Corona-crisis: la izquierda europea ausente

En Europa la llamada izquierda radical es una sombra de sí misma después del fiasco de Grecia

 

Dimitris Konstantakopoulos, periodista griego director de la revista Utopía Crítica

La humanidad se enfrenta a una de las crisis más graves y complejas de su historia. No es sólo una crisis sanitaria, sino también económica, ecológica y geopolítica. En Europa, está abriendo un nuevo capítulo en la profunda y potencialmente terminal crisis de la Unión Europea. Sin embargo, nadie en Europa ni en ningún otro lugar del mundo (o para ser exactos, muy pocas personas y fuerzas) parece ser capaz de formular ninguna idea sensata sobre qué hacer cuando se enfrenta a un desafío tan monumental (la única excepción es la tendencia neo-totalitaria del capitalismo y el imperialismo occidentales).

Los «globalizadores neoliberales» no quieren cambiar nada en el sistema. El hecho de que hayan propuesto a Joe Biden como candidato presidencial de los EE.UU. es prueba más que suficiente de que no tienen nada que proponer. Quieren volver a poner su máquina rota a trabajar una vez más, cambiando lo menos posible. Sin embargo, incluso si consiguen que el sistema funcione, sólo funcionará hasta la próxima crisis, y la próxima crisis será mucho más grave y difícil que la del coronavirus.

El actual orden económico, social, internacional y ecológico es imposible de sostener, no es viable a medio plazo y, en última instancia, plantea el peligro muy real de la extinción de la vida humana.

La otra facción supuestamente anti-globalización dentro del sistema capitalista dominante – imperialista es Pompeo, Thiel y Netanyahu. Esta facción influye prácticamente en las políticas de Trump en todos los frentes principales (Irán, China, el clima). No sabemos si el Presidente de los EEUU es realmente consciente de las implicaciones de sus políticas, pero eso no es importante. Como ya sabemos- por la antigua tragedia griega – a veces uno puede ser efectivo cuando no es totalmente consciente de sus acciones.

No puede haber ninguna duda seria de que esta facción quiere sustituir el actual orden mundial de globalización neoliberal por una especie de capitalismo fascista y neo-feudal sui generis y por las políticas de Guerra generalizada (contra China, contra el Islam, contra las clases populares occidentales, contra lo que queda de democracia, contra el clima).

Con las tecnologías presentes en nuestro mundo, el ascenso de esta facción al poder en la cima del mundo occidental aumentará la probabilidad del fin no de la civilización, sino de toda la vida en la Tierra de manera exponencial.  Es tan simple como eso.

Esta segunda facción está tratando de fingir que son amigos de Rusia y explotan varias necesidades de las elites post-soviéticas. No son ni pueden ser amigos de Rusia. Son amigos de Rusia tanto como Hitler o Thatcher y Reagan fueron amigos de Stalin y Gorbachov respectivamente. Por la lógica interna de su gestión, son decididamente hostiles a cualquier entidad con el grado de autonomía y de poder de Rusia.

A la larga pueden aceptar a Rusia sólo como un estado vasallo, como lo fue bajo Yeltsin. Les gustaría disolver Rusia a entidades más pequeñas, como describe Brzezinski en su famoso libro «El Gran Tablero de Ajedrez». Pero saben muy bien por la historia que un ataque frontal a Rusia es imposible. Pueden llegar a derrotar a Rusia sólo fingiendo ser sus amigos. Este método casi tuvo éxito en 1941 dejando a la URSS sin preparación para enfrentar el ataque de Hitler, y tuvo éxito en 1985-91.

En teoría, la actual situación mundial sería una enorme oportunidad para una auténtica izquierda, para cualquier fuerza política que no esté controlada por las finanzas mundiales, para una seria salida social, antiimperialista (multipolar) y ecológica del estancamiento.  Cuando el bloqueo termine, lo más probable es que veamos un enorme auge de la lucha de clases, dada la ofensiva – que está provocando la crisis – contra las clases populares de todo el mundo.

Al menos en el sur de Europa –  incluida Francia-  este enfrentamiento de clases parece inevitable, por otro lado – y echando leña al fuego- las contradicciones entre los Estados miembros de la UE se verán exacerbadas.

Sin embargo, lamentablemente, hasta ahora no vemos la aparición de nada serio, y si vemos algunos movimientos de izquierda tratando de dar forma a una respuesta, es principalmente en los países del Sur global,  en América Latina y África

En Europa no se mueve nada, la llamada izquierda radical es una sombra de sí misma después del fiasco griego de 2015. A pesar de su retórica, la mayoría de las organizaciones de la izquierda radical en Europa son más bien fuerzas conservadoras sui generis de la socialdemocracia. De hecho, algo más profundo está sucediendo y no hay respuestas adecuadas. La crisis de la izquierda es un reflejo de la crisis de la civilización europea.

https://observatoriocrisis.com/2020/04/30/corona-crisis-la-izquierda-europea-ausente/

Top