Nadie hablará de los heridos

Público    

“Hemos visto a muchos pacientes con grandes pedazos de tejido muscular desgarrados de la carne viva” -Erik Fosse, médico noruego en Gaza-

Piensen en un herido de guerra. ¿Qué se imaginan? Alguien con una bala en el cuerpo, o atrapado entre escombros, o alcanzado por un trozo de metralla. Lo llevan al hospital, lo operan, le ponen vendas y escayolas, pasa un tiempo y por fin vuelve a casa, como mucho cojeando o tuerto.

Pues no. Eso era antes. Nuestra idea de la guerra se alimenta de imágenes viejas. En las guerras modernas el armamento causa mutilaciones, destrozos internos y externos, quemaduras atroces. Una vez vi fotos de víctimas de los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia. No podía creer de qué manera habían troceado sus cráneos, como si fuese obra de un carnicero y no una bomba.

En la matanza de Gaza nos espantan los setecientos muertos, pero apenas pensamos en los más de 3.000 heridos. No les damos importancia, creemos que se salvaron: no murieron, sólo quedaron heridos. En las fotos vemos mucha sangre. Pero nunca vemos las imágenes más espantosas, y aunque las viésemos, hay destrozos que no son fotografiables.

Un equipo de médicos noruegos presente en Gaza ha denunciado el uso por Israel del DIME, un explosivo con tungsteno que despedaza la carne y cuyas partículas causan diminutas perforaciones en la carne. No nos sorprende. Ya sabíamos de las bombas de fragmentación, y seguramente hay armas nuevas que están probando en Gaza.

Cuando todo acabe, contaremos los muertos. Y nos olvidaremos de miles de mutilados y abrasados que mueren lentamente, quedan inválidos o sufrirán dolores de por vida.

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