y ciudades”.

Sin embargo, los aliados de Israel continúan preconizando una solución de dos estados para salvaguardar la “pureza” del régimen racista, sabiendo que eso implica que los restos de la Palestina Ocupada se conviertan en una especie de sub-estado permanentemente convertido en varios ghettos, dependientes de Israel y que jamás podrían desarrollarse ni prosperar.

En 2004, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que el trazado del Muro de Separación, que se adentra profundamente por territorio palestino, es ilegal y debe ser desmantelado. Lejos de cumplir la sentencia, Israel ha seguido construyéndolo.

Tras los devastadores veintidós días de la operación israelí contra Gaza y el sistemático asesinato de sus civiles del Nuevo Año, el régimen sionista no sólo está bloqueando la entrada de ayuda humanitaria y la reconstrucción de la Franja sino que también impide el acceso a los equipos que quieren investigar las acusaciones de crímenes de guerra.

Y no olvidemos tampoco que 10.000 palestinos secuestrados de sus hogares, incluyendo a mujeres y niños, se pudren en las prisiones israelíes, sin acusación ni juicio. Más de treinta parlamentarios palestinos democráticamente elegidos están también encarcelados.

Y hay algo más que debiera hacer que todos nosotros –no sólo los musulmanes- nos preocupemos. La Comisión de Armas de Destrucción Masiva dice que Israel posee un arsenal nuclear posiblemente mayor que el británico. Israel es el único estado en la región que no es parte del Tratado de No Proliferación. Ha firmado, pero no ha ratificado, el Tratado Global para la Prohibición de Pruebas Nucleares. No ha firmado la Convención contra las Armas Tóxicas y Biológicas. Ha firmado, pero no ha ratificado, la Convención contra las Armas Químicas.

Sin embargo, el gobierno estadounidense no deja de financiar a Israel a un ritmo de unos 3.000 millones de dólares anuales. El dinero ayuda a pagar la ilegal ocupación israelí, sus cañoneras, helicópteros, tanques y armamento de última tecnología, bulldozer-oruga y todo el resto de la parafernalia de la opresión militar. Israel consigue habitualmente también cada año entre 2.000 y 3.000 millones de dólares más en ayudas indirectas: apoyo militar, amortización de préstamos y subvenciones especiales. Así pues, el contribuyente estadounidense está financiando generosamente la destrucción que Israel hace de la infraestructura y medios de vida palestinos (que a menudo pagan también los contribuyentes británicos y de la UE), así como su programa de limpieza étnica.

¿Y qué piensa el Presidente Obama acerca del trasfondo racista del manifiesto del partido gobernante Likud de Netanyahu? En él se dice: “Los palestinos pueden dirigir sus vidas libremente en el marco de una autonomía, pero no como estado independiente y soberano… Jerusalén es la capital eterna y única del Estado de Israel y sólo de Israel… El gobierno rechaza firmemente los intentos de diversas fuentes en el mundo, algunas de origen antisemita, de cuestionar el estatuto de Jerusalén como capital de Israel”.

Los rivales de Kadima buscan una mayoría judía sólida y afirman que el pueblo judío tiene un derecho histórico y nacional a la Tierra de Israel “en su totalidad”. Parecen pues determinados a apropiarse de todo.

La última palabra oficial sobre la cuestión de Jerusalén creo que fue la declaración de Naciones Unidas en la época de la Partición de 1947, en el sentido de que debería ser “un corpus separatum”, una ciudad internacional. Por eso sería un buen comienzo que el Sr. Obama y la comunidad internacional pusieran fin a esas disparatas afirmaciones sionistas de propiedad exclusiva, y que al menos esta parte del plan de Naciones Unidas pudiera cumplirse para poder quitar algo de hierro a la situación.

Hay muchas más verdades que deberían airearse. Pero las aquí mencionadas son ya suficientes para enviar un mensaje obvio y sencillo al Sr. Obama: Ponga fin a la ocupación. Aplique el derecho. Reparta justicia. Pare de ayudar a mantener la opresión israelí. Todo eso no se tolera ya en parte alguna.

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