Hacia otra Política de Fronteras (XVI)

Viñeta: Fadi Abou Hassan-FadiToOn

 

"La realidad-límite de los refugiados muestra, entonces, no el fracaso de los organismos internacionales o de los Estados europeos, sino los objetivos de fondo que estas instituciones gubernamentales se han planteado; en particular, tratar a estos grupos como un “excedente” que debe ser gestionado como si se tratara de “desechos humanos” a reciclar. Incluso de forma previa a la crisis sistémica de 2008, el proyecto político dominante en Europa no ha sido otro que el de un bienestar cercado, rodeado de muros blancos, sostenido sobre unas periferias tanto internas como externas. Dicho de otra manera, nuestras sociedades opulentas, como dispara Bauman, crecen bajo la sombra de miles de “vidas desperdiciadas"

Arturo Borra

 

Ese "enemigo interior", ese chivo expiatorio del actual neofascismo, es el inmigrante, es el extranjero, es el diferente. Esa persona a quien se le echa la culpa del desempleo, de los sueldos bajos, de la crisis de las pensiones, de la rebaja de los servicios públicos, del aumento de la delincuencia, del ataque a los comerciantes, y de mil asuntos más. Ellos están en la diana de ese discurso gestado para fracturar a la sociedad, para dividirla, para torpedearla desde sus propios frentes. Y así va calando en la sociedad el discurso xenófobo, racista e intolerante de esta nueva derecha, joven en sus líderes, vieja en su pensamiento. Un discurso que se destila peligrosamente, gota a gota, no solo desde la política, sino también desde los medios de comunicación, la verdadera atalaya de la indecencia moral y del declive de la sociedad. Multitud de flecos ponen de manifiesto, exaltan y hacen hincapié en los perfiles de una sociedad racista, aunque se vista de seda. Se enfrenta la inmigración "ilegal" frente a la inmigración "ordenada", que es lo mismo que decir la inmigración pobre frente a la inmigración rica. Los extranjeros pobres son presentados siempre como un problema, como una carga y como una amenaza, nunca como algo positivo. Se afirma de ellos que suponen un ataque a nuestro Estado del Bienestar, a nuestra cultura, a nuestro mercado y a nuestros valores. Incluso a nuestra libertad. Tratan de convencernos de que la inmigración es una lacra a la que hay que abatir. Se normaliza entonces el discurso feroz contra la inmigración, y se legitiman las ideas que tratan de combatirla por la fuerza, a base de alarmantes advertencias, datos inconexos y erróneos, y duras medidas para mantener a los inmigrantes fuera de nuestras fronteras. Se legitima la idea de la Europa fortaleza. Esta es la explicación del avance electoral de ciertas fuerzas políticas de ultraderecha que atacan violentamente con este discurso. 

 

En este artículo para el medio Nueva Tribuna, el Profesor Cándido Marquesán explica algunos flecos del discurso racista, y cómo se aplica en sus diferentes ámbitos. Retomo sus palabras en lo que al campo educativo se refiere: "Fijémonos en las instituciones del campo de la educación. Los libros de texto reflejan las ideologías dominantes del momento. Siempre ha sido así para la representación del mundo y sus gentes. Tienen tendencias nacionales e incluso nacionalistas, en los que los días de gloria de un país se magnifican, y sus crímenes y delitos "se olvidan". Pocos libros de texto en Europa y en España detallan la esclavitud y el colonialismo. Representan a las minorías no europeas con los típicos prejuicios desde una perspectiva eurocéntrica. La mitad de los libros de texto de ciencias sociales holandeses de los años 80, ni siquiera mencionaban la presencia de cientos de miles de personas de diversas minorías en el país, y lo que es más significativo, ni siquiera dentro del aula. La otra mitad simplemente se repetían unos a otros, enfatizando brevemente las diferencias culturales en lugar de las similitudes entre nosotros (holandeses) y ellos (turcos, marroquíes)". Todo ello lo podemos extrapolar a los libros de texto españoles, que ensalzan la época histórica del "Descubrimiento del Nuevo Mundo", por ejemplo, escondiendo o ignorando las tremendas aberraciones que cometimos allí. Se ensalza la Reconquista de los territorios para las Coronas de Castilla y Aragón, pero en cambio se suele omitir toda la grandeza, cultura y sabiduría que debemos a los árabes durante los ocho siglos de dominación en Andalucía. Teniendo en cuenta los períodos históricos, hemos de concluir que los árabes que fueron expulsados de Al-Andalus eran más andaluces que los andaluces actuales, pues llevaban más tiempo aquí que nosotros. A ellos les debemos gran parte de nuestra actual cultura, monumentos, folklore y estilos de vida. Por otra parte, se ensalzan en dichos textos las labores evangélicas y culturales que imprimimos a los pueblos indígenas que allí habitaban, pero se oculta que dichas gestas fueron labradas desde las guerras, las invasiones, la muerte, el odio y la destrucción, apoyándonos además del esclavismo africano. 

 

Igualmente, a la hora de conformar nuestra historia, han tenido un gran protagonismo los judíos y los moriscos, pero sin embargo, en nuestros currículos escolares se les concede muy poca importancia, y cuando nos referimos a ellos lo hacemos con grandes dosis de prejuicios de origen religioso, que aún perduran. No se hace mención a los terribles y crueles episodios de expulsión que durante siglos tuvieron que sufrir en sus carnes tanto judíos como moriscos, y también gitanos. Nuestra mixtura antropológica y cultural es por tanto inmensa, y tiene mucho más recorrido histórico y consecuencias que el que se le concede en los libros de texto escolares. En definitiva, estas son las bases del discurso racista y xenófobo que arrastramos hasta hoy día, apoyado en bases políticas, mediáticas, educativas, y por supuesto religiosas. El discurso racista, como vemos, tiene hondas raíces, y va a ser una ardua y penosa tarea poderlo desmontar. Hay que actuar a todos los niveles descritos, en cada uno de esos ámbitos. Costará tiempo. Es un discurso fabricado e inculcado a sangre y fuego en nuestras mentes, que se manifiesta en nuestros juegos, tradiciones, adivinanzas, costumbres, dichos, refranes, libros, episodios, fiestas populares, canciones, y un largo etcétera de facetas de nuestro folklore patrimonial. Luchar contra todo eso, hasta llegar al exterminio del racismo en nuestras sociedades, será una poderosa gesta. Pero valdrá la pena. Al igual que el patriarcado o el capitalismo, el racismo obedece a un conjunto de prejuicios culturales que datan de siglos de predominio. Pero es nuestra responsabilidad luchar para acabar con los prejuicios racistas, con los conceptos, actitudes, comportamientos e ideas xenófobas e intolerantes. No podemos avanzar hacia una democracia libre sobre una democracia autoexcluyente, que se base en una falsa identidad nacional o nacionalista. Los pueblos, por muchos rasgos identitarios que puedan poseer, obedecen todos en su origen a un crisol de culturas, a una mezcla de razas y civilizaciones que los fueron forjando. Toda idea contraria a este hecho es una falacia que hay que combatir. 

 

Bien, y dicho esto, veamos cuál es el concepto (ciertamente interesado) de la inmigración que posee la Unión Europea, donde nos adscribimos como Estado miembro. La UE aborda el tema de las migraciones desde una perspectiva únicamente economicista, lo cual es lógico si partimos de la base de que la propia UE fue formada desde la base de una pirámide asentada en la arquitectura predominante de los mercados financieros. Por tanto, las personas extranjeras (que los dirigentes de la UE denominan "extracomunitarias") sólo son tenidas en cuenta por la UE como trabajadores/as útiles a las economías nacionales. Todo lo que escape a este enfoque es desechado. De ahí que tanto su acceso como su propio recorrido o movilidad por los Estados miembro de la UE estén severamente restringidos. La UE se desentiende en cuanto a sus posibles derechos ciudadanos, o su escala de integración social. Se les olvida a los gerifaltes de la UE que ser ciudadano/a implica ser portador/a de derechos, unos derechos universales garantizados por multitud de declaraciones, convenios, foros y tratados. Unos derechos que son individuales, inalienables e inherentes a su condición de persona. Pero lejos de todo ello, en la UE todos los individuos extra-comunitarios, es decir, procedentes de fuera de los 28 Estados de la Unión y sin nacionalidad de cualquiera de estos Estados miembros, carecen del estatus de ciudadano/a. Así que como se dice coloquialmente: la primera en la frente. Dichas personas son consideradas de segunda categoría, puesto que se rigen no por el Derecho Comunitario (Tratados de la Unión, Carta de Derechos Fundamentales, etc.), sino por el derecho de extranjería vigente, bien de forma unificada (Tratado de Schengen), bien de forma estatal (Leyes de Extranjería propias de cada Estado). De esta forma, la UE "escapa" a la legislación y al derecho internacional, para crear una capa de derecho propiamente comunitaria, que le aísla de la obligación del cumplimiento del derecho internacional sobre los derechos humanos. Esto es una absoluta aberración jurídica, que debe ser denunciada (de hecho ya lo está siendo) ante la ONU y el resto de foros internacionales y Tribunales de Derechos Humanos.

 

De esta forma, los migrantes poseerán (en su caso) derechos como extranjeros, pero no como ciudadanos/as. Y si no tienen papeles que los habiliten (permiso de residencia, de trabajo, visado, contrato laboral, certificado de matrimonio, empadronamiento, registro civil...), sus derechos se ven menguados al mínimo, como ocurrió por ejemplo con el Real Decreto de 2012 que impidió su acceso a la Sanidad universal. Por otra parte, y como hemos indicado más arriba, en la política sobre migraciones de la UE es esencial el Acuerdo de Schengen, vigente desde 1995. Este artículo de Ecologistas en Acción explica el sentido de dicho acuerdo: "Unifica el control de las fronteras en un doble sentido: por una parte, desaparición de las fronteras interiores, y por otra, fortalecimiento de fronteras exteriores para impedir inmigraciones no funcionales al mercado y para controlar los flujos migratorios de todos los países de la UE, a excepción de Irlanda y Reino Unido. De todos modos, el propio espacio Schengen ha sido puesto en entredicho cuando las ampliaciones de la UE propiciaban las migraciones de personas de los países del Este recién incorporados. Así, Bulgaria, Rumanía y Chipre han visto cómo la Comisión Europea les negaba la entrada en el espacio Schengen, y por consiguiente, negaba a sus ciudadanos/as la libertad de movimientos. Eso demuestra, una vez más, que los discursos "paneuropeos" y de fraternidad no son más que retórica". En efecto, sólo los criterios de mercado pesan en la asunción de un determinado flujo migratorio, para asignar su "regularidad" o en caso contrario, su demonización. Unos criterios de mercado que están sujetos a los vaivenes y conveniencias de cada caso y momento, así como a los intereses de sus diversos actores, y que por tanto, están muy alejados de los criterios humanitarios que deben inspirarlos. Los objetivos en materia migratoria en la UE no persiguen fines humanitarios, ni velan por el bienestar, ni están inspirados en el derecho internacional. Sólo existen para salvaguardar los intereses económicos de los Estados miembros de la Unión. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Fadi Abou Hassan-FadiToOn

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