Con sus rejas forjaron espadas: Historia crítica de Israel

Entrevista con el historiador y profesor Arno J. Mayer

 
L’Humanité

Traducido por Jorge Aldao y revisado por Caty R.


 

El historiador Arno J. Mayer, profesor de la Universidad de Princeton en Estados Unidos, analiza la creación de Israel que, presentada como el sueño de los judíos, se ha convertido en la pesadilla de los palestinos.

El título de su obra, “Con sus rejas, forjaron espadas”, ¿sugiere que al principio el proyecto sionista era humano, incluso humanista?

Desde el principio, en el sionismo existía la idea del retorno a la tierra. Volver a la tierra también significaba trabajarla. Uno de los símbolos más emblemáticos del sionismo fue, sin duda, el kibutz, que procedía del mismo concepto. Había todo tipo de razones para enfatizar esto: los judíos, sobre todo en Europa (el sionismo es, ante todo, un asunto de los judíos europeos y no de los judíos del norte de África u otros lugares), no podían ser propietarios de la tierra. La idea de volver a la tierra formaba parte de la idea de una normalización del pueblo judío. La primera vez que estuve en Israel, debió de ser en 1950, fue para participar en la vida de un kibutz. Era la gran atracción para los judíos, incluso para los que no iban a hacer su aliyá (literalmente "la subida" hacia Israel, N. de R.). Por lo tanto el arado, la reja, eran el símbolo de ese retorno a la tierra.

El subtítulo del libro es “Historia crítica de Israel”. ¿La crítica se hace con respecto a la historia oficial? ¿Cuál es su objetivo?

De hecho, lo que en realidad me impulsó a escribir este libro fue la visita de Ariel Sharon al Monte del Templo (la Cúpula de la Roca para los musulmanes, N. de R.) en septiembre de 2000. Aquello me conmocionó. Escribí artículos en los que planteaba que si no se abandonan lo que ustedes, en francés, llaman colonias y nosotros, en inglés, the settlements, es decir, asentamientos, no habrá base para empezar una negociación seria. Para ser completamente franco, no pensaba escribir cosas muy radicales. Sólo lo que me parecía más elemental. Y me encontré con que no podía publicar dichos artículos en Estados Unidos. En cambio sí pude hacerlo en Francia, en un diario de la tarde.

Pero el detonante para escribir este libro no procede únicamente de esa negativa a debatir el asunto en Estados Unidos. En el momento de la publicación del segundo artículo en Francia varias personas, intelectuales parisinos que no eran judíos, me dijeron: «Arno, sabes muy bien lo que escribiría sobre este asunto si fuera judío. Pero no siendo judío, no puedo».

¿Como reaccionó a la provocación de Sharon?

Como digo en el libro, reaccioné como un judío no judío pero también como un sionista no sionista. Tendemos a tratar el sionismo como un bloque. No estaba escrito en las estrellas que ese sionismo debía convertirse en un sionismo político, un sionismo militar, etc. Había otros sionismos: el cultural, el religioso… Por eso decidí basar mi investigación en los escritos y declaraciones de los críticos internos del sionismo. La crítica interna que hacían era de una prudencia extraordinaria si tenemos en cuenta que eran personas como Ahad Haam, Martín Buber, Leon Magnes y Ernst Simón [1], que fue un amigo muy cercano de mi padre. Todos estaban juntos en la universidad de Heidelberg. En 1950, en Israel, Ernst Simón me llevó dos veces con él a las discusiones con Martín Buber. Eso me marcó. Son críticos a quienes difícilmente se puede acusar de antisionistas. Eran sionistas que se podrían denominar de pura cepa. Se les ha eliminado completamente del discurso público en Israel y también del discurso judío sionista de la diáspora. Me serví de ellos en cierta medida. Fueron mis guías en mi lectura crítica del sionismo tal como ha evolucionado.

La idea básica del libro es que existían otras posibilidades históricas, otras posibilidades de evolución del sionismo. No estaba determinado de antemano que el sionismo tuviera por mascarón de proa a Jabotinsky [2], aunque esto no se acepte públicamente. Porque si hay una impronta ideológica y política del sionismo y de eso en lo que se convirtió el Estado de Israel, es claramente la marca de Jabotinsky.

El grado que alcanzaron la politización y la militarización del sionismo, y más tarde el Estado de Israel, no habría sido posible sin la alianza con Estados Unidos. Y especialmente sin el apoyo de la diáspora estadounidense que, desde el punto de vista de su poder, de su influencia, se desarrolló de una manera fulminante después de la Segunda Guerra mundial. Se convirtió en uno de los lobbies más imponentes. Pero en cuanto se menciona el lobby judío aparecen todo tipo de críticas. Porque la gente no comprende que en Estados Unidos los lobbies hacen que funcione la política. Hay un lobby del petróleo, de los jubilados, de las cámaras de comercio, de las armas… Forman parte del poder político y de la política en Estados Unidos.

Cuando se habla del lobby judío o sionista, que es 100% israelí, no hay nada secreto. Es público. Los directores de estos lobbies se jactan de la influencia que tienen, del poder que pueden ejercer. No se puede comprender la construcción de Israel tal como se desarrolló, sin tener en cuenta que después de la guerra Estados Unidos tomó el relevo de lo que se llamaba "el paraguas imperial británico". Herlz era totalmente consciente de esto: la construcción de Israel, un hogar para los judíos, era imposible sin ese paraguas imperial. Precisamente porque se trataba de un espacio geopolítico que era cualquier cosa menos europeo, un espacio en primer lugar colonial. No era posible una implantación del hogar judío sin esa protección. Son los dos elementos que me guiaron. Las críticas internas y la negativa a admitir hasta qué punto la política exterior y la diáspora estadounidenses han tenido que ver en este asunto.

¿Originalmente también existía la mentira, que pretendía que ese espacio era "una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, que encontramos en la esencia del sionismo?

Sí, pero no duró mucho tiempo. Se dieron cuenta de que no era así. Las autoridades sionistas vieron con claridad que las relaciones con los nativos, es decir los palestinos, serían muy difíciles y además -aquí rindo un homenaje a mi amigo Edward Said-, tenían una visión “orientalista” de las relaciones entre sionistas (judíos) por un lado y palestinos (musulmanes e incluso cristianos) por el otro. No sé hasta qué punto Edward Said conocía los escritos de Haam, Buber y Magnes, ya que las actitudes de éstos, sus reflexiones críticas sobre la evolución del sionismo hacia un sionismo político, anticipaban lo que se convirtió en la toma de conciencia de Edward Said sobre esas complejas relaciones entre el mundo occidental y lo que se denomina Tercer Mundo.

Usted habló de Sharon en el año 2000, pero, en realidad, ¿no se podía sospechar desde el principio que las rejas de los arados se transformarían en espadas? ¿Realmente no estaba escrito?

En 1950, la primera vez que fui a Israel, hice un viaje al Néguev con los responsables del kibutz en el que me encontraba. Llevaban fusiles, lo que me hizo reflexionar. Quizá era un estúpido o estaba mal informado. No me daba cuenta de hasta qué punto los elementos estratégicos y tácticos contaron desde el principio. Incluso el emplazamiento de ciertos kibutz no se eligió al azar.

Existe un debate para determinar quiénes eran más fuertes en 1948 y 1949. Hay algunos que, todavía en la actualidad, sostienen que Israel (o las fuerzas que iban a constituir Israel) se salvaron milagrosamente, ya que eran inferiores. No comparto esta idea. Los que habían leído a Jabotinsky y los que, sin haberlo leído, estaban en el asunto, se dieron cuenta de que los ejércitos de los países árabes no estaban a la altura. Basta con comparar el grado de educación de los sionistas en el momento de la guerra con el índice de alfabetización de los países árabes.

Volviendo a Jabotinsky, ¿se puede ver su "huella" en el levantamiento del llamado muro separación, que los palestinos califican como el muro del apartheid?

Jabotinsky había comprendido una cosa: el desarrollo del nacionalismo en el área circundante sería inevitable. Decían que estaban tan arraigados en su tierra como los judíos en la suya. Pero los judíos tenían una ventaja: una superioridad militar que había que capitalizar. Jabotinsky desarrolló la táctica y la estrategia del "muro de hierro". Si hablamos de la actualidad, hay quienes consideran que la construcción del muro es un éxito total ya que impide los ataques suicidas. Esto es cierto en un sentido. Pero la resistencia se manifiesta de otra manera.

Los muros deben plantearse en un contexto mucho más amplio, como estamos descubriendo en Estados Unidos. Aquí estamos construyendo un muro impresionante a lo largo de la frontera con México. Nadie puede convencerme de que las personas no aprenderán a franquearlo. Es lo lógico.

Hay muchas declaraciones estadounidenses nuevas desde la llegada al poder de Barack Obama, pero pocas presiones sobre Israel. ¿Cómo ve las cosas?

Como siempre en política internacional, cuando se llega a un punto neurálgico hay que contar con dos elementos. Es necesario que haya una presión por parte de Washington, pero al mismo tiempo hace falta que sucedan cosas en Israel. Pero en Israel el consenso está casi al 100%. Me aflige ver que en Israel apenas existe la izquierda. No se puede decir que los intelectuales israelíes se cubran gloria en su resistencia a ciertas políticas de su país. Políticas que, sin embargo, salta a la vista que no son compatibles con un régimen democrático.

Por supuesto, no sé qué haría si fuera un profesor en Haifa o en Tel Aviv. Pero me asombra su comportamiento, tanto ante Gaza como frente a la guerra de Líbano. Uno de ellos, muy conocido, pronunció discursos de apoyo al gobierno, dijo que los otros utilizaban a los civiles como escudos… mientras que el ejército israelí se comportaba como debía hacerlo. Hicieron falta dos o tres semanas para que cambiara de discurso.

En Israel, en este momento, no se me ocurre de dónde podría venir una presión para un cambio radical. Los propios israelíes son responsables de la situación en la que se encuentran. Y temo que terminen chocando contra un muro. Si los estadounidenses ejercen presión sobre Israel será porque Estados Unidos revise su política imperial. Nosotros, los estadounidenses, no hemos perdido del todo la soberbia. Tenemos problemas económicos y financieros. Otras potencias se recuperan, como Rusia o China. Todo esto forma parte de las reflexiones de Obama pero no sólo, cualquiera que dirija Estados Unidos deberá revisar sus planteamientos. Por lo tanto, es más probable que la presión venga del exterior. Y tan pronto como los estadounidenses comiencen a cambiar, los europeos también, por supuesto, sin ninguna duda.

En Israel existe una cierta esquizofrenia. Hay un doble discurso. Por un lado dicen: "somos el pueblo elegido", “formamos parte la civilización occidental que continúa ejerciendo su misión civilizadora", "somos los más poderosos militarmente". Al mismo tiempo, dicen "somos los más amenazados". Siempre existe un peligro existencial. El último es Irán. Antes hubo otros. Cada vez que aparece un líder en los países vecinos que llama la atención y parece que tiene ciertas posibilidades (Nasser, Arafat, Saddam Hussein, Ahmadinejad), es un Hitler. Lo que significa que habitualmente la Shoah está en el centro de la Weltanschaung (visión del mundo) de los israelíes. Por el otro lado dicen: "somos los judíos, estamos rodeados de enemigos y, además, Estados Unidos quiere abandonarnos”. No veo cómo van a poder salir de esta esquizofrenia.

Notas:

[1] Ahad Haam (1856-1927): tenía la profunda convicción de que el Estado judío nunca podría reunir a todos los judíos. Martín Buber (1878-1965): partidario de una solución estatal binacional, sin embargo aprobó la división de Palestina por la ONU en 1947. Leon Magnes (1877-1948): rabino estadounidense que fundó con Einstein y Freud la Universidad Hebraica de Jerusalén, se oponía a la división de Palestina y fundó un pequeño partido binacional, Ihud (unidad). Ernst Simon (1899-1988): pertenecía, como los anteriores, al movimiento Brit Shalom, que promueve un Estado binacional.

[2] Vladimir Jabotinsky (1880-1940): fundador del partido revisionista, ala derecha del movimiento sionista, que reclamaba un Estado judío a ambas orillas del río Jordán que integrase la Transjordania, la actual Jordania. En un libro famoso, El Muro de hierro. Nosotros y los árabes, publicado en 1923, para lograr la colonización sionista de Palestina proponía la construcción de "un muro de hierro que la población autóctona no pueda atravesar".

Texto original en francés: http://www.humanite.fr/Entretien-avec-Arno-J-Mayer

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