El Consejo europeo y la crisis del coronavirus

- Los PIGS (Portugal, Italia, Grecia, España) apuntaron alto con la exigencia de que los estados de la Eurozona compartieran la carga de la crisis con los coronabonos.

 - Los FANG (Finlandia, Austria, Países Bajos, Alemania), conocidos como los 'cuatro frugales' los derrotaron, proponiendo que cada miembro de la unión monetaria cargue solo con sus deudas.

 

El jueves 23 de abril por la noche, los líderes de la UE de nuevo fueron incapaces de alcanzar un acuerdo para proporcionar el apoyo fiscal necesario a los estados miembros más afectados para hacer frente a los costes sanitarios de la pandemia de coronavirus y al colapso de sus economías por los cierres.

Los líderes de la UE ya habían acordado un paquete de medidas de emergencia de 540 mil millones de euros. Suena a mucho dinero, pero en realidad son solo un montón de préstamos del Mecanismo Europeo de Estabilidad, con condiciones estrictas de gasto y reembolso por parte de los Estados miembros que solicitan los préstamos. Solo se han ofrecido 38 mil millones sin condiciones para el apoyo al sistema sanitario en toda la zona euro. Los llamados “coronabonos”, bonos mutualizados contra la crisis del coronavirus con la deuda compartida por todos los estados de la eurozona, son ya una víctima más.

En la reunión del jueves, los países más afectados, respaldados por Francia, exigieron un impulso fiscal directo masivo. Pero los 'cuatro frugales’, Alemania, Austria, Países Bajos y Finlandia nuevamente rechazaron las transferencias directas para el 'fondo de recuperación' propuesto. Si bien la presidenta de la Comisión de la UE, von der Leyen, habló sobre un fondo de 1 billón de euros, en su mayoría consistirían solo en más préstamos. Guy Verhofstadt, ex primer ministro belga, ha señalado que la acumulación de más préstamos por parte de los países en peligro podría causar una "nueva crisis de deuda soberana”: "Las transferencias son como agua en la lucha contra los incendios, mientras que los préstamos son como gasolina".

Según Lucas Guttenberg, del Centro Jacques Delors, la tentación de la UE era presentar para los titulares de los medios grandes cifras para el fondo, pero debía respaldarse con transferencias importantes de efectivo a los países más afectados, no solo con garantías para proyectos de inversión privada y préstamos que aumentaran sus deudas. "La pregunta es si queremos crear un instrumento que brinde a Italia y España un margen fiscal significativamente mayor. Eso requiere mucho más dinero real sobre la mesa".

Pero la canciller alemana Merkel insistió en que cualquier crédito financiado por los mercados debe ser devuelto. Hay "límites" sobre qué tipo de ayuda puede ofrecerse, dijo a los líderes de la UE, y agregó que las transferencias "no pertenecen a la categoría de lo que puedo aceptar". Por lo tanto, el plan de recuperación parece ofrecer solo más préstamos y más garantías a cambio de una mayor inversión de las empresas del sector privado. Pero "estamos en un momento en que las empresas no van a invertir porque hay mucha incertidumbre", señala Grégory Claeys, investigador de la Fundación Bruegel. Lo que las economías necesitan es gasto público directo, agrega, porque el sector privado aportará poco.

La Comisión europea va a financiar su plan duplicando el presupuesto anual de la UE del 1% al 2% del PIB de la UE junto con algunos préstamos obtenidos en los mercados de capitales. Pero como he señalado ya, será insuficiente para relanzar las economías más débiles de Europa una vez que terminen los cierres. Lo que Europa necesita es un programa directo de inversión pública, con un presupuesto de alrededor del 20% del PIB de la UE. Un programa que fuera más allá de los bancos y lanzase proyectos públicos con empleo directo en sanidad, educación, energía renovable y tecnología en Europa. Pero no parece que vaya a ocurrir.

Mientras la Comisión europea reflexiona sobre qué hacer y presenta su informa el próximo mes, Europa en su conjunto, y las economías más débiles del sur en particular, están entrando en una espiral depresiva que superará en su gravedad a la Gran Recesión de 2008-2009.

¿”Noreuro” y “Sureuro”?

La semana pasada, durante tres días y dos noches de teleconferencia, los ministros de finanzas de la zona euro buscaron una respuesta de emergencia a la pandemia de Covid-19 para presentarla al Consejo europeo del 23 de abril. Los PIGS (Portugal, Italia, Grecia, España) apuntaron alto con la exigencia de que los estados de la Eurozona compartieran la carga de la crisis con un instrumento de deuda emitido conjuntamente, conocido como coronabonos. Los FANG (Finlandia, Austria, Países Bajos, Alemania), conocidos también como los 'cuatro frugales' los derrotaron, proponiendo que cada miembro de la unión monetaria cargue solo con sus deudas.

El ministro de finanzas holandés Wopka Hoekstra jugó a ser el policía malo. Rechazó un "bono mutualizado" garantizado por todos los estados, argumentando que la culpa de que Italia tuviera una deuda pública tan alta que no pudiese pagar los costes de la pandemia era solo suya. No confiaba en los países ‘despilfarradores' como Italia. Repetía una vez más la insensible postura del Eurogrupo con Grecia durante la llamada "crisis de la deuda del euro" de 2012-15.

Los estados del sur, respaldados por Francia, protestaron porque la posición del ministro holandés era contraria a la idea del proyecto europeo, supuestamente diseñado para unir a las enfrentadas naciones europeas en un todo integrado y armonioso. "No dejaremos a nadie atrás", proclamó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su discurso de apertura del Parlamento europeo a principios de 2020. "Necesitamos redescubrir el poder de la cooperación", dijo al World Economic Foro en Davos hace tres meses, 'basada en la equidad y el respeto mutuo. Esto es lo que llamo la ‘geopolítica de los intereses mutuos’. Eso es lo que representa Europa”.

Estas bellas palabras se convirtieron en polvo en la reunión de los ministros de finanzas. Al final, los débiles estados del sur capitularon ante los 'cuatro frugales', porque no tenían otra alternativa. Mário Centeno, el ministro de finanzas portugués y actual Sr. Euro, negoció un compromiso nocturno. "Al final del día, o debería decir, al final del tercer día", anunció, "lo más importante es que estemos a la altura del desafío".

Pero el 'compromiso' alcanzado no es suficiente para ayudar al capitalismo italiano a salir de su crisis. Los ministros de finanzas acordaron un paquete de 500 mil millones de euros para aliviar la crisis. Se establecerá una línea de crédito del MEDE (hasta 240 mil millones de euros), que, aunque solo está sujeta a condiciones menores, se limitará a cubrir los costes de sanidad "directos e indirectos". Pero esta línea de crédito probablemente no será utilizada por Italia, que ya soporta una deuda del sector público altísima (solo superada por Grecia).

Habrá un programa de la UE para otorgar préstamos baratos a los estados miembros sin condiciones para apoyar la reducción de las horas de trabajo, que se llama SURE (Apoyo para mitigar los riesgos de desempleo en una emergencia). Esto permitirá a la UE obtener préstamos en los mercados y transferir los fondos a los estados miembros. Pero es solo una medida a corto plazo. Además, habrá garantías de préstamos del Banco Europeo de Inversiones para las empresas.

El BCE, por su parte, está comprando bonos públicos a gran escala con el PEPP ("Programa de compra de la emergencia pandémica"). El programa PEPP está permitiendo que el gobierno italiano pueda continuar financiándose a muy bajo coste durante la crisis del coronavirus.

Pero todas estas son medidas a corto plazo o dejan a Italia sepultada bajo más deuda. Grecia recibió el mismo tratamiento en la crisis del euro y ahora tiene tanta deuda que no podrá pagarla en este siglo, mientras el interés de esa deuda se come los ingresos fiscales disponibles, imprescindibles para proporcionar servicios públicos e inversiones.

El presidente francés, Macron, ha lamentado la decisión de los ministros de Finanzas del Euro. Advirtió que la UE corría peligro de desmoronarse a menos que adoptase la 'solidaridad financiera'. Su solución ha sido un fondo conjunto de recuperación del virus que "podría emitir deuda común con una garantía común" para financiar a los estados miembros de acuerdo con sus necesidades en lugar del tamaño de sus economías. "No se puede tener un mercado único donde solo se sacrifiquen algunos", agregó. “Ya no es posible. . . un financiamiento que no esté mutualizado para abordar el gasto que necesitamos en la batalla contra el Covid-19 y para la recuperación económica”. Sí, sabe que va "contra todos los dogmas, pero así son las cosas". Se refería a las principales medidas de austeridad neoclásicas.

Macron recordó el "error colosal y fatal" de Francia al exigir reparaciones a Alemania después de la primera guerra mundial, lo que desencadenó una reacción populista alemana y el desastre posterior. "Es el error que no cometimos al final de la Segunda Guerra Mundial", añadió. “El Plan Marshall, la gente todavía habla de eso hoy. . . Lo llamamos 'dinero helicóptero' y decimos 'debemos olvidar el pasado, comenzar de nuevo y mirar hacia el futuro' ”.

Macron se hacía eco de las conocidas críticas de John Maynard Keynes a la imposición de reparaciones por Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos a Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Keynes pidió un “Esquema para la rehabilitación del crédito europeo” con el que Alemania emitiría bonos y las antiguas naciones enemigas garantizarían los bonos alemanes de manera solidaria, en ciertas proporciones. Esta solución keynesiana es, en esencia, lo que se propone ahora con los coronabonos de la UE, que sean financiados y garantizados por todos los Estados miembros.

Pero incluso si se crearan los coronabonos, ¿sería suficiente o incluso la "solución" correcta para la caída masiva que está afectando a Italia y a todos los estados más débiles de la UE? Como comentó el "populista" italiano de derechas Matteo Salvini: "No confío en los préstamos provenientes de la UE. No quiero pedir dinero a los prestamistas en Berlín o Bruselas ... Italia ha dado y continúa dando miles de millones de euros cada año a la UE y merece todo el apoyo necesario, pero no a través de mecanismos perversos que hipotecarían el futuro del país”.

Italia tiene una enorme deuda del sector público, no porque el gobierno haya despilfarrado a espuertas. Por el contrario, el gobierno ha aplicado una austeridad permanente, ¡ejecutando superávit anuales de los ingresos fiscales sobre el gasto (excluyendo los intereses de la deuda) durante 24 de los últimos 25 años!

Esa austeridad ha implicado el deterioro de los servicios públicos, la degradación del sistema sanitario que ha dificultado hacer frente a la pandemia y ha agravado el pobrísimo crecimiento de la productividad y la inversión durante más de dos décadas. Como resultado, el esfuerzo del gobierno italiano en la pandemia será mínimo. El impulso fiscal inmediato en Alemania (en forma de gasto público adicional en equipos médicos, trabajo a corto plazo, subsidios para pequeñas y medianas empresas, etc.) representa alrededor del 7% del PIB en 2020, en comparación con solo 0.9 % en Italia.

La economía italiana ha estado en crisis permanente, pero los efectos económicos negativos del choque del coronavirus han sido devastadores. Italia no podrá sola volver a relanzar su economía después del cierre por la pandemia. Según las últimas estimaciones del FMI, ningún país en Europa tendrá mayores necesidades de financiamiento bruto (deuda madura y déficit presupuestario) que Italia.

Los coronabonos podrían ayudar a mantener a flote las finanzas de Italia durante el período de la crisis, pero no sirven para restaurar la economía, el empleo y la inversión. Después de la crisis, la deuda pública de Italia superará el 130% del PIB actual. El FMI espera que el superávit primario anual de las finanzas públicas se transforme en un déficit del 5% del PIB, mientras que la deuda aumente hasta el 155% del PIB. Por eso el interés exigido por aquellos dispuestos a comprar bonos del gobierno italiano ha aumentado, especialmente en relación con Alemania, donde el interés es en la práctica negativo.

La realidad es que el capitalismo italiano (como en Grecia) es demasiado débil para cambiar las cosas.

Volveré después a la interminable tragedia de Grecia y sus perspectivas en la crisis del Covid-19. Pero, ¿por qué el capitalismo italiano es tan débil? Y más aún, ¿por qué la participación de Italia en la Eurozona no ha fortalecido la economía italiana? La respuesta está en la naturaleza de la acumulación capitalista. Unificar varios estados nacionales en una sola unidad fiscal y monetaria plantea grandes problemas para el capitalismo. Históricamente, solo se ha logrado mediante la conquista militar o la guerra civil (la unión federal de los EEUU se logró de esa manera, mediante la derrota militar de los estados del sur).

El capitalismo es un sistema económico que combina trabajo y capital, pero de manera desigual. Las fuerzas centrípetas de la acumulación y el comercio combinadas son a menudo más que contrarrestadas por las fuerzas centrífugas del desarrollo y los flujos desiguales de valor. No hay una tendencia al equilibrio en los ciclos del comercio y la producción bajo el capitalismo. Por lo tanto, los ajustes fiscales, salariales o de precios no restablecerán el equilibrio y, de todos modos, puede ser tan grande que sean socialmente imposibles sin romper la unión monetaria.

Cuando se ideó el euro, el objetivo era lograr una mayor convergencia e integración de los estados de la UE mediante la unión monetaria. Pero los líderes de la UE establecieron criterios de convergencia para unirse al euro que eran solo monetarios (tasas de interés e inflación) y fiscales (déficit presupuestarios y deuda). No hubo criterios de convergencia para los niveles de productividad, crecimiento del PIB, inversión o empleo. ¿Por qué? Porque esas eran áreas para la libre circulación de capital (y la mano de obra) y la producción capitalista debía mantenerse libre de interferencia o dirección por parte del estado. Después de todo, el proyecto de la UE es un proyecto capitalista.

Como he explicado en artículos anteriores, la teoría marxista del comercio internacional se basa en la ley del valor. En la zona euro, Alemania tiene una composición orgánica de capital (COC) más alta que Italia, porque es tecnológicamente más avanzada. Por lo tanto, en cualquier comercio entre los dos, el valor se transferirá de Italia a Alemania. Italia podría compensar esto aumentando el volumen de su producción / exportaciones a Alemania hasta tener un superávit comercial con Alemania. Esto es lo que hace China. Pero Italia no es lo suficientemente grande como para poder hacerlo. Por lo tanto, transfiere valor a Alemania y mantiene un déficit en su comercio total con Alemania.

En esta situación, Alemania gana dentro de la zona euro a expensas de Italia. Todos los restantes estados miembros de la eurozona no pueden ampliar su producción para superar a Alemania, por lo que el intercambio desigual se agrava en la Unión Monetaria Europea (UME). Además de esto, Alemania tiene un superávit comercial con otros estados fuera de la UME, que puede utilizar para invertir más capital en el extranjero en los países con déficit de la UME.

Esto explica por qué los países centrales de la UME se han distanciado de la periferia desde la formación de la Eurozona. Con una moneda única, se han patentes los diferenciales de valor entre los estados más débiles (con una COC más baja) y los más fuertes (COC más alta), sin la opción de compensarlo con la devaluación de la moneda nacional o aumentando la producción en general. Por lo tanto, las economías capitalistas más débiles (en el sur de Europa) dentro de la zona euro perdieron terreno frente a las más fuertes (en el norte).

El capital franco-alemán se expandió hacia el sur y el este para aprovechar la mano de obra barata existente, mientras exportaba fuera de la zona euro con una moneda relativamente competitiva. Los estados más débiles de la UME acumularon déficits comerciales con los estados del norte y fueron inundados por capital del norte que impulso auges inmobiliarios y financieros desproporcionados con el crecimiento de los sectores productivos del sur. Por lo tanto, la rentabilidad alemana ha aumentado con el euro, mientras que en Francia y la periferia ha disminuido.

Un artículo reciente confirma esta explicación de por qué hay divergencia, no convergencia, dentro de la zona euro.

"El crecimiento impulsado por las exportaciones en los países centrales y el crecimiento impulsado por la deuda en la periferia de la Eurozona se remontan a las diferencias en las capacidades tecnológicas y el resultado de las empresas ... la divergencia macroeconómica entre los países centrales y periféricos se debe a la coexistencia de dos diferentes trayectorias de crecimiento (modelos orientados a la exportación versus modelos impulsados ​​por la demanda), que se pueden rastrear hasta una 'polarización estructural' en términos de capacidades tecnológicas ”.

Los autores concluyen que “considerando el papel central de la capacidad tecnológica para la evaluación de los desarrollos económicos (futuros), nuestros resultados sugieren que no se puede esperar que se materialice un proceso de convergencia natural en la zona euro. También es evidente que el enfoque único de consolidación fiscal en los países de la periferia en crisis desde 2010 estaba destinado a fracasar espectacularmente ... La austeridad fiscal es un obstáculo para la recuperación de sectores productivos fuertes en la Eurozona. Dado que la polarización estructural alimenta la divergencia macroeconómica, es de esperar que la Eurozona se desintegre eventualmente, si el 'bloqueo' de la especialización industrial entre los países centrales y de la periferia no se rompe con intervenciones políticas específicas”.

La economía italiana tiene un sector bancario en crisis, que es demasiado grande, tiene muchos préstamos incobrables y ha costado a los contribuyentes muchos miles de millones en los últimos años como resultado de repetidos rescates estatales. Hay también un débil crecimiento de la productividad y un empeoramiento de la polarización entre el norte y el sur de Italia. La Eurozona, lejos de brindar nuevas oportunidades para que el capital italiano se expanda, ha mantenido a la economía italiana en una crisis latente casi permanente. Mientras que la economía alemana creció un promedio del 2,0% en términos reales y la zona euro un 1,4% anual durante 2010-2019, el crecimiento del PIB real en Italia fue solo del 0,2% en el mismo período.

Mientras que el PIB per cápita (en paridades de poder adquisitivo) en Italia en 1999 todavía estaba alrededor de € 1000 por encima del promedio de la zona del euro, 20 años después, justo antes de que comenzara la crisis del coronavirus, había caído casi € 4000 por debajo del promedio de la zona del euro. Alemania, por otro lado, donde los ingresos per cápita ya eran ligeramente más altos que en Italia cuando se unió al euro, continuó distanciándose durante el mismo período, lo que resultó en una brecha per cápita creciente del PIB. Italia ya había perdido dos décadas en su desarrollo económico antes de la crisis del coronavirus.

De hecho, los coronabonos mutualizados, tan defendidos por los keynesianos y post-keynesianos, son una respuesta patética a esta crisis. Lo que se necesita es un aumento masivo del presupuesto de la UE, pasando de la cifra ridículamente baja del 1% del PIB de la UE al 20%, junto con reformas fiscales armonizadas para poner fin a la 'carrera hacia el fondo' en la tributación de las empresas, que lidera Irlanda. Dicho presupuesto podría comenzar a planificar inversiones, empleo y servicios públicos a gran escala para beneficiar a todos en la UE. Sería necesario financiar un plan Marshall para Europa, como dice Macron, pero haciéndose con el control de los inútiles grandes bancos de la UE, así como convirtiendo en propiedad pública los principales sectores de la industria productiva. Entonces se podrían establecer las bases para unos verdaderos Estados Unidos de Europa, en los que la periferia pueda crecer con la ayuda del centro.

Sin eso, la pandemia de coronavirus tiene el potencial de causar una ruptura irrevocable de la unión monetaria existente . Los países centrales de la zona euro no están dispuestos a lograr una unión fiscal plena y la redistribución de recursos para aumentar la productividad y el empleo en la periferia. De todos modos, un desarrollo pleno y armonioso que conduzca a la convergencia no es posible bajo el modo de producción capitalista. Por el contrario, la experiencia de la UME ha alimentado la divergencia.

Es posible que los pueblos del sur de Europa tengan que soportar aún más años de austeridad para pagar la deuda con el norte. Aun así, el futuro del euro probablemente será decidido, no por los populistas en los estados más débiles, sino por la opinión mayoritaria de los estrategas del capital en las economías más fuertes. Los gobiernos del norte de Europa eventualmente pueden decidir deshacerse de Italia, España, Grecia, etc. y formar un fuerte 'NorEuro' alrededor de Alemania, Austria, Benelux y Polonia. No es de extrañar que Macron esté seriamente preocupado.

La tragedia griega: tercer acto

Mucho se ha hablado sobre el impacto de la crisis en economías relativamente grandes como Italia y España. Pero se habla menos sobre el país que fue aplastado por la Gran Recesión, la crisis de la deuda del euro y los planes de la Troika (la UE, el BCE y el FMI): Grecia.

Seguí el drama griego en una docena de artículos desde 2012 (ver archivo histórico). Ahora la tragedia de Grecia se ha convertido en un drama en tres actos. El primero fue el colapso financiero global y la recesión consecuente que reveló las debilidades del llamado boom de los primeros años de la incorporación de Grecia a la Eurozona. El segundo fue el terrible período de austeridad impuesto por la Troika ante la que el gobierno de izquierda de Syriza capituló, a pesar del resultado del referéndum en el que el pueblo griego rechazó las medidas draconianas de la Troika.

Desde entonces, la economía capitalista griega ha luchado por recuperarse. En 2017 terminó la depresión profunda y hubo un crecimiento limitado. Pero el PIB real todavía es un 25% inferior al de 2010. Y el crecimiento real del PIB comenzó a desacelerarse de nuevo (como en muchos países) justo antes de la pandemia. La inversión productiva ha sido plana los últimos siete años, mientras que el empleo se ha reducido un tercio porque muchos griegos educados (medio millón) han emigrado para encontrar trabajo fuera. Gran parte del sector capitalista se encuentra en estado zombie: más de un tercio de los préstamos otorgados por bancos griegos están siendo devueltos y los bancos griegos tienen el nivel más alto de préstamos morosos en Europa

Sobre todo, el capital griego ha experimentado una rentabilidad baja y en declive. Según Penn World Tables, la tasa interna de rendimiento cayó un 23% entre 1997 y 2012. Desde entonces hasta 2017, se recuperó solo un 14%. Pero en 2017, la rentabilidad seguía siendo un 12% inferior a la de 1997. Desde 2017, según los datos de AMECO, la rentabilidad mejoró, pero aún es un 10% inferior al nivel anterior a la crisis de 2007.

Pero la tragedia de Grecia está ya en su tercer acto con la pandemia. La economía mundial ha entrado en una crisis de producción, inversión comercial y empleo que superará a la Gran Recesión de 2008-9, la crisis mas profunda desde la década de 1930. Y Grecia está justo en la línea de fuego. Alrededor del 25% de su economía depende del turismo y está siendo diezmado.

Y la situación financiera del gobierno no le permite gastar para salvar a la industria, el empleo y los ingresos. Durante años, bajo la imposición de la Troika primero, y luego de la UE, los gobiernos griegos se vieron obligados a alcanzar grandes excedentes primarios en sus presupuestos. En otras palabras, el gobierno debe gravar fiscalmente a la gente mucho más que lo que gasta en servicios públicos.

La diferencia se ha utilizado para pagar la creciente carga de intereses de nivel astronómico de la deuda pública. Cada año, el 3,6% del PIB es para pagar los intereses de la deuda pública que ha continuado aumentando hasta el 180% del PIB.

La crisis reducirá ahora el PIB real en un 10% según el FMI y el nivel de deuda crecerá al 200% del PIB. Este año, las necesidades financieras brutas del gobierno griego alcanzarán el 25% del PIB (es decir, el déficit presupuestario y el vencimiento de los pagos de la deuda). A menos que haya apoyo fiscal del resto de la UE, el pueblo griego se verá inmerso en otra larga ronda de austeridad una vez que termine el cierre por la pandemia.

Y hay pocas señales de que Grecia obtenga más ayuda de la que recibió en el segundo acto de esta tragedia, excepto para acumular aún más deuda.

La incapacidad de los líderes de la UE para proporcionar apoyo fiscal produjo una reacción frustrada del ex ministro de finanzas de Syriza y economista 'rockstar' Yanis Varoufakis. Elegido recientemente diputado, Varoufakis tomó nota de la reacción de los líderes de la UE ante la difícil situación de Italia y Grecia. Piensa que “la desintegración de la eurozona ha comenzado. La austeridad será peor que en 2011″. Como argumentó en 2015 durante la crisis de la deuda griega, los estados del norte deberían tener "sentido común", porque les interesa ayudar a países como Italia y Grecia para salvar el euro. Pero si no lo hacen, Varoufakis cree que "el euro será un proyecto fallido" y todo su trabajo para salvar a Grecia y mantenerla en el euro no habrá servido para nada.

En 2015, Varoufakis, que se autodenomina un "marxista errático", intentó, siendo ministro de finanzas de Syriza, persuadir a los líderes del euro de la necesidad de unidad. Había defendido que la larga depresión de los últimos diez años "no era el mejor ambiente para políticas socialistas radicales". En cambio, "el deber histórico de la izquierda es, en esta coyuntura particular, estabilizar el capitalismo; salvar al capitalismo europeo de sí mismo y de los perturbados gestores de la inevitable crisis de la Eurozona". Apuntó que "no estamos preparados para superar el colapso del capitalismo europeo con un sistema socialista que funcione". Su solución en ese momento era "trabajar por una coalición amplia, incluso con las derechas, cuyo propósito debería ser superar la crisis de la Eurozona y estabilizar la Unión Europea ... Irónicamente, aquellos de nosotros que despreciamos la Eurozona tenemos la obligación moral de salvarla!”

En 2015, el papel de Tsipras y de Syriza fue aún peor. Estoy criticando a Varoufakis porque, desde la lealtad al marxismo, se opuso a la capitulación de Syriza en el segundo acto. Pero en sus memorias,Comportarse como adultos: mi batalla contra el establishment europeo, que cubren el período de sus negociaciones con las derechas de la UE, Varoufakis revela que hizo todo lo posible para llegar a un acuerdo con la Troika que no hundiera a Grecia en la penuria permanente. Pero fracasó.

En un nuevo libro, Capitulación entre adultos, Eric Toussaint, expone mordazmente el enfoque equivocado del "marxista errático". Toussaint, que era entonces consultor sobre deuda del parlamento griego, argumenta que había una política alternativa que Syriza y Varoufakis podrían haber adoptado.

En una entrevista reciente, Varoufakis formuló la pregunta "¿qué habría hecho de manera diferente con la información que tenía en ese momento? Creo que debería haber sido mucho menos conciliador con la troika. Debería haber sido mucho más duro. No debería haber buscado un acuerdo provisional. Debería haberles dado un ultimátum: o reestructuración de la deuda, o salimos del euro hoy".

Demasiado tarde para ese cambio de opinión. Porque el tercer acto de la tragedia ha comenzado.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:https://thenextrecession.wordpress.com Traducción: G. Buster

https://www.sinpermiso.info/textos/el-consejo-europeo-y-la-crisis-del-coronavirus
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