Italia: A Salvini le gustaría gobernar solo

Entre dos idas y vueltas a las playas del Adriático en donde pasa el verano acordando entrevistas, en bermuda y rodeado de una jauría de periodistas, el ministro del Interior italiano Matteo Salvini, declaró que consideraba cerrada la experiencia del gobierno con el Movimiento 5 Estrellas de Luigi Di Maio y Beppe Grillo y que anhela elecciones anticipadas lo más rápido posible.

 

La crisis abierta en el gobierno por estas declaraciones era, no obstante, una crisis anunciada. A pesar de ser quien ganó las elecciones de marzo 2018, el Movimiento 5 Estrellas (M5S) solo ha podido gobernar aliándose con la Liga, partido de extrema derecha liderado por Salvini, a pesar de haberlas ganado holgadamente. Este último, supo utilizar ampliamente esta situación para fortalecerse a costa de su aliado hasta el punto de pensar que, en caso de nuevas elecciones, podría ganarlas y gobernar sin necesidad del M5S.

 

El movimiento de Beppe Grillo y Luigi Di Maio ha sabido aprovechar la decepción del electorado de izquierda; decepción ocasionada por sufrir, durante años, las políticas de austeridad acompañadas de cuantiosas medidas anti obreras aplicadas por parte de los sucesivos gobiernos del Partido Demócrata. Dicho electorado volcó sus esperanzas hacia ese movimiento que denunciaba la incapacidad y la corrupción de los políticos habiendo gobernado hasta entonces y que prometía una gestión honesta y democrática del poder. No hemos tenido que esperar mucho tiempo para constatar que las promesas de esos nuevos políticos, declarándose antisistema, eran mera palabrería.

 

Di Maio y Beppe Grillo denunciaban sin orden ni concierto los partidos, las ideologías, las viejas ideas, pero evitaban con mucho esmero erigirse realmente en defensores de alguna en particular y diferente. Tanto en el ámbito social para defender los derechos de los trabajadores víctimas de la crisis, como sobre la cuestión de los migrantes, preferían callarse. Movimiento sin consistencia política, pretendiendo que con la honestidad por delante, reivindicada por sus representantes, bastaría para solucionar los problemas, la presencia del M5S en el gobierno se ha soldado por una sucesión de capitulaciones frente a las exigencias de su aliado de extrema derecha; aliado determinado, él, a ocupar el escenario e imponer una política reaccionaria  publicitándola mediante sus provocadoras y ensordecedoras declaraciones.

 

Luigi Di Maio ha tenido que revisar a la baja sus objetivos, por ejemplo tratándose de una renta de ciudadanía que era uno de sus únicos compromisos concretos, y se ha alineado sin mediar palabra a la escandalosa política anti migrantes de Salvini avalando su último decreto, decreto que incluye sanciones y multas extravagantes para quienes, sean quienes sean, ayude a dichos migrantes; también están incluidas amenazas dirigidas en contra de toda manifestación o huelga. Como mucho, el M5S intentó salvar las apariencias protestando cuando el proyecto del TGV Lyon-Turín acabó siendo aprobado, aunque siempre se hayan declarado opuestos a todo proyecto grandilocuente, por la inutilidad y el despilfarro financiero que estos representan. Este hecho ha proporcionado a Salvini el pretexto para poner un término a la alianza.

 

Las últimas elecciones regionales y europeas han confirmado que dicha alianza política beneficiaba sobre todo al partido de Salvini, que acabó succionando votos al M5S y hoy aguarda con interés los beneficios de tal resultado. Desgraciadamente, dicho resultado representa también el éxito de las ideas reaccionarias, racistas y xenófobas de las que el líder de la Liga es el heraldo.

 

Di Maio y Grillo, que nunca han querido enfrentarse a esas ideas y se han creído, al contrario, muy hábiles aliándose con un partido de extrema derecha –además de servir como puente entre el antiguo electorado de izquierda que votaba Partido Demócrata y esa extrema derecha y sus ideas nauseabundas que han contribuido a banalizar– van a pagarlo sin duda alguna.

 

André FRYS (LUTTE OUVRIÈRE)

Traducido del francés por Mario Diego Rodríguez

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