Ventanas y pareceres (Relatos breves)

Jamás nacionalizan, expropian, condenan al imperialismo. Nunca una reforma agraria pero sí dinero público a la banca, envían tropas de ocupación y llaman terroristas a grupos de liberación

inSurGente. “Jamás han nacionalizado, ni expropiado, ni condenado al imperialismo. Nunca han hecho reforma agraria, ni ofendido a los poderosos. Muy por el contrario, han dado dinero público para que la banca privada no quiebre, han enviado tropas de ocupación a proteger intereses espurios, han llamado terroristas a grupos de liberación, han retirado de su lenguaje las palabras “burguesía”, “revolución”, y de la historia, la lucha de clases. Se han abrazado y sonreído con genocidas vestidos de presidentes de EE.UU. Pero... siguen llamándose “izquierda” o, al menos, progresistas. Ocupan ese espacio que no les corresponde para taponar luchas y cambios. Pese a lo escandaloso de la mentira, hay gente que les cree y que incluso repite que la izquierda posible debe ser ahora otra cosa, alejada de conflictos y algaradas, una cosa mucho más pragmática, moderna y realista. Y así siguen, ejecutando esas cosas que se parecen tanto a las cosas que hace la llamada derecha. El punto uno de su ideario es que no se pueden fundir con la derecha en una sola cosa porque sino el teatro se les viene abajo”.


I
Tarjetas de paz

Me remiten publicidad para que solicite una tarjeta de crédito. Al parecer, tiene un sin fin de ventajas para navegar sobre la crisis. Lo explican en dos hojas bien nutridas de letras chicas. De todos modos, llama la atención que el seguro que protege al usuario de la tarjeta, tenga algunas excepciones. Así, en el caso de que al propietario del plástico crediticio, le sobrevenga una incapacidad permanente absoluta, la póliza no le cubrirá si ello es por consecuencia de “guerra, revoluciones y terrorismo” (sic). “Revoluciones” así, en plural, para que digan que a la gran banca les falta optimismo. No aclaran, sin embargo, la naturaleza del terrorismo, si es del Estado no está tipificado qué se haría, ni tampoco con guerras que oficialmente no lo son, como es el caso de la ocupación de Afganistán. Los soldados pueden llevarse la tarjeta a Kandahar y Kabúl con toda tranquilidad.

II
Decreto

Decreto. Si la situación económica lo tiene a usted irritado, nervioso, preocupado, angustiado, triste, le pedimos que canalice su ira en una cancha de fútbol, de basquetbol, en la salida de una discoteca, con el vecino o con alguna droga al uso. Queda prohibido hacerlo de un modo organizado, junto a otra persona que este igual a usted y mucho menos por vías políticas o similares.

III
Ustedes también los conocen

Los diputados y diputadas del sistema capitalista que nos gobierna, ostentan records absolutos de absentismo laboral. La prensa, incluso la más proclive a defenderlos porque les va en ello su negocio, explica que el tema tiene su importancia, porque el ejemplo de ver las cámaras desiertas en lo que debería ser un día de trabajo, resulta poco edificante para el resto de la sociedad. Al político profesional lo único que le interesa es que el espléndido salario que cobra, aparezca en su cuenta bancaria cada comienzo de mes. La pasividad social, el antídoto contra la rebeldía infringido a la población, opera con eficacia y los deja –de momento- vivir tranquilos. Les consta que son otra casta, una clase que se pavonea, sonríe y festeja en fiestas y restaurantes de lujo, sabedores que en unos meses el teatro de la campaña electoral con las consabidas promesas de los malos y menos malos, se pone en marcha y embauca con terrible eficacia. Nadie lee programas, pocos se fían de ellos, pero ahí están. La gente se acostumbró a pensar que no son los responsables de su realidad precaria, y mucho menos de su futuro negro. Por eso, al final, siempre aparecen los votos. A sus señorías es lo único que les importa. Ellos manejan el miedo con especial maestría, les va en ello su status.


IV
Cuidadores de imagen

La dirección del supermercado ha dado órdenes estrictas a los empleados de todos sus establecimientos: la comida que se tire cada noche debe ser rociada con hipoclorito sódico o amoniaco. Se trata que las personas que esperan agazapadas en las esquinas a que se saquen los contenedores de basura para precipitarse hacia ellos, no puedan hacerse con alimento alguno. Un alto ejecutivo de la empresa debió ver las imágenes de cientos de hambrientos disputando por la comida, y le pareció que afeaba la imagen de la compañía y, de paso, la de esta lustrosa democracia occidental, donde oficialmente no se pasa hambre. Para que la medida sonara más suave, argumentó que un grupo de pobres se había intoxicado comiendo de los despojos, y que encima le habían puesto una denuncia a la empresa. Hasta ahí podíamos llegar, dice el escrito firmado y sellado.

V
Cosas

Jamás han nacionalizado, ni expropiado, ni condenado al imperialismo. Nunca han hecho reforma agraria, ni ofendido a los poderosos. Muy por el contrario, han dado dinero público para que la banca privada no quiebre, han enviado tropas de ocupación a proteger intereses espurios, han llamado terroristas a grupos de liberación, han retirado de su lenguaje las palabras “burguesía”, “revolución”, y de la historia, la lucha de clases. Se han abrazado y sonreído con genocidas vestidos de presidentes de EE.UU. Pero... siguen llamándose “izquierda” o, al menos, progresistas. Ocupan ese espacio que no les corresponde para taponar luchas y cambios. Pese a lo escandaloso de la mentira, hay gente que les cree y que incluso repite que la izquierda posible debe ser ahora otra cosa, alejada de conflictos y algaradas, una cosa mucho más pragmática, moderna y realista. Y así siguen, ejecutando esas cosas que se parecen tanto a las cosas que hace la llamada derecha. El punto uno de su ideario es que no se pueden fundir con la derecha en una sola cosa porque sino el teatro se les viene abajo.

VI
Sin conciencia de clase no son nada

En algunos lugares, la clase obrera no pasa por su mejor momento ideológico. El trabajo cotidiano de sindicalistas succionados por el sistema, ha conseguido logros trascendentes, como que al anuncio de despidos, cierres de empresas o deslocalizaciones, no sean pocos los trabajadores que acudan presurosos a averiguar qué hay de lo suyo, a ver si esta vez sí pueden pre-jubilarse o al menos cobrar una cantidad de dinero que los salve de la quema. Arriaron banderas y con ellas toda memoria de lucha y solidaridad. El capital los observa con una sonrisa por participar en un guión perfectamente escrito por los de siempre. Sus hijos, sus nietos, aún no saben nada de esta traición.

VII
Hobby y más

Un amigo me envía un correo donde manifiesta su indignación absoluta, pero también una incomprensión total por la noticia de que miles de jóvenes hacen colas, incluso de hasta varios días, para comprar un videojuego que acaba de salir al mercado. Argumenta que con lo que cuesta movilizar a los jóvenes contra el desempleo, por una vivienda digna, contra la corrupción de la clase política, para impedir que los gobiernos den dinero a los banqueros.... que haya esta movilización... en fin, que dice que no sólo retrata una época sino que describe una derrota. Olvida mi amigo que se trata de una nueva versión del videojuego de rol World of Warcraft, titulada “La cólera del Rey Lich”. Se hubiera quedado más tranquilo.

VIII
Cinco desgracias

La primera desgracia fue llegar aquella mañana a trabajar y encontrarse a un buen número de compañeros cabizbajos, diciendo entre susurros que la empresa cierra, que se va con toda la maquinaria del país.
La segunda desgracia fue recordar inmediatamente que su pareja también es trabajador de la empresa, y que mil veces habían hablado que como fallara algún sueldo sería imposible soportar los gastos de la casa, de la comida, de la ropa... .
La tercera desgracia fue digerir el disgusto cuando a los dos días el rumor se convirtió en certeza y, efectivamente, los dos estaban en la calle buscando con desesperación un empleo.
La cuarta desgracia fue la hemorragia que llegó por la noche después de un día insoportable de dolor y la pérdida del niño tan buscado.
La quinta desgracia fue ver en televisión a los ministros de Economía y de Trabajo sonriendo porque, al parecer, el IPC fue 0,03 por ciento mejor que en el mismo mes del año pasado.

IX

Inquisidores

Llegó al pueblo para ocupar el lugar del párroco fallecido cuatro meses atrás. Desde el primer momento, su juventud fue observada con desconfianza por unos fieles que, en su mayoría, superaban los cincuenta años. El contacto con los niños que iban a hacer su primera comunión, le arrojó un resultado desalentador, ninguno tenía una idea siquiera aproximada de lo que significaba ese acto cristiano. Por ello, tomó la decisión de dejar pasar un año para preparar con más intensidad y sosiego a sus pupilos en la catequesis y así fue comunicado a padres y superiores. El sacerdote no tardó ni dos horas en ser visitado por los familiares de los niños afectados, que manifestaron su enojo y descontento, incluso de un modo aireado. La noticia volaba por bares, almacenes y peluquerías, donde fue tratado de hereje, comunista y ateo. Y eso no fue nada con la que le cayó luego, porque una comisión de empresarios, dueños de tiendas donde se vende ropa de comunión, tarjetas de invitación y recuerdo, regalos, y hosteleros de locales donde se celebran las comidas del festejo, se presentaron para espetarle en la cara que si su pretensión era destrozar la economía del pueblo, los iba a tener enfrente, que quién carajo se creía que era, que ellos tenían amigos muy poderosos en el obispado y hasta en Roma. Hubo comuniones.

X
Reclamos

Cada día llega al mismo portón de un edificio ubicado en un elegante barrio de la clase media alta de la ciudad. Se sienta, abre un libro y así hasta las seis de la tarde que vuelve a su casa. Los sábados el horario es de 10 a 14, y los domingos descansa. Desde hace unas semanas ha colocado un prolijo cartel a modo de reclamo, donde se lee: “Leo por usted. Si su vida estresante no le permite leer por falta de tiempo, no se preocupe, yo lo hago por usted. Necesito una moneda para continuar con el oficio. Gracias”. Apenas doscientos metros más al sur, donde el barrio da el testigo a otro menos potentado, una mujer pobre entre las pobres también pide. En un cartón modesto ha escrito: “Pido para vino. No miento.”

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